La muerte de un viejo comunista

El viernes 25 de septiembre, más o menos a las 2 de la madrugada, falleció mi papá.

Un día su doctora nos llamó a mi hermano y a mí a que lo acompañáramos a su consulta médica, donde nos dijo a los tres que mi papá tenía leucemia y que aunque podía tratarse, por la edad y condición de mi papá, básicamente era imposible que se curara, que sólo íbamos a extender su vida un tiempo.

La doctora tenía la expectativa de que mi papá durara unos meses más; terminó combatiendo al cáncer durante casi un año.

Durante ese año mi hermano y yo nos alternamos haciéndonos cargo de mi papá; organizándole quien lo ayudara cuando nostros no pudiéramos; llevándolo a sus sesiones de quimioterapia; acompañándolo en las noches del hospital; donando sangre; y un largo etcétera.

Dentro de lo admisiblemente jodido de la situación, yo agradezco mucho este año que pasé con mi papá, porque nos sirvió para irnos despedidiendo de él y poder platicar de las cosas que no se nos había ocurrido tocar antes de que le dieran su diagnóstico.

Yo trataba de quedarme al menos una noche a la semana en cada una de sus rondas de quimioterapia, y en esas noches mi papá y yo platicamos de un montón de cosas, aunque sin duda alguna la política y noticias de ídem dominaron muchas de esas pláticas. Pero también platicamos de su vida, de su obra y de un montón de cosas más que yo no sabía de mi viejo.

Me quedaba en la noche con mi papá no nada más porque era necesario que alguien se quedara; mi trabajo en la universidad me hacía difícil que lo viera entre semana, entonces cuando se quedaba en el hospital trataba de acompañarlo aunque fuera una vez a la semana. Alguna vez traté de hacerlo dos días en la misma semana, pero era muy complicado: era bastante pesado, dado que es básicamente imposible dormir cuando uno está acompañando a un familiar en el hospital. Una noche en el hospital normalmente se traducía en estar como zombi al otro día.

A mi papá le dieron su diagnóstico en el Hospital General en la Delegación Regional Sur de la CDMX, coloquialmente conocido como “el ISSSTE de Tláhuac”, por razones básicamente fortuitas: mi papá tenía originalmente como clínica al ISSSTE Clínica de Medicina Familiar Narvarte, coloquialmente conocido como “el ISSSTE de Narvarte”, pero durante la pandemia dicha clínica se convirtió en hospital COVID, entonces a mi papá (que nunca tuvo COVID) lo mandaron al ISSSTE de Tláhuac a que fuera a sus citas médicas regulares.

Esto fue algo bastante bueno; ahí están los especialistas de cosas de la sangre y además es uno de los hospitales más modernos y cómodos del ISSSTE. Además, los días que me quedaba yo con él regresaba de trabajar en la universidad, dejaba mi carro en mi departamento, y caminaba más o menos medio kilómetro al metro Eje Central, donde me iba directo a la estación Tezonco y ahí tomaba un Uber al ISSSTE de Tláhuac, que siempre me costó alrededor de 60 pesotes.

Me encanta mi Ciudad; la disfruto enormemente manejando en mi carro, pero la volví a disfrutar también tomando de nuevo el metro, como cuando era estudiante. Me tocaba el peor horario, porque me desplazaba del poniente (más bien centro) al oriente en la noche; y me regresaba en la dirección contraria en la mañana. Después de un rato dejé de intentar irme al metro luego luego de que salía del hospital en las mañanas, porque era casi imposible entrar a los vagones; mejor me cruzaba en frente del hospital y desayunaba en uno de los múltiples lugares que hay ahí para comer barato, me echaba unos chilaquiles o algo por el estilo, y para cuando terminaba y me iba para el metro generalmente ya era posible subirse al vagón.

Hacía mucho que no hacía eso, andar en metro; pero me dio mucho gusto volver a convivir con mi gente, la banda chilanga, verlos en general sin meterse los unos con los otros, leyendo, jugando en el celular, echando desmadre en bolas de cuates. Por fin configuré mi celular para tener la tarjeta virtual de Movilidad Integral, y entraba al metro nada más pasando mi celular vía NFC en los torniquetes. La modernidad es increíble, cuando funciona.

Por si no lo sabían, queridos lectores, yo nací en otro hospital del ISSSTE, el Hospital Regional “Lic. Adolfo López Mateos”, coloquialmente conocido simplemente como “el López Mateos”. Y cuando era niño (y estúpido, pero me repito), tendía a descalabrarme la cabeza cada quince días, más o menos; y era justo al López Mateos que me llevaban de urgencias.

Esto no sólo era porque mis papás no podían pagar un hospital privado; era porque el ISSSTE era muy bueno. No perfecto, pero sin duda alguna bueno; y la mayor queja era la que suelen tener todos los servicios de salud públicos del mundo: hay que hacer cola y a veces se tardan mucho en atenderlo a uno.

Conforme fui creciendo el ISSSTE, así como todo el sistema de salud pública de México, fue empeorando más y más; resultado de la política de estado de los gobiernos neoliberales, primero del PRI, que abandonó los pocos principios que tenía (era autoritario y represor; pero al inicio al menos proporcionaba salud y educación gratuitos relativamente decentes) cuando llegaron los estúpidos proponentes del estúpido modelo de “libre mercado”, comenzando con Miguel de la Madrid Hurtado en 1982. Esto continúo, de peor manera todavía, con los gobiernos panistas.

Para finales de los noventas mi mamá había ganado su plaza de profesora investigadora en la UAM Iztapalapa; y con ello además un seguro médico que nos permitió ir a hospitales privados. Por suerte yo ya no era tan idiota como para andarme descalabrando cada quince días, y siempre he sido muy sano, entonces casi nunca fui (creo que fui dos veces). Sin embargo mi papá sí llegó a utilizar ese servicio.

Supongo que sabrán, queridos lectores, que yo soy un verdadero creyente en la cuarta Transformación; lo soy desde antes de que ganara el Peje en 2018, pero mi convicción de que este modelo funciona se reforzó muchísimo más con el proceso que mi papá vivió para tratarse su leucemia.

Con la llegada de la transformación, el gobierno federal, por primera vez en décadas, volvió a hacerse cargo del papel del estado en la salud de su población; más aún por la pandemia, pero era un objetivo que el Peje tenía desde antes de ganar y que Claudia además ha continuado.

Mi papá, jubilado de la UNAM y por lo tanto derechohabiente del ISSSTE, tuvo un trato de primer mundo con sus rondas de quimioterapia. No pagamos ni un solo centavo, por supuesto; pero además el servicio, equipo y trato que tuvo nunca tuvimos razón para quejarnos. Todo lo contrario.

Si mi papá se quejaba de que le dolía el pecho en el hospital, le llevaban la cámara de rayos X y le tomaban radiografías ahí mismo. Le hacían todos los estudios que los médicos consideraban necesarios, que a veces parecían que eran, pues, todos los posibles: de hecho llegó el punto en que nos preocupábamos más de cuánto picoteaban a mi pobre papá. En febrero de este año determinaron que mi papá necesitaba un marcapaso, y aunque sí se discutió si valía o no la pena hacerle la operación (era muy posible que se quedara en la mesa del quirófano), al final sí se lo pusieron.

Yo nada más de chismoso me puse a ver cuánto costaba en Estados Unidos que le pongan a uno un marcapasos, y según Google va de 20,000 a casi 100,000 dólares, incluyendo el aparato, la intervención y el proceso post operatorio. Nosotros no pagamos ni un quinto partido por la mitad.

Cuando comenzó su tratamiento mi papá, una de las cosas que luego luego le detectaron es que estaba oxigenando muy bajo; las enfermeras que contratamos para que nos apoyaran nos dijeron que tal vez no sería mala idea rentar, o incluso comprar, un concentrador. No hubo necesidad; el ISSSTE nos proporcionó un tanque portátil y un concentrador más grande para que pudiera tener oxígeno en su casa. El tanque lo “recargaban”; cada que estaba muy bajo pasaba un camioncito, se llevaba el tanque de ese momento y nos dejaban uno distinto ya cargado.

El que no pagáramos nada justamente hizo posible que contratáramos enfermeras para mi papá; también compramos un baumanómetro para poder medirle su presión sanguínea, y un oxímetro para medirle la saturación de oxígeno. Ambos nos costaron menos de 1,000 pesos.

La doctora de mi papá, para comodidad de él, nos dijo que podíamos hacerle sus biometrías hemáticas en un laboratorio privado, si queríamos evitarnos el traslado al ISSSTE de Tláhuac. Costaban menos de 300 pesos cada una, que hacíamos más o menos una vez al mes en un laboratorio del Chopo que estaba cerca del departamento de mi papá.

Como cuando era niño, el servicio del ISSSTE fue muy bueno, excelente incluso; pero no perfecto. Como yo sí tengo carro, generalmente a mí me tocaba llevar y regresar a mi papá del ISSSTE de Tláhuac; si hubieran podido llevarlo y traerlo en ambulancia hubiera estado increíble, por no mencionar que mi papá vivía en un cuarto piso y conforme cada vez se fue debilitando más el bajar y subir sus escaleras se convirtió en todo un calvario; dos fornidos enfermeros que nos ayudaran se hubieran agradecido mucho. Pero me imagino que eso es tal vez pedir demasiado, tomando en cuenta que debería ser un servicio disponible para todos los posibles pacientes.

Pero que no hubiera sillas de ruedas para dejar a mi papá y su enfermera a la entrada del hospital, y que lo rodaran a la sala de espera mientras le daban cama, es algo que yo no entiendo cómo puede pasar: cómo es posible que no tengan decenas o cientos de sillas de ruedas plegadas en algún almacen, para que siempre haya disponibles cuando un paciente con problemas de movilidad llega y se va. No es como que se echen a perder.

Y otras quejas pequeñas; los guardias a veces se ponían medio payasos (le contrabandeábamos el periódico a mi papá, porque lo siguió leyendo todos los días hasta que ya no pudo hacerlo); y la comida del hospital me imagino era saludable y nutritiva, pero también increíblemente sosa y desabrida.

Mi papá nunca se quejó de cómo lo trataron.

Por julio mi papá tuvo su primera y última ronda de quimioterapia ambulatoria, donde yo durante toda una semana fui por él y lo regresé a su casa el mismo día. Nosotros considerábamos esto una gran ventaja a que se quedara en el hospital, porque mi papá cada vez se ponía peor cuando tenía que quedarse muchos días internado. Sin embargo, sí era muy pesado para él, especialmente por esas escaleras que tenía que bajar y subir.

Mi papá contrajo una infección urinaria al final de esa ronda y tuvieron que internarlo de emergencia; se quedó casi dos semanas en el hospital, y fue en esa estadía que su doctora nos dijo que la quimio le estaba haciendo más mal que bien, como nos había advertido al inicio que pasaría, y nos recomendó que la suspendiéramos. Lo platicamos con mi papá, y como en general siempre hicimos lo que nos recomendaban los doctores, aceptamos su recomendación. También especificamos, con mi papá estando de acuerdo, que no se le reviviera si se le detenía el corazón o que se le entubara si dejaba de respirar, porque probablemente hubiera significado que le rompieran una costilla o que permaneciera entubado hasta el fin de sus días, sin mucho que ganar por ello.

Y pues nos sentamos a esperar que mi papá muriera, tratando de mantenerlo lo más cómodo y tranquilo posible. Mi hermano y yo tratamos de verlo lo más posible; lo fueron a visitar sus hermanos y otros amigos y familiares; mi mamá fue a verlo un par de veces. Mi papá nunca se quejó de ningún dolor; nunca dijo sentirse con náusea. Vamos, nunca se le cayó el cabello ni se le descompuso el estómago, que la doctora había advertido podría ocurrir.

