2048 Snake

Valkyria Chronicles lo terminé a inicios de noviembre del año pasado; para finales de ese mes, era obvio para mí que el 2024 iba a ser un año donde mi número de trofeos iba a disminuir en comparación con el anterior.

Estaba jugando varios juegos, pero sencillamente no había suficiente tiempo para ganar los trofeos necesarios en poco más de un mes.

Lo dejé pasar, porque además de que obviamente no todos los años puedo obtener más trofeos que el anterior, en 2024 justo tomé una pausa de casi seis meses en los cuales no jugué.

De todas maneras decidí aumentar mi número de platinos, limpiando algunos de los juegos por jugar en mi pila, aprovechando para tachar un gran número de juegos trophy bait que me habían salido gratis o muy baratos con PlayStation Plus Premium.

Hace unas semanas relaté el puñado de juegos trophy bait que me aventé a finales de 2023; pero no hay punto de comparación con los que comenzaré a reseñar a partir de hoy y que jugué primordialmente en diciembre de 2024. Varios apenas merecen la denominación de “videojuego”, de lo chafas que son.

2048 Snake, que es el juego que hoy reseño, paradójicamente no es de esos juegos chafas. Es trophy bait, sin duda alguna; pero de hecho es un juego competente, nada más muy menso. O muy confuso. O muy menso y muy confuso, no hay que limitarnos, supongo.

2048 Snake

2048 Snake

Siendo joven hace más años de los que me gusta admitir, cuando por fin tuve un teléfono celular, el mismo incluía, como era lo común en esas épocas, el “juego de la viborita”, o Snake, que han existido variantes del mismo desde antes de que yo naciera. Y ya en este siglo comenzó a tener algo de pegue (especialmente en círculos de estudiantes de posgrado en computación, porque yo era uno en ese entonces) el juego de 2048.

El juego de la viborita sí lo jugué bastante; uno todavía no podía usar el celular para perder el tiempo en Reddit o leyendo blogs, ¿qué más iba a hacer cuando estaba en el baño? En cambio 2048 nunca le encontré mucho chiste; lo jugué un par de veces, me dije a mí mismo: “mí mismo, esto es idiota” y nunca más lo volví a jugar.

Bueno, sorprendentemente, 2048 Snake es un juego que combina, de alguna manera, tanto 2048 como Snake.

¿Por qué digo que de alguna manera? Porque nunca entendí del todo qué estaba pasando en la pantalla; había una viborita (que se movía en 360 grados de libertad, lo cual me decepcionó un poco), había números que generalmente aumentaban pero a veces disminuían, y un montón de trofeos comenzaron a aparecer en mi pantalla sin que yo terminara de entender qué chingados estaba pasando.

Total que, cuando ni siquiera habían pasado 10 minutos, de repente me encontré teniendo el trofeo de platino de 2048 Snake. Junto con otros 70 trofeos.

Esa es la razón de que el videojuego se hiciera famoso, y la razón por la cuál lo compré (eso, y que estaba en el inigualable precio de un dólar con cuarenta y nueve centavos). Es de los juegos más trophy bait que existen.

La cosa es, está bien hecho: no es un juego para teléfonos celulares portado torpemente al PlayStation 5; está bonito; la música está padre; y creo que el modo de juego es interesante… nunca lo terminé de entender, y ya teniendo el platino no me interesa en lo más mínimo volverlo a jugar para terminar de entenderlo, pero al parecer sí combina el juego de la viborita con 2048.

Cuando lo compré, en septiembre del año pasado, 2048 Snake me terminó costando veintinueve pesos con veinticuatro centavos. Eso se tradujo en menos de 10 minutos de entretenimiento (y sí estaba entretenido, no nada más confundido), además de 71 trofeos, incluyendo uno de platino.

La verdad, no me quejo.

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F1: La Película

A finales de junio fui a ver F1: The Movie, porque Brad Pitt; y un poquito en menor medida porque Javier Bardem.

F1: The Movie

F1: The Movie

Me encantan los videojuegos de carreras, en particular en los que puedo utilizar mi volante. Y ciertamente prefiero los videojuegos donde las carreras se llevan a cabo en una pista con carros monoplazas; también he jugado muchos que ocurren en un mapa a mundo abierto, combinando ciudad y terracería, con automóbiles existentes o inventados (como en Burnout Paradise), pero prefiero los otros.

El primer videojuego de carreras que jugué fue el original Test Drive; antes también jugué Pole Position, pero como no es realmente 3D, supongo no hay que contarlo. Sin embargo, el primer juego que de verdad jugué hasta la ignominia fue Indianapolis 500: The Simulation, que se acerca un poco a lo que es Fórmula 1 (para que no crean que ya se me había olvidado la película).

Una novia que tuve, en un genuino afán de hacer algo con la idea de que yo lo disfrutara, me invitó una vez a ir a los Go-karts. La verdad no lo disfruté mucho; esa novia me puso una arrastrada, pero no creo que lo hubiera disfrutado incluso si yo hubiera ganado. Me gusta manejar mi carrito en autopista (e incluso en la ciudad, cuando no hay mucho tráfico), pero no voy como loco rebasando carros y usando tres carriles para tomar una curva. Sí voy rápido (mi carro es rápido), pero voy bastante tranquilo.