Sólo se fue poniendo cada vez más y más débil; dejó de leer el periódico (pero nunca dejó de escuchar música); cada vez se le hizo más difícil hablar. Poco antes del 15 de septiembre, sus enfermeras nos dijeron que ya estaba muy baja su oxigenación y que probablemente el seguirle dando oxígeno era más tortura que otra cosa, así que le quitamos las puntas y dejamos de darle oxígeno externo.

Su enfermera principal nos dijo que probablemente sería cosa de horas o días para que se nos fuera; así que de nuevo ahí fuimos todos sus familiares, amigos y mi madre a visitarlo… y el viejito se negó a morir en ese semana. Todavía logró platicar con todos los que fueron a verlo.

Mi papá era un toro en su juventud; era capaz de darle la vuelta a una cancha de basquetbol caminando con las manos; podía levantar con una mano a mi mamá (que en esas épocas era muy delgadita); y de la cárcel había aprendido el truco de hacer pesas usando cubetas, llenándolas de cemento y poniendo un tubo de metal entre ambas, y podía levantar una barbarida de kilos. De alguna manera, por más disminuido que estuviera, mi papá siguió mostrando una enorme fortaleza hasta casi el mero final; y un deseo de seguir viviendo indiscutible.

Por el lunes o martes de la semana pasada mi papá casi dejó de comer por completo, y poco después dejó de tomar agua. El viernes a eso de las 2am falleció; sin nunca quejarse de dolor. He oído historias de terror de gente con un dolor indescriptible cuando tiene cáncer; mi papá no pasó por eso.

Pero además, me parece que murió muy tranquilo, muy satisfecho. Sin rencores, sin mayores arrepentimientos, sin sentir que debía o que le debían nada. A lo más me parece que sentía una ligera frustración de no haber llegado a ver el imperio de los gringos desmoronándose por completo; pero como yo mismo no estoy seguro de me toque llegarlo a ver, me parece no es tan grave. Y nada más oír todas las pendejadas que hacía Trump lo divertía bastante.

Mi papá nació en un pequeño pueblo de la costa chica de Guerrero, cercano a Oaxaca, llamado Huajintepec, que pueden imaginar, queridos lectores, como una versión mexicana de Macondo. Su padre murió a unos días de que mi papá hubiera nacido, asesinado; y su madre murió cuando él tenía 13 años, de cáncer. Mi papá se metió a la Escuela Normal cuando terminó la secundaria, porque era básicamente la única opción que alguien como él tenía, y no muy sorprendentemente se radicalizó, porque el PRI estaba justo por entrar a su peor época.

En 1967 mi papá fue arrestado, torturado y encarcelado por el crimen de pensar en que había que hacer una revolución, pasando cinco años en El Palacio Negro de Lecumberri como preso político. Ahí conoció a mi mamá, radicalizada por otra ruta y que iba a Lecumberri a platicar con los veteranos de la movilización de izquierda para ver cómo hacer la revolución. Mi papá más tardó en salir de la cárcel que en casarse con mi mamá.

En 1977 (casualmente el año en que yo nací), el gobierno priista, consciente de que era insostenible la política de represión y guerra sucia que había contra la izquierda nacional, hizo la reforma política-electoral de México de 1977, donde se legitimizó a los partidos de izquierda.

Mi papá ese año viajó a la Unión Soviética, literalmente a ser indoctrinado y estudiar cómo podía la izquierda socialista-comunista tratar se hacerse del poder en México. En lugar de eso, mi papá regresó convencido de que el régimen soviético era insostenible y que iba a caer más temprano que tarde. La invasión soviética a Afganistan en 1979 sólo lo hizo convencerse más de ello.

No fue una revelación genial que mi padre tuviera; en el hospital me contó que todos los que fueron a la Unión Soviética con él llegaron a la misma conclusión; que se confirmó en 1991 cuando se desplomó el Bloque del Este.

Mientras tanto aquí en México, en 1982, Arnoldo Martínez Verdugo fue el primer candidato presidencial legal de la izquierda mexicana, donde perdió en el tercer lugar. Mi papá y mi mamá nos llevaron a mi hermano y a mí al cierre de campaña de ese año en el Zócalo; es de las primeras memorias que tengo.

Cuando en 1987 Cuauhtémoc Cárdenas fundó el Frente Democrático Nacional, fue mi papá el que convenció a mi mamá que debía apoyársele; mi mamá, que había perdido compañeros en las matanzas estudiantiles de 1968 y 1971, le parecía una locura que ahora fueran a apoyar a un priista, cuando se les habían enfrentado toda la vida, pero mi papá sabía que era realmente la única vía con posibilidades de triunfo, especialmente con el bloque socialista de Europa del Este a punto de desmoronarse.

Cárdenas por supuesto “perdió” (gracias a un fraude descarado donde “se cayó el sistema”), quedando en segundo lugar.

Mi padre siempre apoyó al proyecto de izquierda que tuviera más oportunidades de ganar, siempre que mantuvieran sus principios, como justo no hicieron los chuchos con el cadáver podrido del PRD cuando firmaron el Pacto por México de Peña Nieto, hecho que resultó, eventualmente, en que el PRD perdiera su registro hace dos años.

Mi padre era comunista; me contó en el hospital que él sí seguía creyendo que el comunismo era la estrategia correcta, aunque en este momento nadie (o al menos nadie serio) esté realmente abogando por una alternativa comunista. Pero mi papá siempre fue muy racional y lógico, por no decir consecuente; si el comunismo no era posible, entonces algo como lo que ofrece la Transformación es aceptable, al menos por el momento.

Porque el punto no era “ganar” o “tener la razón”; el punto nunca fue que se buscara el poder para detentar el poder. El punto era que hubiera un gobierno que al menos intentara cuidar a su gente, que esa pobreza extrema que existía en lugares como su pueblo se combatiera. Sí, decía él, el comunismo sería mejor opción; pero si no se puede entonces lo que sea, pero que se apoye a los más necesitados.

O en otras palabras, por el bien de todos, primero los pobres.

Mi padre publicó cerca de veinte libros y tiene varios sin publicar, algunos terminados y otros en distintos grados de avance. Sus publicaciones y citas son ligeramente abrumadoras; lo citan en alemán, en árabe, en coreano. Si alguien quiere estudiar el movimiento obrero en México en la segunda mitad del siglo XX, está obligado a leer y citar a mi papá.

Cuando trabajé en el INE, al final de una reunión, un integrante del Comité Técnico un día se me acercó y me preguntó si yo era algo de Gerardo Peláez; mi padre, le dije. Me comentó que él lo había citado en su tesis de posgrado.

Él y un chingo de gente más; mi papá contribuyó enormemente al estudio del movimiento obrero en México, y a muchas otras cosas más.

Ese viernes que murió, en la madrugada, llamé al Velatorio del ISSSTE en Tlalpan, donde me orientaron para poder velar y cremar a mi papá. En un par de horas me habían generado el certificado de defunción, una hora después ya habíamos organizado su velorio en el velatorio; un par de horas después ya estaba la carroza afuera del edificio de departamentos de mi papá para trasladarlo al velatorio.

(Paréntesis: los dos fuertes, si bien no muy jóvenes, trabajadores del ISSSTE que bajaron el cuerpo de mi papá de ese cuarto piso donde vivía, lo hicieron haciendo exactamente las mismas maniobras que he visto hacer a las gentes de mudanzas cuando bajan un sofá; y yo no podía dejar de pensar que si mi papá los hubiera visto, se hubiera muerto de la risa.)

Para el medio día del viernes el cuerpo de mi papá ya estaba embalsamado y en la sala del Velatorio del ISSSTE de Tlalpan; nosotros habíamos citado a todo el mundo que se nos ocurrió citar a las tres de la tarde, entonces yo fui a mi casa a bañarme y cambiarme de ropa, porque no iba a despedirme de los restos mortales de mi padre en pants y tenis.

No sé cómo explicarles, queridos lectores, lo divertido que fue el velorio de mi padre; cuando mi hermano y yo estábamos llenando las formas en el Velatorio del ISSSTE de Tlalpan, nos preguntaron que cuánta gente iría: nosotros dijimos que a lo mejor 40 personas, pero nunca todas juntas al mismo tiempo.

Terminaron yendo cerca de 80 personas; en algún momento estaban llenos todos los sofás que tenía la sala y había un montón de gente de pie y algunos más afuera. Fueron los hermanos, familiares y amigos cercanos de mi papá; fueron los cuates de mi hermano; fueron mis cuates y varios colegas (y alumnos, para mi sorpresa) de la Facultad de Ciencias; fueron compañeros de lucha de toda la vida de la izquierda nacional. Fue por supuesto mi madre, porque mis papás se divorciaron, pero nunca dejamos de ser una familia.

Una de mis ayudantes muy linda me llevó una caja de pañuelos, por si mucha gente estaba llorando. Casi nadie, queridos lectores, estaba llorando, y si lo hacían lo dejaban de hacer casi de inmediato. Era una celebración de la vida de mi padre, que sin lugar a dudas tuvo una influencia muy importante en muchas más personas de las que yo jamás hubiera podido imaginar.

Resulta que, al parecer, mi papá conoció a Genaro Vázquez. No tenía yo idea de eso.

En algún momento esos viejos comunistas se pusieron a cantar canciones también comunistas, y yo no podía dejar de pensar que cómo se hubiera divertido mi papá en su velorio.

Mi mamá lo expresó de manera casi perfecta; me dijo: “cómo me hizo falta tu papá, para poder platicar con él de su velorio”.

Yo soy un hombre extremadamente egoísta, queridos lectores; si por mí hubiera sido, me hubiera gustado tener a mi papá toda mi vida. Pero lo tuve durante casi cincuenta años; y además lo tuve bien; mi padre y yo teníamos una muy buena relación, platicábamos de política, de historia, de películas y series de televisión.

Mi papá me quería y yo lo quería a él, que es lo normal (espero) generalmente entre padres e hijos; pero además mi papá me respetaba como persona, como profesor, como intelectual y como activista político. Mi papá y yo somos los únicos de mi familia nuclear que publicamos libros como autores únicos; somos los únicos que estuvimos en la cárcel como prisioneros políticos.

Y yo por supuesto lo respetaba enormemente; de pocas cosas estoy tan orgulloso en mi vida, como de haber sido hijo de Gerardo Peláez Ramos, miembro del Partido Comunista Mexicano, historiador de la lucha obrera mexicana en el siglo XX, activista de izquierda de toda la vida, y padre de dos hijos que, a riesgo de sonar poco modesto, no están tan güeyes ellos mismos.

Este país es lo que es, no en menor medida, por gente como mi padre, que nunca dejó de luchar, que siempre estuvo dispuesta a arriesgar la libertad y la vida peleando, no por ellos mismos, sino por todos, en particular los más necesitados. Por lo que consideraban bueno y justo.

Quiero muchísimo a mi padre y lo voy a extrañar horrores; pero de verdad no lo pudimos haber despedido mejor si lo hubiéramos planeado. Y tuvo una vida fascinante e increíblemente llena; llena de amigos y de música; llena de compañeros y de lecturas; llena de amor y de discusiones políticas.

Si a mí al final de mi vida me despiden con un velorio que sea al menos la cuarta parte de divertido como fue el de mi papá, me voy a dar por bien servido.

Adiós papá. Hasta siempre, compañero Peláez.

La corrupción

Espero no decepcionarlos, queridos lectores, pero esta entrada no es de política.

Hasta hace poco más de un mes, estaba escribiendo una o dos entradas por semana, siendo en general la obligatoria la que escribía durante los fines de ídem.

Sin embargo, hace más o menos un mes Aztlán comenzó a morirse de manera intempestiva. Esto no es necesariamente raro, dado que es una máquina vieja la que hospeda mi servidorcito en mi cubículo (usa memoria DDR3, para que se hagan una idea).

Aztlán venía fallando de manera intermitente desde hace, literalmente, años, hasta que hace un par establecí un trabajo de cron que reiniciaba la computadora todos los días a las tres de la mañana.

Eso en general alivió, si bien no resolvió, los problemas con Aztlán; yo sabía que estaba barriendo las cosas debajo de la alfombra, en lugar de resolverlas correctamente, pero sencillamente no sentía que la importancia del problema justificara el tiempo que necesitaba dedicarle a resolverlo.

Hasta hace más o menos un mes, que el problema se volvió cada vez más frecuente; múltiples veces de hecho ocurrió que Aztlán se moría en el proceso de reiniciarse. Normalmente esto no es tan grave, dado que diario voy a mi cubículo, entonces sólo le daba una patada a la máquina, la misma revivía, y todos seguíamos con nuestras vidas.

Sin embargo, esto significaba que no podía revivir Aztlán los fines de semana, porque no voy a mi oficina los fines de semana. Y pues esto resultaba en que no escribía mi entrada del blog de los fines de semana y esto a su vez se extendió a la otra entrada y básicamente dejé de publicar.

La semana pasada por fin decidí que debía resolver el asunto, y dado que no tengo mi carga completa de clases, gracias a que a los idiotas de la Rectoría se les ocurrió contratar una empresa de egresados del Tec de Monterrey para hacer el examen de admisión en línea, me puse a ver qué pasaba.

Seré sincero, queridos lectores; ya sabía qué pasaba. O lo sospechaba con bastante certeza; no son tantas las cosas que pueden dejar de funcionar en una computadora. Quiero decir: todo puede dejar de funcionar, pero entonces el mismo componente tiene el buen gusto de avisar (como los discos duros modernos, con SMART), o es obvio de echarle un ojo a la computadora (como pasa con las fuentes de poder), o la máquina sencillamente no prende o inicia correctamente (como ocurre si algo malo le pasa a una placa madre).

Como los discos no estaban chillando, hacía relativamente poco que le había cambiado la fuente de poder a Aztlán, y la máquina de hecho iniciaba, si bien no siempre, todo apuntaba a un problema de corrupción en la memoria. Especialmente porque a veces había visto de hecho cómo tronaba, y no tenía el menor sentido: por ejemplo, de repente fallaba el compilar programas (Aztlán, como casi todas mis computadoras, usa Gentoo), pero al reintentarlo ya funcionaba.

Así que reinicié Aztlán y le puse un LiveUSB con Memtest86, que procedió a encontrar miles de errores de corrupción en una de las dos pastillas de memoria RAM DDR3 que Aztlán tenía.

Me imagino que saben, queridos lectores, que en estos momentos la memoria RAM vale su peso en oro; y de hecho es peor para memoria vieja si uno estúpidamente trata de adquirirla nueva. Usada es razonable el precio, pero entonces hay el riesgo de que falle.

Así que fui con el encargado de cómputo de mi departamento en la Facultad y le pregunté si no tenía pastillas de memoria DDR3 que se le hubieran caído entre los cojines de un sofá, y por suerte resultó que sí: sólo que era de 4GB, así que Aztlán pasó de tener 16 GB a 12 GB de memoria, pero pues a caballo regalado no se le ve el diente.

A partir de ese momento Aztlán ha estaba trabajando sin ningún problema, que espero que continúe de esa manera al menos un par de años más: es ridículo tratar de armar una computadora en estos momentos, con las idiotas empresas de la mal llamada “Inteligencia Artificial” acaparando el mercado de partes. Espero que esa burbuja truene como es casi inevitable que ocurra, y entonces ya veré de actualizar Aztlán.

Pero por mientras está funcionando bien, aunque haya disminuido en 25% su memoria.

Marsi’s Adventures

Mi siguiente trofeo de platino fue el de Marsi’s Adventures.

Marsi's Adventures

Marsi’s Adventures

Me da gusto reseñar Marsi’s Adventures después de los fraudes que fueron Learn Hiragana!! y Learn Katakana!!, porque Marsi’s Adventures lo compré al mismo tiempo que los otros dos y por exactamente la misma razón: me costó 9 centavos de dólar, que es básicamente regalado. Menos que una Coca-Cola en lata.

Sin embargo, contrario a Learn Hiragana!! y Learn Katakana!!, Marsi’s Adventures es un videojuego divertido; incluso podemos decir que un buen videojuego.

El juego es uno simple de plataformas, donde uno controla a la epónima Marsi para pasar los quince niveles que incluye el juego. No hay historia y el juego de plataformas es lo más sencillo que puede haber: Marsi corre de un lado a otro y brinca. No hay violencia por parte de ella en ningún momento.

Sin embargo, los controles están muy bien hechos y no tardé en sentirme como en mis años de jueventud, jugando Super Mario Bros. en un Famicom pirata que yo tenía.

Para lo que es, el juego inlcuso podría calificársele de muy bueno, si no fuera por una omisión que a mí me parece imperdonable en este tipo de juegos de plataformas: no incluye un editor de niveles. Ni siquiera estoy diciendo que deberían poder publicarse niveles hechos por los jugadores; nada más que incluyera un editor de niveles.

Porque el juego nada más incluye quince niveles que, aunque divertidos (y mostrando algunas mecánicas interesantes en un par de ellos), pues sí dejan qué desear en el aspecto de hacer el juego apetecible para jugarlo de nuevo.

Sin embargo, por nueve centavos de dólar, creo que la verdad no hay de dónde quejarse. Recomiendo ampliamente este juego, especialmente si está de oferta; es simple, pero tierno, simpático y (tal vez lo más importante) muy, muy divertido, si bien innegablemente corto.

Fena: Pirate Princess

Érase una vez que vi Fena: Pirate Princess.

Fena: Pirate Princess

Fena: Pirate Princess

Casi toda mi vida adulta me la he pasado conectado a internet; y, siendo como soy, esto resultó en que encontrara muy divertidas las discusiones pendejas más o menos al final de la primera década de este siglo, acerca de quién ganaría en una pelea: si piratas o ninjas.

Es entonces que este animé suena divertido nada más por la premisa: piratas estilo de las películas de Jack Sparrow, enfrentándose con japoneses que viajan en un anacrónico submarino y que dicen ser samurais, pero que nadie les cree, porque realmente son ninjas.

Todo alrededor de la epónima Fena; una chulísima muchacha, huérfana, que decide vender su virginidad para poder escapar de Shangri-La, pero que cuando sus planes se desploman por completo (porque eran muy idiotas; Fena es chula, simpatiquísima y adorable, pero más bien mensita), es rescatada por dos viejos caballeros que servían a su familia, y por la bola de japoneses ninjas que dicen ser samurais.

Por supuesto son a su vez perseguidos por piratas y por un oficial de la armada real británica, porque si hay piratas en una historia se necesita un villano que sea un oficial de la armada real británica.

El animé es, queridos lectores, básicamente perfecto en sus primeros 10 episodios; una historia interesante, personajes ídem además de adorables, un diseño de caracteres fabuloso, una música espectacular, y además una acción increíble con múltiples peleas entre piratas y ninjas (aunque se digan samurais), con la armada británica metiendo en medio su cuchara, porque por qué no.

Que, por cierto, respondiendo a las discusiones idiotas de más o menos al final de la primera década de este siglo, acerca de quién ganaría en una pelea entre piratas y ninjas, la respuesta es al parecer que están básicamente balanceados, con los ninjas (aunque se digan samurais) no pudiendo ganarle a los piratas, pero en general siempre pudiendo escapar de ellos.

Habrán notado, queridos lectores, que explícitamente mencioné que el animé es perfecto durante sus primeros 10 episodios. Y lo es; es de verdad esa combinación de acción, comedia y romance que es como crack para mí, con el añadido de que Fena es de verdad un personaje delicioso: lindísima y simpatiquísima, sin que eso le quite que es más bien bruta (manteniendo el estereotipo acerca de muchachas güeras), pero es bruta de manera adorable todo el tiempo. Hagan de cuenta Marilyn en The Seven Year Itch.

El único problema es que el animé tiene 12 episodios, y los últimos dos tiran casi todo a la basura con uno de los finales de serie más rebuscados y pendejos que he visto en mi vida.

Ni siquiera voy a elaborar en eso, queridos lectores, porque de verdad hasta un mal sabor en mi boca me dejó; más aún porque justamente antes de que se les botara la canica a los realizadores, esta serie iba que volaba a convertirse en una de mis favoritas.

Pero así como termina no puedo en buena conciencia recomendarla; excepto tal vez como un ejemplo de lo difícil que es terminar bien una historia. De cualquier manera está en Crunchyroll, si les interesa acabar decepcionados.

Tron: Ares

OK, sentía que me estaba volviendo loco, pero ya por fin entendí qué estaba pasando. Resulta que Tron: Ares también la vi antes de A Pesar de Ti (como la última película de Demon Slayer), pero salía después en mis “notas”.

Pongo “notas” entre comillas, porque mis “notas” es mi correo de GMail donde recibo las confirmaciones de cuando compro boletos de Cinépolis. Pero justamente ahí estaba el problema: en algún momento, no sé cuándo, GMail comenzó a ordenarme las búsquedas por “más relevante”, cuando estoy 98.7% seguro de que antes era por “más reciente”.

Lo cual es medio estúpido: la búsqueda que hago es "label:Cinépolis Confirmación"; no entiendo por qué uno de los montones de correos que casan esa búsqueda sería más relevante que otro, pero bueno. El punto es que estas últimas entradas con reseñas de las películas que he ido a ver al cine por eso a veces estaban en desorden. Espero no vuelva a ocurrir.

Como sea: la siguiente película que vi (pero que fue antes de A Pesar de Ti, a inicios de octubre del año pasado) fue Tron: Ares. Se aplican las advertencias de spoilers de siempre.

Tron: Ares

Tron: Ares

Tron, la franquicia, siempre me ha gustado, principalmente por el aspecto visual, pero desde la entrega del 2010 (quince años antes de ésta, rayos), también por la música.

Sin embargo, también siempre he encontrado las historias increíblemente estúpidas y jamás me ha extrañado que nunca hayan sido éxitos espectaculares de taquilla; en el mejor de los casos les va más o menos: de ahí los quince años entre la segunda y tercera entrega, así como los veintiocho entre la primera y la segunda.

Esta tercera entrega es justamente así: visualmente deliciosa, con una historia increíblemente estúpida, y una música muy buena. De Jared Leto ni siquiera voy a comentar; siempre me ha gustado como actor y no me interesa lo que haga en su vida personal, allá él y la gente que lo habilite.

La película en mi opinión vale la pena por todo el aspecto visual: los tanques voladores del mundo digital flotando en el mundo real se ven increíbles, así como los trazos de luz sólida que dejan las motocicletas que han sido como que el aspecto insignia de la franquicia. Tenemos además a Gillian Anderson masticando el escenario; a Quicksilver marca Temu (Evan Peters) como nuestro villano; y al viejito Jeff Bridges, porque por qué no.

Pero la historia es increíblemente estúpida… como lo han sido las historias de todas las películas de Tron, desde la primera. Como alguien que se ha dedicado a la computación básicamente toda la vida, tal vez incluso debería encontrar ofensivas a estas películas idiotas; pero la verdad me divierten bastante.

Me alegro haber visto esta película idiota en el cine, con todo y su historia estúpida: nada más por el espectaculo visual valió la pena, repito.

Pero no puedo en buena consciencia recomendarla… que además sería innecesario, dado que al parecer casi nadie fue a verla.