Todo este preámbulo es para explicar que, de manera similar a que el que me guste matar todo tipo de cosas en videojuegos no implica que desee hacerlo en la vida real, el que me gusten los videojuegos de carritos que van harto bien rápido, no quiere decir que quisiera hacerlo en la vida real. Y tampoco seguir los deportes relacionados.

Durante dos o tres años vi los resúmenes de las carreras de Fórmula 1 en YouTube cuando el Checo todavía estaba en Red Bull; pero en cuanto lo corrieron hasta eso dejé de hacer. Y desde que hace unos años regresó la Fórmula 1 a la CDMX sí he jugueteado con la idea de ir algún día al Gran Premio de México; pero no lo he hecho, porque me temo que me voy a aburrir horrores y encima gastarme una cantidad hereje de dinero.

Sin embargo, esta película me llamó la atención, porque (como mencioné arriba), salen Brad Pitt y Javier Bardem.

Está simpática la película, pero es otra versión más del oxidado veterano que le ofrecen una última oportunidad en el deporte que ama, en el camino sirviendo como mentor de un joven brillante pero sin experiencia.

Además, Kerry Condon está muy guapa.

Además además, ¿saben qué película fue dirigida por Joseph Kosinski, escrita por Ehren Kruger, con cinematografía de Claudio Miranda, música de Hans Zimmer y producida por Jerry Bruckheimer?

Así es, Top Gun: Maverick. Probablemente a Brad Pitt se le ocurrió usar el mismo equipo que usó su compa de Interview with the Vampire, a ver si podía replicar la magia y hacer una película que ganara casi mil quinientos millones de dólares.

No le funcionó ni de chiste: esta película de Brad Pitt con esfuerzos apenas se acercó a los seiscientos millones de dólares; dado que su presupuesto fue de casi 300 millones, probablemente no alcance ni siquiera para recuperar la inversión. Al menos no en taquilla.

De cualquier manera es una película bastante buena; digo, en su carril de película deportiva con un veterano dando su último esfuerzo. A lo mejor recoge algunas nominaciones para los Oscares: sí hay tomas espectaculares con drones de las carreras y pues todos los actores son consumados profesionales. La película fue producida por Apple Original Movies, que aunque ya ganó un Oscar con CODA, en general sólo ha hecho churros infumables, entoces que hayan hecho una película de hecho buena se agradece.

Yo la disfruté bastante, así que sí la recomiendo.

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El enchufe

Hace unos meses comentaba que después de taladrear una tubería y que mis plomeros la repararan, resané la pared usando espuma autoexpandible, resanador y pintura. Terminaba esa entrada notando que el proceso me había gustado tanto, que me había puesto a desmadrar paredes por mi cuenta.

Mi nuevo departamento, para bien o para mal, tiene una distribución chistosa; esto lo hace mucho más interesante que mi viejo departamento, que era un rectángulo, y en donde todos y cada uno de los cuartos eran un rectángulo.

En particular, inmediatamente entrando, a la izquiera, el nuevo departamento tiene una esquina de más o menos 45 grados con una sección de pared de más o menos un metro. Apróximadamente al centro, de manera vertical, de esa pared están dos interruptores que controlan las luces del pasillo principal y de mi comedor. Un poco arriba y a la derecha de los interruptores, está el interfón. Cerca del suelo está un hoyo donde salía un cable ethernet y cable coaxial para, me imagino, Izzi o algún otro servicio de cable e internet que tenía el anterior inquilino del departamento.

Cuando llegaron los de Telmex a ponerme mi línea con interné (la misma que tenía en mi viejo departamento, obviamente), de ahí sacaron el cable de fibra óptica y adaptaron la caja de Telmex a los hoyos que usaba la caja del servicio anterior.

Esa pared con los interruptores, interfón y caja de Telmex es perfecta para poner el buró donde va la canoíta que un tesista me regaló el día de su titulación, en la cual pongo mis monedas en cambio y donde aviento mis llaves al llegar a mi departamento. Dicho buró también es el lugar perfecto para el módem de Telmex y la torre principal Deco de mi sistema de WiFi de malla que uso en mi departamento.

Excepto por un pequeño problema: esa pared no tiene enchufe eléctrico. El enchufe eléctrico más cercano estaba a más de dos metros, en una de las paredes de mi comedor. Yo no puedo creer que a los tarados que diseñaron este departamente no pusieran un enchufe eléctrico ahí; es como que el lugar obvio para uno.

Por supuesto esto es trivialmente arreglable usando una extensión… nada más se ve del nabo. Una solución intermedia (y probablemente lo que hubiera hecho en otra época en mi vida) sería poner un canalito para que al menos el cable de la extensión no se viera tan feo. Esto es pasable, pero decidí que yo ya estaba listo de intentar una cosa más avanzada. Que por supuesto incluía desmadrar la pared de la que vengo hablando desde hace cinco párrafos.

Agarré mi nivelador láser y usando cinta para pintor delineé una ruta vertical hacia abajo de los interruptores de luz.