Learn Hiragana!!

Mi siguiente platino fue el de Learn Hiragana!!.

Learn Hiragana!!

Learn Hiragana!!

Hay juegos malos; hay juegos shovelware; hay juegos malos que son shovelware; y por ahí en medio de alguna de esas categorías está Learn Hiragana!!

El juego consiste en mostrar en la pantalla símbolos del conjunto epónimo (hiragana), y uno debe elegir la sílaba que corresponde al símbolo.

Eso es todo; ese es el juego. Si lo podemos llamar juego.

Los trofeos aparecen básicamente cada vez que uno le ha atinado correctamente a un símbolo por primera vez; que dado que hiragana es un silabario, no son tantos. Además de que me parece que el juego no muestra todos; no me queda claro, porque contrario a lo que dice el título del juego, no aprendí hiragana.

No tronó el juego mientras lo jugué, y pues lo que hace lo hace ¿bien? Creo. Pero sí es básicamente una burla.

¿Por qué lo compré? Porque costaba 9 centavos de dólar, que en junio de 2024 (cuando compré el juego), y dado que todavía se sentían los efectos del súper peso, resultó en que me costó menos de dos pesotes.

Dado que probablemente haya más de ese dinero perdido en mi sofá en este preciso instante, no me arrepiento en lo más mínimo de haberlo comprado. Jamás lo recomendaría; pero no me arrepiento el haberlo comprado.

De hecho, tampoco me arrepiento de haber comprado al mismo tiempo Learn Katakana!! y de haber sacado su trofeo de platino. Me costó también 9 centavotes de dólar.

Learn Katakana!!

Learn Katakana!!

Hasta ahora no había nunca juntado dos platinos en una misma entrada, pero dado que realmente son el mismo juego (y que saqué ambos platinos en menos de dos horas), me parece apropiado hacerlo.

Durante las ofertas de verano de la PlayStation Store suelen ocurrir este tipo de ofertas; obviamente los juegos que se venden en centavos de dólar en general nunca serán joyas de ningún tipo. Pero sí ha habido varios que he encontrado divertidos; algunos incluso buenos.

Estos dos juegos no son parte de ese conjunto.

Demon Slayer: Kimetsu no Yaiba Castillo Infinito

A mediados de septiembre del año pasado fui a ver Kimetsu no Yaiba – The Movie: Infinity Castle – Part 1: Akaza Returns.

Esto me extraña, porque tenía apuntado antes A Pesar De Ti, que vi en octubre. Pero revisando mis notas (básicamente los correos de confirmación de Cinépolis), al parecer sí fueron esas las fechas, entonces nada más escribí las entradas en un orden incorrecto.

Como sea: se aplican probablemente no importa, dado lo específico de la película, y entonces o ya la vieron o nunca más la van a ver, en general.

Kimetsu no Yaiba - The Movie: Infinity Castle - Part 1: Akaza Returns

Kimetsu no Yaiba – The Movie: Infinity Castle – Part 1: Akaza Returns

Contrario a las anteriores películas de Demon Slayer que fui a ver al cine, Infinity Castle 1 es una película en sí misma, no una recapitulación de capítulos de la serie. No nada más eso, sino que además la película es la primera de tres partes que serán el final de la historia de Tanjiro Quiñá Quiñá y todos sus amiguitos.

Pero entonces o han visto la serie o no van a entender ni madre.

A mí me encantó; y me sorprendieron algunas cosas con la historia y las decisiones artísticas que tomaron los realizadores. Como siempre, Zenitsu fue de mis personajes favoritos y me parece apropiado que él fuera el primero que pudiera matar un demonio de rango superior; la redención de Akaza (que no lo es realmente, pero pues más o menos) también me gustó mucho; y me encabronó mucho que mataran a Shinobu, probablemente su absorción en Doma vaya en resultar en algo que contribuya a su derrota, pero de que la muchacha está muerta eso no queda duda.

En lo demás era más o menos lo que me esperaba; excelente animación, extraordinarias batallas, harto drama dramático, algo de humor medio ridículo para aliviar la tensión, y nada de romance because fuck you, that’s why.

Pero pues termina en continuará (como digo arriba, serán en total tres partes) y además falta más de un año para que salga la segunda parte… en Japón, entonces sepa la chingada cuándo salga en el resto del mundo y en particular en México lindo y querido si muero lejos de ti. Además además probablemente la tercera parte esté disponible hasta el 2030. Pero pues qué le vamos a hacer.

Como siempre en estos casos; si vieron la serie, se las recomiendo, pero inútilmente porque probablemente ya la vieron. Si no vieron la serie, no tiene sentido que vean la película.

Wotakoi: Love is Hard for Otaku

Creo, creo (tiene años), que el siguiente animé que vi fue Wotakoi: Love is Hard for Otaku.

Wotakoi: Love is Hard for Otaku

Wotakoi: Love is Hard for Otaku

La linda Narumi tiene un secreto que quiere mantener con los compañeros de su nuevo trabajo: es una otaku (u otagal, que es un término que apenas acabo de escuchar por primera vez) de hueso colorado. En otras palabras, es fan de animé, manga, videojuegos y otras cosas similarmente nerds japonesas.

Su plan se va al carajo cuando al final del día se va de tragos con Hirotaka, que es un viejo amigo de la prepa que resulta está en su nuevo trabajo, y que le pregunta casualmente si va a ir a una convención de otakus, a lo que ella responde de inmediato que sí.

Más adelante, y después de que Narumi se queja de su ex novio, que la tronó por ser otaku, Hirotaka le sugiere que mejor debería salir con otro otaku. Como él, por ejemplo.

Las interacciones sociales con y entre “nerds” (o geeks, que yo en lo personal prefiero como término) son completamente distintas y paradójicamente similares dependiendo de dónde (y cuándo) viva uno; yo siendo un geek desde chiquito (de libros, animé, cómics, videojuegos y computadoras), siempre me dio la impresión de que ser geek no ayudaba mucho a la hora de interactuar con otros seres humanos (a menos que de casualidad fueran también geeks con intereses similares), pero tampoco era terriblemente inconveniente.

Que yo recuerde, nunca nadie me molestó ni se burló de mí por mis intereses geeks, ni tampoco recuerdo que haya visto que molestaran a alguien por eso. A lo mejor estaba demasiado pendejo como para darme cuenta, pero sinceramente nunca noté que nadie se burlara de otra persona por sus gustos geeks; en toda mi vida.

En cambio en Estados Unidos y Japón, si le creemos a casi todas las películas de adolescentes gringas y a casi todo el animé y manga niponas, al parecer puede (o tal vez mejor dicho, podía) ser una sentencia de muerte social, y en casos extremos resultar en que le quisieran partir la madre a uno.

A mí nunca nadie me quiso partir la madre porque viera Robotech; todas y cada una de las personas que me han querido partir la madre en mi vida, ha sido por el simple hecho de que soy insoportable.

Como sea; mi condición de geek nunca fue algo que me afectara negativamente en el sentido de hacer o mantener amigos, ni tampoco a la hora de perseguir muchachas y después mujeres para que anduvieran conmigo, en lo cual en general fracasé miserablemente la mayor parte de las veces; pero como decía arriba, no realmente porque fuera geek: aunque sin duda alguna no era una ventaja, ciertamente lo más importante es que, como tuve bien a mencionar antes, soy insoportable.

De lo que sí me percaté, sin embargo, fue de que no habíamos muchos geeks en este mundo; o al menos no con intereses que se alinearan en su mayoría con los míos. En ese sentido, estaba en una minoría.

Por eso y muchas cosas más, nunca ni siquiera me pasó por la cabeza buscar novia que compartiera mi intereses geeks; de hecho no recuerdo, hasta haber entrado al posgrado, el conocer a ninguna muchacha que en lo más mínimo me generara interés y que fuera una geek con intereses similares a los míos. A lo mejor, repito, estaba demasiado pendejo como para darme cuenta de la existencia de lindas muchachas geeks que a lo mejor hubieran querido andar conmigo; pero más bien yo creo que sencillamente no existían (o eran tan pocas como para que no hiciera diferencia).

Eso fue lo primero que me llamó la atención de Wotakoi; que son un grupo de adultos funcionales, que nada más ocurre que son geeks, y que deciden frotarse sus partes privadas entre ellos. Que es también algo refrescantemente novedoso de las pendejadas que suelo ver en animé: son todos adultos, con trabajos y departamentos y así.

Además sus romances son también refrescantemente libres de los dramas pendejos que suelen ocurrir en la adolescencia. En su mayor parte.

Narumi y Hirotaka tienen un romance bastante chido y bastante divertido; pero a mí me cayeron mucho mejor Hanako y Tarou, otros dos amigos del trabajo de los dos primeros que también son otakus y que van un poco más avanzados en su relación; de hecho, desesperantemente, al final del último episodio que se ha transmitido ponen una imagen de la boda que tendrán en el futuro.

Boda de Hanako y Tarou

Boda de Hanako y Tarou

La serie no es espectacular; está bien, razonablemente animada y con buena música. Pero a mí me encantó, y aunque es al fin y al cabo un romance, sí se desvía de lo que normalmente suelo ver; como digo es genuinamente divertida; y sí me hizo ponerme a pensar de qué hubiera sido de mi vida si, de adolescente, hubiera encontrado una muchacha que le gustara tanto como a mí Robotech, los cómics de Superman y el Hombre Araña, y la Guerra de las Galaxias.

Hoy en día se ha generalizado (y por lo tanto normalizado) ser geek, en particular de las cosas que a mí siempre me interesaron. Para motivos prácticos ahora todo mundo sabe de cómics, fantasía y ciencia ficción (al menos de El Señor de los Anillos y el MCU); todo mundo juega videojuegos (aunque sea en sus teléfonos); y casi todo mundo se clava en algunas cosas banales, lo cual a mí en particular me parece muy sano. Hoy en día un escenario como el que presenta Wotakoi es perfectamente factible.

Sólo a mí no fue el mundo que me tocó vivir.

Recomiendo ampliamente que vean Wotakoi; no esperen nada del otro mundo, y es al fin y al cabo un romance, pero me parece que sí se van a divertir. Está en Prime Video, si les interesa.

Ayre and the Crystal Comet

Mi siguiente platino fue del Ayre and the Crystal Comet, que de alguna manera terminé a finales de 2024.

Ayre and the Crystal Comet

Ayre and the Crystal Comet

El platino de este juego me tomó 4 días (3 días y 15 horas, si somos exactos), pero de alguna manera me parecieron como 4 meses.

El juego es… limitado, vamos a decir en un afán de ser diplomáticos. Uno vuela encima del dragón más cagado del universo, en un mapa enorme y terriblemente modelado en 3D con más o menos cuatro polígonos en promedio dedicados a cada cosa. ¿Un edificio? Cuatro polígonos. ¿Un árbol? Cuatro polígonos. ¿Una piedra? Cuatro polígonos.

Estoy exagerando, obviamente… pero no tanto; es el equivalente en 3D de comparar un Atari 2600 con un Nintendo Entertainment System. Así como el Atari 2600 tenía unos pixelotes gordos gordos, este juego tiene poligonotes gordos gordos.

Visualmente entonces el juego nunca iba a ganar ningún premio; pero esto no necesariamente es algo malo, si el modo de juego fuera, ya saben, divertido.

No lo es particularmente.

El chiste principal de este arremedo de juego, que es volar encima del dragón cagadísimo, es medianamente defendible; varios trofeos consisten en terminar “carreras de anillos”, que es pasar volando por anillos flotando en el cielo, y es la actividad más entretenida que tiene el juego, que lamentablemente no es particularmente entretenida, nada más es la más entretenida.

Todo lo demás apesta a distintos niveles de fuchi: varios otros trofeos requieren que uno desmonte al dragón cagadísimo, y entonces sí ya se chingó la Francia, porque la monita que uno controla se mueve como un ladrillo flotando sobre engrudo.

Lo demás que ofrece el juego es una historia extensa, intricada y terriblemente aburrida que uno va desenterrando mientras se explora el extenso e increíblemente soso mapa con sus poligonotes.

Gasté dinero en este juego, queridos lectores: 10 dolarotes invertí en total, porque las reseñas que vi del juego son más o menos amables y porque los trofeos se veían fáciles. Y ciertamente los trofeos fueron fáciles y entiendo a los que reseñaron este juego positivamente; es como cuando unos padres henchidos de orgullo ponen en el refri cualquier espantoso esperpento que sus hijos dibujen.

Pueden ver por ejemplo las reseñas en Steam, y verán que el juego despierta cierta entrañabilidad entre casi todos los reseñadores, excepto uno que creo que comparte la misma opinión que yo.

Varios de los comentarios de gente que reseñó el juego hablan de la “tranquilidad” o “serenidad” que produce este juego sin violencia y sin combate y con un amplio mundo por explorar con objetos todos de cuatro polígonos; yo medio me quería sacar los ojos del aburrimiento.

Una muestra de lo poco que aprecié el juego, es que lo compré en un paquete que incluye las versiones para PS4 y PS5; jugué la segunda, y pues tengo para toda la eternidad la primera, pero no planeo jugarla pronto. Y es posible que nunca, a pesar de que gasté dinero que gané con el sudor de mi frente y que es un platino relativamente sencillo de obtener.

Así que, como podrán inferir, queridos lectores, no disfruté mucho este juego y realmente no lo recomiendo. Pero si son ustedes de los que ponen en el refri cualesquiera terribles esperpentos que produzcan sus engendros, a lo mejor lo encontrarán disfrutable.

Cuarenta y nueve

El lunes cumplí cuarenta y nueve años de edad.

Esto por supuesto marca el inicio del último año de mi década de los cuarentas; pero más que mi vida personal, que no tengo nada de qué hablar aunque sea módicamente interesante (o al menos nada “interesante” que se me pegue la regalada gana compartir), lo transcendente del último año es por supuesto la situación política.

Pero es la situación política internacional la interesante, sorpresivamente; la nacional, lo que ha ocurrido de notable en los últimos meses, es al fin y al cabo consecuencia de la primera.

Donald Trump, en menos de dos años, ha contribuido mucho más al declive del imperio gringo de lo que pudieron hacer los rusos o los chinos en el medio siglo que siguió a la conclusión de la Segunda Guerra Mundial. Es básicamente imposible que los gringos puedan recuperar el dominio casi absoluto que tuvieron en influencia mundial después de 1991; con casi toda certeza el segundo término de Trump marcará el inicio de lo que en el futuro se conocerá como el colapso del imperio gringo.

Que era por supuesto inevitable; por definición todos los imperios (el Persa, el de Macedonia de Alejandro Mago, el Romano, el Mongol de Genghis Khan, el de China en su versión antigua, el de España donde no se ponía el sol, el Británico, etcétera) terminan y son reemplazados por otros.

Claro que esto no quiere decir que los gringos automáticamente se volverán irrelevantes; un imperio puede estar en decadencia durante siglos antes de que realmente se colapse, como pasó con el imperio Romano. Vamos a ver cuánto dura la decadencia gringa; pero creo que es indiscutible que los gringos desperdiciaron de manera muy estúpida la supremacía casi absoluta que tuvieron cuando se colapsó la Unión Soviética, al impulsar en todo el mundo el neoliberalismo en lugar de un modelo más humano, como el que siguieron en Europa Occidental después de la Segunda Guerra Mundial

La llegada de Trump sólo terminó de tirar el castillo de naipes que era el delirio de que los gobiernos gringos realmente les importaba la democracia o el bienestar de quien fuera excepto los dueños del gran capital. Su misma población está muy lejos del primer lugar en prioridades para los corruptos gobiernos gringos; y hablo de los tres poderes: el ejecutivo, obviamente, pero también el legislativo y sin duda también el judicial.

Además de menoscabar su propio imperio, la llegada de Trump y la bola de pendejadas internacionales que ha cometido desde entonces, han tenido la predecible y paradójicamente sorprendente consecuencia de desprestigiar a toda la derecha internacional, incluyendo por supuesto a la mexicana. Especialmente a los idiotas que van y se le arrastran a los pies.

Las elecciones aquí en México de 2024 fueron históricas por lo apabullante de los resultados en favor del oficialismo; eso, aunado conque las que vienen son elecciones intermedias y por lo tanto con menos participación; aunado aunado con los conflictos internos de Morena con Ricardo Monreal y Adán Augusto López; aunado aunado aunado con las traiciones del Verde y del PT; todo eso daría pie a predecir que Morena en particular y la coalición de la 4T en general perdería curules y gubernaturas el año que viene en las elecciones intermedias.

Pero la derecha en este país es tan estúpida, que es posible que no pase (o que pase de manera muy limitada). El arrastrarse ante Donald Trump y el injerencismo gringo es sólo una muestra más de dicha estupidez.

La CIA es expuesta de haber metido agentes a México para realizar operaciones de manera ilegal, a través de gobernadores de la oposición, cuando dos de ellos mueren en un accidente automovilístico, y entonces casualmente el Departamento de Estado gringo solicita la detención inmediata de varios servidores públicos de Morena (incluyendo un gobernador) sin ofrecer ningún tipo de evidencia para ello.

Sólo gente increíblemente pendeja podría creer que esto no es otra cosa que una maniobra para tratar de distraer del escándalo en Chihuahua. Más aún con ésta administración gringa, que es más idiota y descarada de lo que han sido las anteriores, una vez más por el desastre que es Donald Trump y la gente que pone a cargo de lo que sea.

Pero los líderes opositores en México son tan inútiles y tan pendejos, que están dispuestos a arastrarse ante el injerencismo gringo, porque ya vieron que por ellos mismos nada más no pueden regresar al poder. Ni siquiera localmente: en condiciones normales, dado lo que expuse arriba, no sería raro (o no sería tan raro) que el PAN mantuviera la gubernatura de Chihuhua.

Pero como son tan pendejos, es posible (y de hecho probable, dadas las tendencias), que Morena se las arrebate. Vamos a ver.

Así que, sí, cuarenta nueve años. El año que viene tendré por fin medio siglo de estar dando de vueltas en nuestra canica azul. Pero más que mi llegada al quinto piso, me interesa más cómo continuará el declive gringo, cómo seguirá cometiendo estupideces nuestra patética y perdedora oposición, y si algún día el pinche panzón de mierda de GRRM por fin sacará The Winds of Winter. Que, lamentablemente, creo que es más probable que nuestra idiota oposición obtenga la mayoría en el congreso, a que TWoW por fin se publique.

A pesar de ti

A finales de octubre del año pasado, en contra de mi mejor criterio, fui a ver Regretting You.

Regretting You

Regretting You

Fui a ver esta película porque soy fan de Allison Williams desde que vi Get Out; y también de Mckenna Grace porque está muy linda y la ha hecho de la versión chiquita de un montón de actrices que me caen bien.

El churro es un culebrón ridículo; por lo tanto no les extrañará saber, queridos lectores, que me encantó y disfruté mucho verla en el cine, aunque seré la primera persona en admitir que no tiene sentido ver esta película en el cine.

La película es objetivamente mala y escabrosamente conservadora: todo el drama de la misma podría haberse evitado si Morgan sencillamente abortaba ese embarazo evidentemente no deseado; pero como la película es escabrosamente conservadora, tener un aborto es algo que nadie ni siquiera se plantea como una posibilidad.

Me dio gusto ver a Willa Fitzgerald, que salió como la linda policía en la primera temporada de Reacher; y siempre me ha caído bien Scott Eastwood, aunque no tenga ni la décima parte del carisma de su cascarrabias padre. Por último, está simpático el papel de Dave Franco y ciertamente es más o menos diferente de los personajes que suele interpretar.

Pero pues es un churrito romántico más dramático (y peor hecho) que una telenovela de telerisa; con una mamá e hija muy lindas (que no sexis, porque les digo que la película es escabrosamente conservadora); con dos galanes muy guapos; y pendeja como un saco de ladrillos y más o menos así de sutil.

Y que yo disfruté enormemente; estuve soltando risitas de adolescente tarada durante toda la función. La recomiendo ampliamente.

Los arrastrados vendepatrias

Es interesante revisar mi entrada de hace unas semanas, donde hablaba del cobarde ataque gringo en contra de la soberana nación de Venezuela, en el contexto del cobarde ataque israelí y gringo en contra de la soberana nación de Irán.

Si revisan las redes sociales y columnas de opinión, no tendrán dificultades en encontrar voces inequívocamente condenando el ataque (recomiendo el comentario de Cenk Uygur, de los Jóvenes Turcos, por sólo dar un ejemplo).

Aunque hay múltiples contraejemplos, en general estas opiniones no defienden el gobierno de Irán; defienden la soberanía de Irán, que es algo completamente distinto, pero que los pobres pendejos que apoyaron el criminal acto de raptar al presidente legal de Venezuela o bien no entienden, o convenientemente deciden ignorar.

No es que apoyemos al pendejo de Maduro o a la teocracía de Irán (yo por principio nunca apoyaré a ningún gobierno cuyo principal principio emane de una religión en particular, y eso obviamente incluye a Israel); es que estamos en contra del injerencismo y el imperialismo que agrede sin provocación a naciones soberanas. Esto no es un implícito respaldo de esos gobiernos; no estamos diciendo que sean “buenos” gobiernos. Es nada más reconocer que la determinación de esos pueblos de quién y cómo debe gobernarlos, está y estará siempre en manos de dichos pueblos.

No de los pinches gringos. O rusos o chinos o lo que quieran: es lo mismo.

Hubo pobres pendejos que quisieron insinuar que yo “apoyaba al dictador de Maduro”, y no hay evidencia más grande de que son unos pobres pendejos porque justamente no están entendiendo cual es el meollo de este asunto.

Cuando los venezolanos quieran deshacerse del régimen chavista (y no lo duden un segundo; sigue siendo un régimen chavista), los venezolanos se desharán del régimen chavista. No importa la represión y autoritarismo de ningún régimen; cuando la población de verdad está hasta la madre, no hay forma de contenerla. Lo mismo en Irán; este año hubo múltiples y muy fuertes expresiones de oposición del pueblo iraní al régimen teocrático de Teherán, pero es obvio y evidente que no fueron suficientes como para tumbarlo.

La evidencia está en que no pudieron tumbarlo.

Es lo mismo en Venezuela, y porque es necesario mencionarlo lo mencionamos: es lo mismo con Cuba.

¿Hay una parte de la población en Venezuela, Irán y Cuba que detesta a su correspondiente régimen y que está determinada a tumbarlo? Sí, claro, sin duda. Pero su existencia no quiere decir que sean suficientes.

Ojo; no digo que no sean mayoría (aunque tampoco necesariamente creo que lo sean): digo que no son suficientes.

Y repito, la evidencia de que no son suficientes, es que no han podido tumbar a esos regímenes; más aún considerando el apoyo, tanto abierto como encubierto, del gobierno gringo.

La determinación de los pueblos corresponde a los pueblos mismos; sí, incluso en condiciones de desigualda, autoritarismo y represión. Aquí en México mataron estudiantes en 1968 y 1971; asesinaron a cientos de perredistas antes de las elecciones de 1991; hicieron fraudes electorales en 1988, 2006 y 2012; encarcelaron estudiantes en 2000; y desaparecieron estudiantes en 2014.