La ruta vertical

La ruta vertical

Después, con un cincel, martillo y mis manos campesinas me puse a desmadrar la ruta. Me llevó una semana, queridos lectores, porque fue completamente a mano y consistió en, literalmente, estar picando piedra durante las noches que regresaba de trabajar. Es un trabajo ingrato que no quiero volver a hacer nunca jamás.

La pared desmadrada

La pared desmadrada

Ya con la pared desmadrada puse el tubo naranja que usan los electricistas para meter cables dentro de paredes, y lo usé para meter cables dentro de paredes. De hecho nada más un cable grueso, que llevaba dentro los otros cables necesarios.

El tubo naranja

El tubo naranja

Habiendo hecho esto, llené las partes desmadradas de la pared con espuma autoexpandible.

La espuma autoexpandible

La espuma autoexpandible

Y por supuesto después corté el exceso y la lijé.

La espuma autoexpandible lijada

La espuma autoexpandible lijada

Una vez más puse el resanador especial que ya había usando antes.

El resanador

El resanador

Que también procedí a lijar.

El resanador lijado

El resanador lijado

Y por último pinté la pared con la misma pintura que ya tenía. Yo sé que está mal que yo lo diga, pero la verdad quedó poca madre; es básicamente imposible notar que en algún momento desmadré la pared.

El enchufe

El enchufe

Además, digo, es trivial de hacer, pero alambré correctamente el enchufe, como mi probador de enchufes me hizo el favor de verificar.

El probador

El probador

Me llevó más de una semana el proyecto, incluyendo el estar, literalmente, picando piedra. Me gasté una lana, porque obvio tuve que comprar cosas que no tenía: el tubo naranja, el cable eléctrico, la caja del enchufe que va dentro de la pared, y además el cincel con el que le di en la madre a mi pared. A mano.

Un buen electricista probablemente me hubiera cobrado menos de lo que me gasté y con casi toda certeza lo hubiera tenido listo en un día, si no es que en un par de horas.

Pero no me importa; fue muy divertido (picar piedra no tanto), aprendí a hacer cosas y además estoy muy orgulloso de cómo quedó. Tanto, que lo hice una vez más para poner otro enchufe.

Pero esa historia creo que ya no la voy a contar; es básicamente lo mismo, nada más esta vez ya no piqué piedra a mano. O bueno, no piqué tanta piedra a mano.

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The Quintessential Quintuplets

El siguiente animé que vi fue 5-toubun no Hanayome, mejor conocida fuera de Japón por su nombre en inglés, The Quintessential Quintuplets, que hay que admitir es una traducción fabulosa que lamentablemente no funciona en español.

The Quintessential Quintuplets

The Quintessential Quintuplets

Fuutarou Quiñá Quiñá es un estudiante preparatoriano (por supuesto), brillante pero jodido económicamente, porque su papá es más bien un inútil (el muchacho no tiene madre, en el sentido del término explotado por Disney).

En su prepra termina teniendo encuentros con todas las epónimas quintillizas calientes, y de manera ligeramente imposible acaba convirtiéndose en tutor de las cinco muchachas, que todas son en igual medida adorables e insoportables (con la posible excepción de Yotsuba), y por supuesto idénticamente hermosas y voluptuosas. Las niñas son hijas adoptivas de un empresario millonario, así que un generoso pago económico es de las razones por las cuales Fuutarou acepta tutorearlas.

El manga original utiliza distintos cortes de cabello además de diferentes accesorios para poder distinguir a las muchachas; el animé agrega distintos tonos de color de pelo además de tener la genial idea de utilizar cinco actrices de voz diferentes, una para cada muchachita. También las pone a cantar a todas en los inicios de cada temporada y película; pero no en el cierre de la primera temporada, que es probablemente de los mejores que he oído en una comedia romántica.

Como sea; las calientes muchachitas pueden usar pelucas e imitar la voz de cada una de sus hermanas, entonces es fácil confundirse como espectador, no digamos el pobre Fuutarou.

Inevitablemente las cinco muchachitas (con la posible excepción de Yotsuba) se enamoran de su tutor y tooooooooooooda la serie es acerca de con quién se va a casar el muchacho, porque de manera completamente hartera, la misma comienza con la boda, sin revelar cuál de las quintillizas es la que le ganó a las otras cuatro, por su pollo.

El harén (la unidad familiar básica del animé) de Fuutaro consiste en Ichika, la “mayor” (dícese la que salió primero de la vagina de su madre), que esterotípicamente es la más “madura” y compuesta; Nino, la inevitable tsundere que eventualmente es la primera en aceptar sus sentimientos por Fuutarou y en confesarse, además de perseguirlo de manera bastante agresiva; Miku, la kudere y nerdcita de historia japonesa; Yotsuba, la hermana alegre, bulliciosa, amigable y deportista; e Itsuki, la “menor”, que paradójicamente cuando muere su madre trata de reemplazarla como figura materna para sus hermanas, generalmente fallando de manera miserable.

Si se confunden con los nombres y el “orden” de nacimiento, es fácil acordarse si saben los cinco primeros naturales y ordinales en japonés: “ichi” es uno; “ni” es dos; “mittsu” es tercero; “yottsu” es cuarto; y “itsusu” es quinto. O algo así; no sé japonés, con esfuerzos hablo español.