¿Éramos mayoría los que queríamos tumbar al régimen primero priista y después prianista? Probablemente sí al menos desde 1988; definitivamente sí desde 2006. Pero no fuimos suficientes hasta 2018.

De cualquier forma, nunca fuimos de arrastrados con los gringos ni con nadie más a rogar que resolvieran el problema que nosotros mismos resolvimos. Lo hicimos solitos, que es lo que le corresponde a cada pueblo.

Que es lo que no entienden estos pobres pendejos que apoyaron el acto criminal gringo en Venezuela, que en parte les dio la confianza de hacer la matanza de niños musulmanes en Irán en estos días. La otra parte es tratar de distraer del escándalo Epstein y el desastre absoluto que es la administración del güero demente en la Casa Blanca.

A todo esto hay que añadir lo que dije en mi entrada anterior: los ojetes gringos nunca van a hacer nada que no sea en beneficio de sus “propios” intereses, entre comillas porque para acabarla de amolar, ni siquiera es por el beneficio de los intereses del pueblo gringo (sería igual de ojete, pero al menos justificable desde el punto de vista de gringolandia como nación): es por el beneficio de élites que controlan el poder en gringolandia efectivamente desde hace décadas; cómo aquí con la mafia del poder que acertadamente identificó el Peje.

Estos pobres pendejos van de arrastrados con los gringos a rogarles que les hagan la chamba que no pueden hacer, cuando el resultado es que los pinches gringos los humillen y hagan a un lado, como Trump hizo con María Corina Machado. Y además no hay que ignorar que entre otras cosas la hicieron a un lado porque saben que esa pobre pendeja no cuenta con el apoyo suficiente del pueblo venezolano.

Y no cuenta con dicho apoyo, porque es evidente que a esa vieja arrastrada no le importa el pueblo venezolano: sólo le importa obtener el poder, haiga sido como haiga sido. Que probablemente ya nunca jamás lo vaya a obtener: no sé mucho de política internacional latinoamericana, entonces podría equivocarme, pero a mí me suena a que esa vieja arrastrada que fue a lamerle las botas a Trump perdió el respeto de absolutamente todo el mundo. ¿Ustedes creen, queridos lectores, que la Europa progringa pero anti-Trump, o futuras administraciones demócratas, van a darle ni siquiera la hora a esa vieja pendeja? Por supuesto que no; es el hazmerreír del mundo.

Hay un sector increíblemente pendejo aquí en México que le encantaría que los gringos nos bombardearan, con el pretexto de atacar al narco. Les encantaría porque perdieron el poder (o apoyan a los que perdieron el poder, que es todavía más patético, como los venezolanos que aún apoyan a María Corina Machado), y como no pueden recuperarlo de manera democrática, pues van a arrastrarse con los gringos a tratar de vender la patria por una migajas de poder que, encima de todo, ni siquiera les darían a ellos.

Cuando los gringos atacan sin provocación a un país, no falta que salgan humillados y ofendidos como les pasó en Vietnam o Corea; pero incluso si consiguen cambio de régimen, nunca sale bien a largo plazo; esto a ocurrido en todo en mundo, pero es más notorio en Latinoamérica.

Apoyar eso sólo lo pueden hacer los más cobardes y pendejos, los más arrastrados vendepatrias, y nadie que tenga madre jamás lo haría.

Pero además hacerlo en este contexto, con un presidente gringo que asesina a sus propios ciudadanos, que es lo más cerca que han estado los gringos del fascismo, es de verdad políticamente idiota: con casi toda certeza, todos los latinoamericanos que le laman las botas a Trump y apoyen a sus acciones criminales, terminarán en el basurero de la historia. Como estoy seguro de que ahí acabará el mismo Trump, que la única ventaja que tiene su administración es que ha puesto en evidencia lo culeros, corruptos y cobardes que son los gobiernos gringos: siempre lo han sido (¿recuerdan a Bush II y las Armas de Destrucción Masiva?), pero Trump lo ha hecho más evidente que nunca.

Para terminar, les recomiendo que vean la videocolumna que hizo Fabrizio Mejía hace unas semanas sobre Venezuela. Yo no necesariamente estoy de acuerdo con lo que él dice, pero ciertamente es importante escuchar otras perspectivas sobre ese país hermano nuestro, porque en muchos círculos la narrativa es terriblemente maniquea y simplista, queriendo presentar al régimen chavista nada más como una dictadura malévola, justamente con el objetivo de justificar una intervención extranjera cuando el destino de Venezuela le corresponde únicamente a los venezolanos. Nunca son tan simples las cosas; y lo mismo ocurre con Irán y con Cuba.

Y de nuevo, esto no quiere decir que yo apoye a esos régimenes. Nada más es importante entender que nada justifica intervenciones extranjeras; mucho menos de los cobardes gringos; y mucho menos en Latinoamérica.

Sonny Boy

Según mis notas, que cada vez reviso con más sospechas, mi siguiente animé a reseñar es Sonny Boy.

Sonny Boy ha sido aclamada por la crítica y por muchos fans del medio; y es indiscutible lo novedosa y espectacular que es en términos de estilo, diseño y forma de presentar la narrativa.

Y a mí me dejó con un mal sabor de boca.

Sonny Boy

Sonny Boy

Fue justamente Sonny Boy la serie que hizo que yo me dijera a mí mismo: “mí mismo, vamos a ver nada más romances adolescentes bobos”. A pesar de que un montón de gente se volvió loca con Sonny Boy, a mí la verdad me dio mucha hueva: la terminé básicamente porque soy muy disciplinado, el 60% de las veces todas las veces.

Noten que no estoy diciendo que Sonny Boy sea mala, de ninguna manera; sólo a mí no me gustó particularmente.

La historia sigue a una clase preparatoriana que de buenas a primeras es transportada a “otro mundo”, donde los muchachos descubren que tienen ciertos poderes y donde tratan (a veces, no siempre) de ver cómo regresar a sus casas. En el camino se encuentran con otros estudiantes que se la han pasado en ese otro mundo en algunos casos miles de años.

La serie es contemplativa y filosófica, con largas escenas donde filosofean poéticamente acerca de la vida, el universo y todo lo demás (nunca llegan a 42, lamentablemente), con una animación en justicia muy original y donde yo quería sacarme los ojos porque chingadas putas madres nunca pasa nada.

La serie tiene, superficialmente, un romance, pero realmente es terciario a todas las elucubraciones filosóficas de todos los personajes y además, técnicamente se muere la fémina que era el objeto de deseo del personaje principal: digo técnicamente porque eventualmente regresa a casa, pero como que es un universo alterno y entonces la versión de dicha fémina sigue viva en este universo…

No importa, literalmente: no es acerca de lo que va la serie. Siendo honesto, no estoy seguro de qué va la serie; no me queda claro que los realizadores supieran de qué va la serie tampoco, porque el chiste aquí no es la narrativa, son los amplios monólogos filosóficos y la vibra de la serie y la en justicia muy original animación y diseño de personajes.

Sonny Boy debe ser de los mejores animés he visto que menos me han gustado.

Les digo, después de verla fue que me dije que en general debería ver romances adolescentes bobos, porque para qué me hago güey, eso es lo que me llama la atención del animé.

A mí no me gustó, realmente; pero si les interesa ver un animé original, sin duda alguna es original. Está en Crunchyroll, si les interesa.

Feliz año nuevo 2026

Me esperé un par de días para escribir mi entrada de año nuevo, porque estaba disfrutando mis pronto a finalizar vacaciones, y entonces resulta en que la escribo después de que los gringos (bajo la errática dirección de Trump) decidieron, de manera completamente criminal, atacar Venezuela y raptar al tarado de Maduro.

No que Maduro me importe, en lo personal; pero no podemos, como latinoamericanos, permitir un acto tan mierda y cobarde como lo es la intervención militar en un país hermano. No importa realmente lo que opinemos de Maduro o el régimen chavista: eso le toca a los venezonalos el resolverlo; pero la intervención de un país extranjero (particularmente los Estados Unidos) a cualquiera de nuestros países hermanos en Latinoamérica es sencillamente inadmisible.

Si opinan lo contrario están pero si bien pendejos, y no me interesa oír su opinión en lo más mínimo: son profundamente ignorantes, en el mejor de los casos; muy pendejos, repito, en el caso neutral; o unos mierdas pro gringos, en el peor. No tiene sentido ni siquiera reconocer su existencia: que toda la evidencia apunta a que son extremadamente pocos los imbéciles que podrían considerar como algo bueno el que los pinches gringos bombardeen un pueblo hermano.

Durante décadas los gobiernos mexicanos (particularmente los neoliberales; en mi opinión peor aún los panistas) literalmente hicieron su mejor esfuerzo para darle en la madre a este país (que les recuerdo que el país es su gente): la gente que peleamos por el cambio democrático en México jamás rogamos por la intervención de otro país para deshacernos de ellos: obviamente no a los gringos, pero tampoco a los rusos, a los chinos ni a nadie.

Gente mierda (o de derecha; pero me repito a mí mismo) como Lily Téllez podría irse a arrastrar con los gringos rogando que hagan algo para poder obtener lo que no pueden de manera derecha en las urnas de manera democrática. Sólo alguien profundamente imbécil y cobarde puede cometer una traición que no sólo es mezquina, sino además muy estúpida, porque además de que es obvio que la enorme mayoría de los mexicanos estamos en contra de eso, es obvio (para cualquier persona no enajenada) que los gringos lo haría únicamente por su propio beneficio.

Así ha sido siempre con los gringos; en todo el mundo, pero particularmente en Latinoamérica. Trump nada más es más descarado que otros presidentes gabachos, aceptando sin ningún tipo de vergüenza que lo que les interesa es el petróleo de Venezuela.

¿Podrían intentar algo así los gringos en México? Con el imbécil de Trump me parece que todo es posible; pero yo concuerdo con el análisis de Cenk Uygur: esto apesta a desesperación por los niveles de desaprobación que tiene el presidente gringo, aunado a que hay elecciones allá en poco más de 10 meses, junto con pegado al golpe autoafligido que los ciudadanos gringos comenzaron a sufrir estos días, cuando los subsidios a Obamacare expiraron por culpa de la administración trumpista.

En ese contexto, no suena a un plan cuidadoso y con insidia para imponer el dominio gringo en Latinoamérica (¿cuándo los planes de las administraciones de Trump han sido cuidadosos?); es una patada de ahogado esperando que los muy idiotas gringos abracen patrióticamente sus banderas y le den un espaldarazo a su presidente “fuerte” que pelea contra los “hombres malos” (y que además no son blancos y no hablan inglés, nunca hay que olvidarlo). La cosa es, podría funcionar, porque sí son muy estúpidos los gringos: acuérdense de la invasión de Irak en busca de inexistentes “armas de destrucción masiva” hace poco más de veinte años.

Pero incluso si funcionara (hay que darles aunque sea un módico de beneficio de la duda a los tarados gringos), probablemente sería contraproducente si atacaran México, en particular. Ahora, ¿Cuba? ¿Colombia? Ahí sí quién sabe.

Vamos a ver qué ocurre. Pero sí es una tragedia iniciar así un nuevo año.

Feliz año nuevo, queridos lectores; esperemos tengamos cosas más felices de qué platicar el año que viene.

Speedway Racing

Mi siguiente platino fue el de Speedway Racing.

Speedway Racing

Speedway Racing

Este juego lo jugué principalmente porque estaba en el inigualable precio de cero pesos con cero centavos, lo cual es de hecho difícil de superar.

Un juego de carreras arcade (dícese, no simulación) que está a dos soplidos de ser como Pole Position II, que jugué bastante, si bien no hasta la ignominia, en el Atari 7800 de uno de mis tíos.