Quintessential Quintuplets

Quintessential Quintuplets

También hay toda una trama acerca de cómo las muchachitas conocieron a Fuutarou cuando eran todos niños en un viaje a Kyoto; otra trama acerca de cómo las muchachas deciden independizarse económicamente de su padre adoptivo; y una trama más acerca del biodad de las muchachas, que juega un papel más o menos importante en la película que finaliza la historia (descontando el OVA que sirve como epílogo con la luna de miel de Fuutarou y su nueva esposa). Sin embargo, para mí todo eso es realmente crema para los tacos; incluso nada más con la comedia y romances bobos a mí me encantó la serie: son como crack para mí este tipo de historias.

Ayuda que es genuinamente divertida con algo de drama para variarle de vez en cuando, y que Fuutarou es un personaje entrañable: uno puede entender a las calientes muchachitas.

La revelación de qué quintilliza escoge Fuutarou se da en la película, que yo fui a ver al cine y todo. Casi toda la serie, yo pensé que el muchacho escogería a la menor de las muchachas, porque es la primera que conoce, la primera que va a su casa, la primera que conoce a la hermanita de Fuutarou… creo que no era descabellado pensar que Itsuki sería la elegida.

Sin embargo, estando en el cine cuando por fin revelan que es Yotsuba, recuerdo que pensé: “esto no tiene sentido; Yotsuba nunca mostró interés por Fuutarou, siempre se portó como su amiga apoyándolo, echándole porras, siempre de manera desinteresada… ooohhhhh.

A mí me encantó la serie, queridos lectores, pero está como que quirúrgicamente diseñada para que a mí me guste. Si les gusta el romance y la comedia, se las recomiendo encarecidamente; es de verdad muy divertida y el romance está romántico.

Está en Crunchyroll, si les interesa.

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Valkyria Chronicles

Mi siguiente platino fue el de Valkyria Chronicles.

Valkyria Chronicles

Valkyria Chronicles

Tengo una historia interesante (al menos para mí) con Valkyria Chronicles. El juego salió para el PlayStation 3 en abril de 2008, siendo de los primeros juegos lanzados para la consola (salió al año y medio de que el PS3 salió en Japón).

Yo, como muchos, vi el avance del juego y de inmediato me sentí fascinado porque fue de los primeros en dar la apariencia de ser un animé, con una técnica de sombreado que le daba a los modelos 3D la apariencia de haber sido dibujados con lápices de colores. Es de los juegos más hermosos que hay para el PlaySation 3.

Sombreado

Sombreado

La mecánica de juego de mezclar estrategia al mismo tiempo que se controla a los monitos en una perspectiva de tercera persona también me llamó la atención; pero siendo sincero fueron los gráficos lo que me hicieron desear jugarlo.

Mi hermano me regaló mi primer PlayStation 3 en noviembre de 2008; unos meses después el hermano de un amigo que estaba en Estados Unidos iba a venir a México, y le pedi que me lo trajera por favor. Recuerden; esto fue antes de Amazon, Ebay o incluso MercadoLibre: los juegos salían sustancialmente más baratos en gabacholandia que aquí en México. Las tiendas digitales en línea han eliminado esto, en general; y de hecho ya no sé cómo esté la diferencia para copias físicas entre los dos países: los juegos físicos pueden estar muy baratos en Amazon, en algunos casos.

Y la discusión es medio académica para estas alturas: compré mi PlayStation 5 con lector de Blu-rays porque explícitamente no quería quedarme sin la oportunidad de tener copias físicas de mis juegos en el último PlayStation; pero a más de tres años de haber compado mi PS5, no tengo un solo juego en disco. Todos son digitales; juegos físicos sólo tengo para el PS3 y PS4.

Como sea: de seis a ocho semanas después de pedírselo, el hermano de mi amigo me hizo el favor de traerme el juego, lo comencé a jugar y… descubrí que no tenía trofeos. Sony comenzó a obligar a que los juegos del PlayStation tuvieran trofeos más o menos a partir de 2009; algunos juegos que salieron antes les agregaron trofeos vía un parche, pero lamentablemente Valkyria Chronicles no fue uno de ellos.

Para ese momento yo ya estaba jugando únicamente juegos con trofeos; el único juego que jugué hasta créditos que no tuviera trofeos, fue el Rock Band original. Tenía un montón de juegos con trofeos que jugar, entonces me dije que si tenía tiempo luego jugaría Valkyria Chronicles.

En voz de Morgan Freeman: “Canek nunca tendría tiempo”.

Regresé de una estancia larga en Estados Unidos en 2011 con unos veinte juegos físicos de PlayStation (todos investigados con cuidado para ver que tuvieran trofeos), y desde ese entonces nunca he limpiado mi pila de juegos por jugar; de hecho, catorce años después, ni siquiera he acabado con esa famosa pila de veinte juegos que compré en California.

Como sea, en abril de 2016 me compré mi primer PlayStation 4 y todavía durante un par de años estuve aumentando mi colección de juegos físicos para el entonces nuevo PlayStation; en noviembre de ese año compré Valkyria Chronicles Remastered, en una edición de colección con caja de metal por el bastante razonable precio de 650 pesotes (la remasterización había salido en febrero de ese año; de hecho el avance que puse es el de esta versión). El escaneo de esa caja de metal es la que sale hasta arriba.

Esta versión para PS4 contaba con trofeos, por supuesto.

Sin embargo, mi pila de juegos por jugar seguía como siempre ha estado y fui posponiendo jugarlo. Esto se mantuvo hasta noviembre de 2022, cuando al juego digital en la PlaySation Store le pusieron un descuento bastante bueno y estuvo disponible por el incomparable precio de seis dólares (bueno, 5.99), que dado que eran las épocas del súper peso creo que terminó costándome menos de cien pesos.

¿Para qué comprar un juego digital que ya tenía, físico y sin jugar, en PlayStation 3 y PlayStation 4? No sé, es el tipo de pendejadas que el hecho de no tener esposa e hijos me permiten hacer sin pensarlo demasiado.

Total que el año pasado, después de tomarme una pausa de casi medio año sin jugar videojuegos, decidí que era hora de por fin jugar Valkyria Chronicles, más de quince años después de haber escuchado por primera vez del juego.

Valkyria Chronicles sigue siendo de los juegos más hermosos que tiene el PlayStation 4. La remasterización básicamente sólo aumentó la resolución de las texturas; pero aunque el juego sigue viéndose increíble, como si fuera un animé donde cada cuadro es un primoroso dibujo con lápices de colores, no estoy hablando nada más acerca del aspecto visual.

Lápices de colores

Lápices de colores

La historia del juego es igualmente hermosa, si bien a veces algo inocente. En una Europa alterna se da una segunda guerra mundial alterna entre dos potencias, con la pequeña nación de Gallia justo enmedio de ellas, siendo en particular asediada por la Alianza Imperial porque quiere quitarle sus reservas de “ragnite”, un mineral que sirve como fuente de energía en ese mundo. La historia se centra en Welkin Gunther y Alicia Melchiott, dos habitantes de un pueblo fronterizo con la Alianza Imperial que es donde se da el primer combate entre las dos naciones.

Ambos muchachos terminan siendo parte del escuadrón 7 que Welkin, como teniente a cargo de un tanque, liderea. La historia empuja a estos dos muchachos a tener uno de los romances de animé más bonitos que yo haya visto, sin dramas pendejos entre ellos porque pues una guerra mundial da suficiente drama para que además los muchachos estén buscando otros.

Welkin y Alicia

Welkin y Alicia

Mecánicamente el juego está bien, siendo algo similar a un juego de ajedrez; uno coloca las piezas (los soldados) en el tablero (el mapa) y eventualmente ejecuta su ataque, con un sistema de probabilidades para saber cuándo, por ejemplo, un disparo de un fusil o de un tanque conecta con el enemigo; o cuándo un ataque de los enemigos falla en conectar. Los movimientos de las piezas son controlando a los monitos en una perspectiva de tercera persona. Al final de cada misión y dependiendo qué tan bien hayan salido las cosas, uno recibe una evaluación.

Estrategia

Estrategia

Digo que el juego está bien, pero la verdad es medio trivial terminar las misiones con la mejor evaluación posible (especialmente hacia el final, que uno ha desarrollado todas las armas y uniformes en su totalidad), porque no se evalúa otra cosa que no sea qué tan rápido (en cuántos turnos) uno termina la misión.

Esto es algo decepcionante, porque hubiera sido mucho más interesante que se evaluara, por ejemplo, que uno tuviera el menor número de bajas; o usando la mínima cantidad de municiones. Y está padre mover los tanques y atacar varias cosas usando múltiples estrategias; pero al fin y al cabo lo único que evalúa el juego es la rapidez.

Como sea, el juego a mí me encantó porque es una delicia nada más verlo, pero además también por la historia. Uno puede hacer que todos los miembros del escuadrón sobrevivan; y al final de la historia Welkin y Alicia terminan casados, con Welkin siendo maestro de primaria, Alicia abriendo una panadería y ambos teniendo a una adorable niña, nombrada como la hermana menor de Welkin que muere durante la historia, que es básicamente un clon en chiquito de Alicia.

Smol Alicia

Smol Alicia

Los trofeos no son triviales, pero ninguno es tampoco difícil; algunos nada más llevan tiempo. Hay que maximizar a todos los miembros del escuadrón 7 y esto se vuelve medio repetitivo; pero como recompensa uno obtiene la información de qué hizo cada uno de ellos al final de la guerra, lo cual está muy cagado. En total, me tomó menos de un mes entre el primer y último trofeo; pero es medio engañoso, porque los trofeos básicamente uno decide cuándo ir por ellos y además uno no puede ir por ellos luego luego en la historia.

Como ya mencioné, jugar el juego básicamente se convierte en ver un animé; hay villanos y princesas y emperadores y escenas dramáticas y acción y chicas superpoderosas y la chingada. Uno en principio podría preguntarse por qué no han hecho un animé del juego; pero pues después de jugarlo es fácil ver la respuesta: no es necesario, porque el juego es el animé.

Que por cierto, tiene una música bastante chingona.

Hay varias secuelas para Valkyria Chronicles, aunque medio desesperantemente la segunda y tercera partes están atrapadas únicamente para el PlayStation Portable (cuyos juegos no tienen trofeos); la cuarta parte y un quinto juego sí están disponibles para el PS4, ya las tengo y planeo algún día jugarlas.