Siendo justo, el juego usa gráficos en 3D; siendo honesto, usa gráficos en 3D apenas. Es un juego más bien feíto.

Sin embargo, es razonablemente divertido; hay carritos que van vrumm!, vrumm!, hay varios modelos de coches, hay varias pistas y los últimos eventos sí hay que intentarlos múltiples veces antes de ganarlos.

De todas maneras me llevó poco menos de un día terminarlo: 23 horas con 45 minutos, incluyendo irme a dormir y después irme a trabajar, regresar y por fin retomarlo. Lo empecé a las diez y media de la noche, más o menos; me fui a dormir a la una y media; y lo retomé después de las cinco al otro día.

El juego, técnicamente, no es trophy bait; su trofeo de platino tiene un 33.25% de compleción, lo cual quiere decir que más o menos dos terceras partes de los que lo juegan nunca lo terminan… que también podría explicarse porque es gratuito pero no es el juego más entretenido del mundo.

Sin embargo yo le agarré cariño; están divertidas las carreras y pues salió gratis, no sé qué más pueda uno pedir.

Si se lo encuentran (y sigue siendo gratuito) se los recomiendo.

La Hora de la Desaparición

A inicios de agosto fui a ver Weapons, que por alguna razón le pusieron aquí La Hora de la Desaparición.

Se aplican las advertencias de spoilers habituales.

Weapons

Weapons

Puta madre, qué buena película.

Clasificada en general como una combinación de misterio y horror, yo mejor la colocaría en comedia oscura; ciertamente yo me estuve meando de la risa durante un montón de partes de la película.

Si vieron los avances, probablemente sepan de qué va la trama: todos los estudiantes de un grupo de primaria desaparecen al mismo tiempo una noche; excepto uno de ellos. Los niños salen de sus casas haciendo el Naruto run, todos hacia un un mismo punto en el patético pueblo donde se desarrolla la historia. Convenientemente para la trama, los estúpidos de la policía no se dan cuenta de eso.

También convenientemente para la trama, los estúpidos policías no investigan a fondo al único niño que no desapareció, ni a sus padres que convenientemente les da tuberculosis, según la muy extraña tía que desde hace poco tiempo se está quedando con ellos. Los estúpidos policías mejor se interesan por la hermosa y terriblemente falible maestra del grupo, interpretada magistralmente por Julia Garner, con los anteojos más espantosos que existen en el mundo mundial.

Yo tenía una novia que usaba anteojos similares; no tengo idea porqué mujeres guapas deciden usar un modelo de lentes que no creo que exista una persona en este universo que pueda hacer que se vean bien.

Uno de los estúpidos policías es ex novio de la maestra y alcohólico en recuperación; y preocupado (o al menos eso se dice) por el acoso que está sufriendo la maestra va y la busca y termina poniéndole el cuerno a su mujer con ella (y rompiendo su sobriedad), porque también es un ser humano terriblemente falible. Entre la bola de pendejadas que hace, además, es usar brutalidad policiaca contra un tarado drogadicto mientras la cámara de su patrulla lo graba.

El tarado drogadicto, que es un ser humano todavía más falible y que interpretado por Austin Abrams se roba todas las escenas donde aparece, termina descubriendo a los niños desaparecidos en (¡sorpresa!) la casa del único niño que no desapareció, pero está demasiado preocupado por cobrar la recompensa que ofrecen los estúpidos policías a cambio de información sobre el caso, como para poder hacer lo correcto y liberar a los niños.

La película se pone rarísima, queridos lectores; con mucha acción en mi opinión divertidísima. Las actuaciones son espectaculares y la trama, por más absurda que pueda ser y por más hoyos pueda tener, es por el amor de Marx algo original y bien contado.

Me encantó ver esta película en el cine; me encantaron las actuaciones; y me encantó el humor oscuro y absurdo de la película. La historia se cae un poco a pedazos en varias partes; pero el final es tan endiabladamente satisfactorio, que la verdad no me molesta en lo más mínimo.

Altamente recomendable.

The Idaten Deities Know Only Peace

El siguiente animé del que voy a escribir es Heion Sedai no Idaten-tachi.

The Idaten Deities Know Only Peace

The Idaten Deities Know Only Peace

Yo veo animé principalmente por una razón: generalmente me gusta cómo muestran el romance adolescente. No creo (de ninguna manera) que en ningún lugar del mundo, pero en particular Japón, el romance adolescente se desarrolle como suele mostrarse en animé; de la misma manera que el mundo real no suele contener la acción que me gusta ver en las películas de acción.

Pero en animé el romance adolescente suele ser tierno e inocente, y por algún motivo me gusta mucho que hayamos fans que a nuestra avanzada edad todavía nos emocionemos de ver cómo dos niños se toman de la mano con un objetivo romántico, y que dicha acción de hecho sea todo un acontecimiento en la historia.

Yo sé que me estoy restringiendo a mí mismo al no ver más tipos de animé, en particular con múltiples obras que en general han alcanzado aclamo universal de la crítica; pero sé lo que me gusta y luego justamente los animés que se salen del huacal de lo que a mí me gusta tienden a aburrirme si no es que de hecho a decepcionarmente.

The Idaten Deities Know Only Peace definitivamente no es romántica, y definitivamente ni me aburrió ni me decepcionó.

En una Tierra alternativa, hace cerca de mil años en el pasado demonios monstruosos comenzaron a atacar a la humanidad, llevándola al borde de la extinción. Sin ver una salida posible a la amenaza demoniaca, la humanidad en su totalidad se puso a rezar a todos sus dioses, esperando que los rescataran.

Esto creó una raza de dioses, los famosos Idaten, que consiguieron derrotar a los demonios y encerrarlos para siempre, pagando el precio de todos ellos también quedar encerrados, excepto por Rin, a la que le dejan el encargo de preparar a nuevos dioses Idaten (que aparecen espontáneamente por la fé de los seres humanos) para el inevitable regreso de los demonios.

En el presente, los demonios han regresado (al parecer con ayuda de tecnología para hibridizar humanos con demonios), pero han cambiado su estrategia para ser más harteros y discretos. Además, cuatro nuevos dioses “jóvenes” han aparecido, aunque sólo uno realmente le hace caso a Rin en su brutal rutina de entrenamiento.

Cuando el conflicto se reanuda, por fin entendemos el significado del nombre de la serie: como no había demonios (o al menos no públicamente) durante casi toda su existencia, casi todos los dioses Idaten conocen únicamente a la paz, y por lo tanto están terriblemente en desventaja al enfrentarse a los monstruos.

Además de la espectacular premisa (además de subersiva, en aspectos teológicos), la serie presenta un montón de ideas fascinantes. Los demonios se reproducen sexualmente, y muchas veces (pero no siempre) suelen apreciar y proteger a sus vástagos; también sienten cosas, emocionalmente, lo cual (paradójicamente) los humaniza mucho a lo largo de la serie, aunque suelen genocidiar a cuantos humanos sean capaces dada la menor oportunidad.

Los dioses Idaten, en cambio, no son humanos. Son dioses (está en el título: pongan atención), y aunque su razón de ser es proteger a la humanidad, los humanos individuales les valen más o menos madre: suelen ser terriblemente crueles y desinteresados en salvar personas incluso cuando tienen la oportunidad de hacerlo.

La serie es espectacular: un diseño de personajes un poco más estilizado de lo que a mí me gusta (me recuerda por alguna razón a Pokémon), pero extraordinaria animación y una música bastante buena; y con escenas de acción y combate muy chidas. Pero encima de todo la historia es excelente… que lamentablemente termina en un “continuará…”

La serie salió en 2021, y en ese momento al parecer el manga estaba en el hiato más largo de la historia, con múltiples fans elucubrando que nunca iba a terminar. Al preparar esta entrada, me enteré de que el manga de hecho terminó el año pasado, y que aparentemente hay suficiente material para una segunda temporada.

Yo espero encarecidamente que así ocurra, porque de verdad es de las cosas más entretenidas e inteligentes que he visto en mucho tiempo; ciertamente mucho mejor en promedio que los bobos romances adolescentes que normalmente me chuto.

Nada más les advierto: la serie es arrecha de a madres y además muestra una guerra entre dioses y demonios que, aunque tengan apariencia humana en muchos casos no lo son; los despliegues de crueldad y violencia (incluida violencia sexual) que ambos bandos utilizan alcanzan depravaciones que normalmente no se ven cuando los protagonistas son humanos… porque los protagonistas no son humanos.

De todas formas la recomiendo ampliamente: es realmente muy buena. La pueden ver en Crunchyroll, si les interesa.

Classic Pool

Mi siguiente platino fue el que obtuve para Classic Pool.

Classic Pool

Classic Pool

Más o menos en 1991 (fue hace más de treinta años: no recuerdo con certeza), mi mamá se compró una computadora (usada) para escribir su tesis de doctorado.

La computadora era una PrintaForm, una clon de IBM, sin disco duro pero dos discos floppies de 5.25 pulgadas y un monitor verde y negro. Corría, con algo de esfuerzos, MS-DOS.

Esa computadora en gran medida determinó el destino de mi vida; todo el tiempo que mi mamá no la usaba estaba yo encima de ella, tratando de aprender cosas y jugando. Sí aprendí muchas cosas, pero siendo justo la mayor parte del tiempo me la pasaba jugando.

Ahí jugué Prince of Persia, Leisure Suit Larry y (relevante para el juego del que hoy platicamos), Sharkey’s 3D Pool. Recuerdo que era razonablemente bueno… hablo de mí, el juego no es que fuera bueno o no: era milagroso que calculara las trayectorias de las bolas de billar con aritmética de 8 bits.

A lo largo de mi vida múltiples veces he jugado juegos de billar en mis computadoras y en mis teléfonos celulares. Paradójicamente, nunca había jugado un juego de billar en mis PlayStations.

Hasta Classic Pool.

Y no es por falta de opciones; hay (según PSNProfiles) cerca de cincuenta juegos para PlayStation con “pool” en el nombre, y aunque sin duda varios deben ser de limpiar albercas o alguna pendejada de ese estilo, la mayoría debe ser de juegos de billar.

Yo mismo soy dueño de más de seis distintos juegos de billar para PlayStation, que he comprado cuando están de oferta o gratis con mi suscripción de PlayStation+.

¿Por qué fue Classic Pool el primero que jugué? Porque los demás se ven muy difíciles; todos tienen porcentajes de compleción (el porcentaje de jugadores que los han terminado) por debajo del 5%. Classic Pool tiene el 58%.

Siendo honesto, creo que Sharkey’s 3D Pool es mejor juego que Classic Pool, con todo y aritmética de 8 bits.

Es dolorosamente evidente que agarraron y nada más portaron un juego de teléfonos celulares al PlayStation 5; consecuentemente, es bastante limitado y sencillo.

Me costó 1.39 dólares; y pues no me arrepiento de haberlo comprado y jugado. Pero sinceramente recuerdo con mucho más cariño a Sharkey’s 3D Pool; probablemente los lentes rosados de la nostalgia nublen en algo mi visión, pero Classic Pool es innegablemente simple.

No lo recomiendo, realmente. Creo que tendré que aventarme el volado y tratar uno de los difíciles. Sí quiero volver a disfrutar un videojuego de billar, como cuando tenía catorce años y jugaba en la primer computadora que compró mi mamá.

Los Cuatro Fantásticos: Primeros Pasos

A inicios de julio fui a ver The Fantastic Four: First Steps.

Esto fue importante; en la batalla de las ganancias en taquilla yo quería que DC le ganara a Marvel: y más específicamente que Superman le ganara a los Cuatro Fantásticos. Pero en un afán de honestidad intelectual, esto requería que fuera a los fines de semana del estreno en ambas películas.