Me llevó más de década y media por fin terminar este juego, y me alegra haberlo hecho. Lo recomiendo ampliamente; esta primera parte está disponible para PC, si les interesa.

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Dan Da Dan: Evil Eye

A mediados de junio, de pura chiripa, alcancé a ir a ver Dan Da Dan: Evil Eye al cine.

Se aplican las de siempre.

Dan Da Dan: Evil Eye

Dan Da Dan: Evil Eye

Digo de pura chiripa, porque por poco se me va. Además de que, como ya he explicado, muchas veces se me pasan los estrenos que no sean parte de la basura que produce Hollywood, está algo que debo confesar, queridos lectores.

Desde que regresamos de la pandemia, en general, casi exclusivamente voy al cine a salas VIP; casi siempre en Perisur. Normalmente ceno ahí mismo viendo mi película, y veo la misma literalmente acostado en los sillones reposet que tiene. Es un pequeño lujo, y definitivamente no lo valgo, pero no me importa.

La consecuencia de esto es que en general sólo veo la cartelera VIP; y las películas de animé normalmente no aparecen en dichas salas. Así que se me pasó esta película la semana de su estreno, pero vi que no le había ido tan mal en cartelera en Gringolandia y me asomé a ver si estaba aquí en México. La alcancé a ver y creo que a la siguiente semana la quitaron.

Como sea; al igual que con las quintillizas calientes, no tiene mucho sentido que reseñe esta película si no han visto la serie. Por suerte, la misma está disponible en Netflix y les digo aquí y ahora que si no la han visto y deciden no verla, que yo los voy a dejar de querer: es de verdad de las cosas más cagadas que existen y además es extraordinariamente buena.

Sí, también es muy romántica; pero les prometo que, aunque importante en la trama, no es lo fundamental. Hay extraterrestres; hay fantasmas; hay mostros; hay langostas boxeadoras; hay chiquititas; hay maniquíes que corren como Tom Cruise; de verdad, es buenísima.

La película es una pequeña reseña de la primera temporada y los primeros capítulos de la nueva temporada, que se estrenó hace unas semanas; entonces no es muy grave si no vieron la película en el cine.

A mí me encantó; en particular porque en las escenas donde Momo explora el pueblo sola, todo el tiempo está pensando si a Okarun le gustaría o no lo que ella ve. Pero repito: a mí me encanta la serie.

Como sea. les recomiendo que vean la serie, incluyendo la nueva temporada que se estrenó en julio; es imposible ver la película en el cine, pero no importa porque son nada más los primeros capítulos de la nueva temporada.

Es de los mejores animés de los últimos años; en serio es muy mala idea que se lo pierdan.

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La vida peatonal

(De nuevo no fue mi culpa que Aztlán no respondiera; estaban arreglando una subestación eléctrica en Ciudad Universitaria y se quedó sin luz el piso de mi cubículo.)

Justo el día que salimos de vacaciones de Semana Santa, me chocaron mi carro.

Fue el primer accidente mayor que tuve con mi coche, donde un camión tipo mudanzas decidió que quería aplastarme contra el camellón en Río Churubusco. Recuerdo claramente que sentí el golpe y nada más dejé escapar un tenue “oh”; en ningún momento tuve miedo, me di cuenta de inmediato de que mi carro me estaba protegiendo: sentía cómo el camión (que debía pesar unas cinco veces más que mi carrito, al menos) trataba de apachurrar mi auto y el mismo nada más se quejaba amargamente.

El resultado del choque fue que se le dio en la madre a casi todo el lado derecho de mi carro, además de partes del lado izquierdo. El carro seguía funcionando después del impacto, pero por supuesto se lo llevaron en grúa a que mi seguro evaluara el daño.

Mi carro madreado

Mi carro madreado

Total que terminé andando sin carro durante casi exactamente tres meses, lo cual no me pasaba… no recuerdo desde cuándo exactamente.

Mi primer carro fue mi querido Tsurito, que me lo vendió mi mamá (siendo honesto muy barato) después de ella usarlo varios años. Antes de eso me lo prestaba, pero el carro fue mío de mí hasta casi entrar a la maestría. Antes de eso, yo fui estudiante (y profesionista, un tiempo) de metro, micro, trolebús y tren ligero. Lo cual es por supuesto lo común con la gente que acudió toda su vida a escuelas públicas.

No me quejo la verdad; el transporte público de la Ciudad de México puede llegar a ser incómodo, pero es bastante rápido y eficiente e indudablemente barato. De hecho, en mis épocas de trabajador profesionista una de mis chambas estaba en Bosque de las Lomas en la Miguel Hidalgo, y a veces mi mamá me prestaba el carro: en esas ocasiones, no era raro que usar el carro resultara en que me tardara más en ir y regresar desde Xochimilco, donde vivía.

Como sea, que me quedara sin carro me obligó a usar de nuevo el transporte público de la CDMX y en particular a familiarizarme con las rutas disponibles alrededor de mi nuevo departamento. Vivo efectivamente (aunque no oficialmente) sobre el Eje 8 Sur Popocatépetl; tardo unos diez minutos en caminar a la estación del metro más cercana, pero a menos de una cuadra está una parada de la línea 13 del trolebús, que es lo que normalmente termino utilizando. De regreso, la parada correspondiente está todavía más cerca: mi celular trata de conectarse a mi red inalámbrica antes de que baje del trole.

Estos nuevos trolebuses normalmente ya no van conectados a las catenarias que están colgadas desde antes de que yo naciera; no tengo idea de cómo funcionan, pero evidentemente siguen siendo eléctricos, porque son sorpresivamente silenciosos. También están muy limpios y cómodos (generalmente) y no sé si tengan una suspensión especial, pero también el trayecto se siente muy suave.

Pero además, como me gusta dejar abierta la ventana de mi sala (que mira directamente al Eje 8), todo el tiempo escucho la campanita que suena el trole cuando llega a su parada; “¡tiling, tiling!”, le hace, con un sonido bastante romántico que he terminado por asociar a mi nuevo hogar.

Desde un punto de vista más ñoño, están las tarjetas de Movilidad Integrada; yo tengo la mía desde hace años, no recuerdo cuándo fue que la compré ni dónde, pero siempre la ando cargando. Obviamente es lo que uso en trolebús y metro, pero cuando se me estaba a punto de acabar el saldo, vi que la App CDMX permite cargarla usando NFC.

Ni siquiera me tengo que levantar de mi sofá para recargar la tarjeta. Es la neta, porque además el pago es casi automático con Google que, dado que ya es dueño de mi alma inmortal, en particular se acuerda de mi tarjeta de crédito.

Para ir a la Facultad de Ciencias normalmente salgo de mi casa, camino menos de 100 metros a la parada del trolebús; me bajó en Insurgentes, camino menos de 40 metros a la estación Río Churubusco del Metrobús; me bajo en la estación Ciudad Universitaria y camino unos 100 metros (que se sienten como 500 por el puente de caracol) a la parada cruzando de Trabajo Social, donde uno de múltiples Pumabuses me pueden dejar enfrente de la Facultad de Ciencias, o bien cruzando el estacionacionamiento para estudiantes. De regreso suelo hacer exactamente la ruta inversa.

Ya por fin me regresaron mi carro, pero estuvo simpático el utilizar el transporte público de nuevo. Sigo prefiriendo por mucho mi carro, pero si es necesario utilizar la alternativa no es tampoco como si fuera una tortura.

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The Dungeon of Black Company

El siguiente animé que vi fue The Dungeon of Black Company, también conocida como Meikyuu Black Company.

Meikyuu Black Company

Meikyuu Black Company

Un nini enclosetado trabaja ardua y poco éticamente durante varios años en bienes raíces hasta conseguir suficiente dinero como para vivir únicamente de sus rentas, lo que le permitirá por fin su sueño de ser nini desclosetado sin que nadie lo moleste.

Justo está celebrando que va a poder estar encerrado sin tener que trabajar, cuando es isekaiado a un mundo donde prontamente lo ponen a trabajar en una mina al servicio de una compañía híper capitalista, que únicamente le interesa sus ganancias, con el bienestar de sus trabajadores en un lejano último lugar. Nuestro protagonista comienza de nuevo a hacer tramas, manipulaciones e intrigas para poder recuperar su vida ideal de nini.

No entiendo muy bien por qué terminé de ver esta serie; no tiene para motivos prácticos romance, y aunque superficialmente es una crítica al capitalismo salvaje que existe en particular en Japón (del cual el mundo alterno es una parodia), realmente el protagonista no tiene problemas en sí con ese sistema, sólo le molesta que está debajo del tótem, no arriba.

En otras palabras como suelen ser muchos votantes del PAN.

Además de lo confuso del mensaje, la serie es suponidamente una comedia, y no recuerdo haberme reído mucho. Además además, se pone en sí misma confusa la historia cuando de repente existen viajes en el tiempo y otras cosas que, por lo que recuerdo, no avanzan en mucho la trama.

Total que para el final de la temporada, nuestro protagonista consigue dinero y poder y la opción de regresar a Japón; pero se da cuenta de que lo que realmente lo hace feliz es justo la búsqueda de dinero y poder, así que decide quedarse para expandir su imperio corporativo en el nuevo mundo.

No es exactamente el mensaje que hubiera imaginado de una serie con “Black Company” en el nombre, porque el término justamente describe a las compañías en Japón que explotan brutalmente a sus empleados. La serie parecería dar a entender que el único problema con esas compañías es cuando uno trabaja para ellas; el ser dueño de una de ellas o el sistema que permite que existan al parecer eso está bien.

No tengo problemas con humor oscuro, incluyendo con cosas con las que yo no estoy de acuerdo (ese es el punto del humor oscuro); la cosa es que a mí no me pareció particularmente divertida.

La pueden ver en Crunchyroll, por si ustedes son como esos votantes que están jodidos pero que votan en contra de programas que ayudan a los jodidos, porque la solución no es que tratemos de ayudar a todos los que están jodidos; la solución es aspirar a ser de la clase que jode a los jodidos, con la esperanza de seguir disfrutando de los frutos de joder a los jodidos.