Que fue lo que hice. Y sí ganó Superman.

The Fantastic Four: First Steps

The Fantastic Four: First Steps

Evidentemente es difícil adaptar a la Primera Familia de Marvel a la pantalla grande; no es gratuito que estemos en la cuarta adaptación al medio de la misma.

Sí, la versión de 1994 no fue estrenada en cines, porque básicamente fue una argucia para que Bernd Eichinger no perdiera los derechos de los superhéroes; pero de todas formas existe la adaptación. No es muy difícil encontrarla en línea; yo no la he visto, porque todo mundo dice que es malísima, y ni siquiera entretenidamente mala, sino nada más mala mala.

Como sea; los 4F, a pesar de ser el cómic que inauguró el universo Marvel moderno (Capi inauguró el original), son más bien sosos. Marvel se caracterizó por héroes que los lectores de esas épocas (especialmente adolescentes) podían identificarse con ellos: la angustia adolescente de Peter Parker como un medianamente desadaptado estudiante de preparatoria; las tensiones racistas en Gringolandia convertidas en una metáfora en los X-Men; Hulk representando a los demonios que todos cargamos dentro como literalmente un monstruo que destruye todo a su alrededor.

La familia fantástica en ese sentido es más bien, repito, sosa; cuatro blancos (dos de ellos rubios) privilegiados con poderes extraordinarios, incluso con el judío Ben que, a pesar de haberse convertido en un monstruo de piedra, sigue siendo universalmente amado por todo mundo. Las aventuras que tenían no era raro que ocurrieran en el espacio exterior o en la Zona Negativa, literalmente demostrando que los héroes no tenían para motivos prácticos nada que ver con seres humanos de carne y hueso con problemas normales. Su más icónico enemigo era el jefe de estado de otro país.

Por supuesto tienen sus fanáticos, los 4F, pero dista mucho de ser el equipo más querido en Marvel por los lectores de cómics.

Yo leí múltiples cómics de los Cuatro Fantásticos, pero no los he seguido de cerca nunca, y para mí mi punto de referencia principal con la Primera Familia es Fantastic Four vs. X-Men, la miniserie de 1987 que a mí me pareció muy chida, pero que es más bien intrascendente. Y la compré aquí en México (publicada por Editorial Vid en los noventas) por los X-Men, no por los 4F.

De cualquier manera la familia fantástica es un ícono en el Universo Marvel, y aunque tal vez no los héroes más populares, sin duda alguna son de los más conocidos, entonces por eso distintos estudios trataron (y fallaron) en adaptar a la familia de héroes a la pantalla grande.

The Fantastic Four: First Steps no es una mala película. Nada más es, como sus epónimos héroes, sosa.

Tiene una escena de acción espectacular cuando escapan de Galactus con Silver Surfer pisándoles los talones; y hay un par de escenas entretenidas. El resto es, desde mi punto de vista, meh.

Que no me extraña porque el grupo de héroes siempre ha sido meh; pero el problema también radica en múltiples errores de la producción.

Primero, la mitad del elenco está del nabo. No me malinterpreten; adoro a Pedro Pascal, pero es una terrible elección para interpretar a Reed Richards. Dejen ustedes el bigote; Pedrito Newton-por-metro-cuadrado se ha especializado en interpretar padres amorosos, pero rudos: y justamente Mr. Fantastic es todo lo contrario. Reed Richards siempre se ha caracterizado por se emocionalmente distante y más intelectual que físico, porque sus poderes no se prestan para el combate físico y porque su cerebrote generalmente siempre domina a sus emociones.

Luego está Vanessa Kirby; primero, y esperando no verme muy superficial, en las películas que salió de Misión Imposible y en Napoleón me parece que se veía estupidizamente hermosa, pero en FF:FS por alguna razón me pareció que tenía cara de rana. No ayuda además la interpretación que hace de Sue; en los cómics Sue sirve como contrapeso de Reed, siendo mucho más cálida y emotiva, al punto de que justo eso da pie a la existencia de Malice, la versión (literalmente) histérica de Sue Storm.

Malice

Malice

Vanessa Kirby interpreta a Sue Storm de una manera que me parece intenta proyectar la imagen de una lidereza firme y decidia; pero que a mí me pareció más bien reflejaba desconexión emocional. Sí sonríe más que Reed, pero en general sus muestras de calidez me parecieron falsas, y yo creo que siempre ha sido parte importante del personaje.

Eso sí, la escena donde escapan de Galactus y Sue está pariendo a Franklin es hilarante y espectacular.

Ben es meh, una combinación de CGI y un disfraz que realmente no reflejaron en mi opinión lo cagado que puede ser Ben Grimm.

Joseph Quinn está bien como Johnny Storm; pero la verdad me gustaba mucho más Chris Evans; el segundo es mucho mejor al interpretar un engreído niño-hombre, porque el primero tiene demasiado cara de buena gente.

Julia Garner es espectacular como Shalla-Bal, la versión femenina de Silver Surfer; los efectos especiales para plasmarla en la pantalla grande me parecieron excelentes y despertaron cosas en mí que no sabía que existían.

Por último, Ralph Ineson (que he sido fan incondicional suyo desde The VVitch) es muy bueno como Galactus, pero es un enemigo que deberían dejar de intentar mostrar en la pantalla grande, porque es más bien ridículo.

Y luego está la muy estupidísima historia. Dejen ustedes los hoyotes en la misma, como que Galactus al final reconoce que quieren teletransportarlo lejos lejos donde zurran los conejos, y que con un manotazo podría haber destruido el aparatejo para conseguirlo, pero que no lo hace.

No: hablo de el papel que juegan los 4F en este universo alterno: se portan (y aparentemente son) los líderes de ese mundo. Lo que dicen se hace (excepto tal vez por Latveria) y no mucha gente pone resistencia, a pesar de que ponen en riesgo a literalmente miles de millones de personas, por un niño caguengue.

Y ahí está en el fondo lo que creo es el problema principal: esta película le debía ir muy bien, dado el desempeño de las últimas películas en el MCU y debía encarrilar la historia a justo todo el cambio de batuta que estamos esperando desde Deadpool vs Wolverine. En cambio decidieron contar una historia en un nuevo universo, que no tiene nada qué ver con el universo Marvel que conocemos, con una historia más bien sosa y llena de hoyos, en un mundo que no tiene nada que ver con el que conocíamos de las películas o el nuestro propio, y pues evidentemente no le fue muy bien que digamos.

Superman le ganó. Claro que Kimetsu no Yaiba le ganó a ambas en ganancia en taquilla mundial; pero centrémonos en superhéroes.

The Fantastic Four: First Steps no es una película terrible; pero tampoco es particularmente buena. Es más bien meh; y el MCU necesitaba que fuera mucho más que eso. Aunque le fue mejor que a Thunderbolts*, la verdad me parece que es mucho mejor la película de los Nuevos Vengadores.

Yo en lo particular disfruté la película, pero vamos, yo disfruto casi cualquier película de superhéroes, de la misma manera que en general disfruto casi cualquier cosa que se desarrolle en el universo mágico de Harry Potter; hasta la última bazofia de los animales fantásticos llegué al punto donde dije que ni siquiera yo podía defenderlo.

No hemos llegado a este punto con el MCU; aprecié la película por lo que es: una mediocre película de superhéroes, bien hecha pero realmente sin ninguna característica que realmente llamara la atención para mí. En ese sentido es de alguna manera peor a que hubiera sido una película terriblemente mala, pero que al menos fuera interesante hablar de ella; o que hiciera hiciera a la misma película involuntariamente entretenida.

En su lugar tenemos este anodino intento de entretenimiento: por sí misma está dominguera y dudo mucho que alguien se arrepienta de haber ido a verla; ciertamente yo no me arrepiento. Pero esta película necesitaba ser mucho más de lo que resultó ser; y definitivamente creo que todos lo notamos. Tanto los que somos fanáticos del eMeCeU, como los que se relamen los dedos esperando que, por fin después de casi 20 años, termine fracasando.

Nos estamos acercando peligrosamente al Rubicón, el punto de no retorno, donde si no se componen las cosas con el MCU, que repito está a punto de cumplir veinte años, se podría ver inescapablemente destruido. Viene la nueva película de Spider-Man, que nos tiene a los fanáticos más o menos esperanzados: pero justo esto es en gran medida porque la está haciendo Sony, no Marvel.

Si los hermanos Russo no enderezan el barco con Avengers: Doomsday el año que viene y Avengers: Secret Wars en el 2027, probablemente el MCU literalmente termine cancelado, porque estas películas estúpidas no son nada baratas y no están generando ganancias suficientes para justificar la inversión que cuesta hacerlas.

Y quiero dejar algo bien claro; yo prefiero por mucho al universo DC que al universo Marvel, siempre ha sido así conmigo. Pero quiero que a ambos universos les vaya bien, porque me gusta ir al cine a ver películas de superhéroes.

(Y porque si a ambos les va bien, mi sueño de adolescente de ver a Superman pelear con Thor se podría algún día cumplir).

Marvel (y personalmente Kevin Feige) me parece han cometido muchos errores, en muchos casos porque se confiaron de sus éxitos anteriores y perdieron el rumbo. Me parece que todavía es corregible el asunto, pero si eso va a pasar tiene que pasar ayer.

De hecho cuando hicieron esta película.

Battle Game in 5 Seconds

El siguiente animé que vi fue Deatte 5-byou de Battle. Creo.

Deatte 5-byou de Battle

Deatte 5-byou de Battle

A lo largo de mi lamentablemente ya no tan corta vida, me he chutado muchos más animés malos de los que debería; es raro que deje de ver una serie, entonces muchas veces he terminado series que realmente no debería haberles dedicado más de un episodio, si acaso, pero por disciplinado me las aventé enteritas.

Deatte 5-byou de Battle es mala, pero no la terminé por disciplinado; nada más la encontré paradójicamente muy entretenida.

Por razones que no se me da la regalada gana explicar, Akira Shiroyanagi (un estudiante de prepa, obviamente) se encuentra, junto con un montón de otras personas, en una especie de torneo donde los contrincantes tienen 5 segundos para medirse entre ellos antes de combatir. Todos tienen poderes, pero en general no saben qué poderes tienen; de ahí los 5 segundos, para tratar de determinar qué pueden hacer los contrincantes.

El poder de Akira es bastante interesante; básicamente puede usar cualquier poder que su contrincante en turno crea que tenga.

Eso es todo; pero es suficientemente novedoso y abre un abanico de posibilidades estratégicas sorprendentemente profundas. Agreguen que rápidamente en la historia se alía con Yuri Amagake, una en igual medida simpática e insoportable muchachita cuyo poder es que puede aumentar sus habilidades físicas hasta por cinco veces, y que algo que podría asemejarse a un romance aparece entre ellos, si uno entrecierra los ojos ferte ferte, pues fueron razones suficientes para que terminara la serie.

La misma es, si somos sinceros, mediocre en el mejor de los casos en casi todo: la música, la animación, el diseño de personajes… nada es terriblemente malo pero definitivamente tampoco particularmente bueno. Pero pues a mí me entretuvo lo suficiente.

Poco sorprendentemente, la serie pasó sin mucha pena ni gloria y han transcurrido cuatro años desde entonces, sin ninguna noticia de que vaya a haber una segunda temporada. Si nunca sale una segunda temporada, la verdad probablemente ni me vaya a dar cuenta (honestamente me había olvidado de la serie, hasta que revisé mis notas para ver de qué animé me tocaba escribir). Pero si de milagro saliera una segunda temporada, probablemente sí la vería.

Está en Crunchyroll, si les interesa.