Esto por cierto está estudiado, es la hipótesis Puom, o prospect of upward mobility (prospecto de movilidad hacia arriba). En la época de mis padres les decían traidores de clase, pero me imagino ese lenguaje ha caído en desuso hoy en día. El término moderno correcto probablemente sea el que usaba el Peje: aspiracionistas.

Como sea, no recomiendo la serie, realmente; por si no había quedado claro.

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Need for Speed Payback

Mi siguiente platino fue el de Need for Speed Payback. Tengo que mencionar que mi platino anterior, el de Green Day: Rock Band, lo obtuve el primero de enero de 2024. El platino de N4S:PB lo obtuve en noviembre de ese año. En otras palabras, pasó casi un año entre que obtuviera platinos. Explicaré por qué más adelante.

Need for Speed Payback

Need for Speed Payback

Después de divertirme horrores con Gran Turismo 6, decidí probar varios juegos de carreras para aprovechar mi volante.

Lamentablemente, resulta que un montón de juegos de carreras para el PlayStation 4 y 5 no funcionan con volante. Incluyendo algunos que son versiones remasterizadas de juegos de PlayStation 3 que sí funcionaban con volante, como Need for Speed: Hot Pursuit.

Como sea, Payback funciona con volante, que fue de las razones por las que lo terminé más o menos rápido… y aún así me tomó más de 10 meses.

Cuando salió este juego, recibió un montón de críticas porque el sistema para mejorar los carros es medio absurdo; está basado en tarjetas que mejoran un componente del carro, con ciertos beneficios adicionales aleatorios y siendo cada tarjeta de distintas marcas, generalmente dando cierto beneficio extra si 3 o más tarjetas son de la misma marca.

Las idiotas tarjetas se pueden obtener al ganar eventos y misiones; pero hay un componente de aleatoriedad cuando se consiguen. También se pueden comprar, pero suelene “acabarse” rápidamente en los talleres donde se compran. Y lo diabólico es que se pueden comprar con monedas exclusivas del videojuego, las cuales a su vez pueden comprarse con dinero de verdad. En otras palabras: microtransacciones.

Como jugué el juego siete años después de que saliera, todo ese tipo de cosas ya se habían calmado, entonces yo no tuve problema con el mismo. Nunca compré ninguna moneda y mis carros preferidos están básicamente con sus características maximizadas; o lo suficientemente cerca como para que no me importe. Pero justo esa es la cosa; a muchos jugadores les gusta tener el indiscutiblemente mejor carro posible, y eso sí es muy difícil (o tardado) si uno no compra monedas.

El juego está bien; nada más que después del placer de controlar un carro de manera casi perfecta en Gran Turismo, la implementación de los controles en Need for Speed la verdad sí deja qué desear. Sigue siendo mejor que usar un controlador; pero la verdad es tan poca la diferencia, que hubo ocasiones en que mejor jugué un par de misiones usando un controlador porque me daba flojera mover mi silla y volante.

Que fue también de las razones por las que me tardé más de 10 meses en terminarlo: una vez arreglando moví la silla y volante y me tardé meses en volverla a mover frente a mi tele. Además, el año pasado sí me tomé una pausa larga de jugar videojuegos; cerca de 6 meses, porque tengo un trofeo el 25 de enero y el siguiente que aparece fue hasta el 23 de julio.

Como sea: N4S:PB. La historia es entrañablemente mala, de tres amigos que se “enfrentan” a “la casa” (dueños de casinos) en una ciudad ficticia modelada en Las Vegas, después de que los traicionan tras de robar un súper carro. Pero pues sale Dominique Tipper como la villana inmediata, que a mí me encanta desde que vi The Expanse; entonces no me molestó particularmente. Nada más sí es malita.

Si hubieran puesto un romance entre Tyler y Jess, a lo mejor incluso me hubiera gustado la historia; pero tal vez es para bien que ni lo intentaran, dado que en general este videojuego no se caracteriza por tener la mejor narrativa posible.

N4S:PB es un juego de carritos competente, no terriblemente malo, pero definitivamente tampoco particularmente bueno. En trofeos creo que hubo como dos que sí me tuve que esforzar, siendo el resto realmente medio triviales. No me arrepiento de haber jugado este juego y obtenido su platino; pero tampoco es como que lo recomiende encarecidamente.

Nada más para terminar, el video de allá arriba está editado, porque por alguna razón mi capturadora de video hizo un pésimo trabajo: el video da brincos y se corta. Entonces usé el video que salva el PlayStation 4 y únicamente puse la parte que mi capturadorá grabó cuando salen los trofeos y el ding de los mismos. Sólo para aclarar.

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Thunderbolts*

A finales de abril fui a ver Thunderbolts*, o como el intento fallido de publicidad de Marvel nos hizo saber una semana después era el verdadero nombre, The New Avengers. De ahí el asterisco.

Thunderbolts*

Thunderbolts*

Vaya, ya era hora.

En mi humilde opinión, Thunderbolts* es lo más cercano que ha estado Marvel en años de llegar a la calidad que tenían alrededor de Endgame. La película está muy bien hecha, es espectacularmente actuada, deliciosamente divertida y, aunque sin duda alguna fue más por motivos económicos que por cualquier otra cosa, a mí me encantó que el tercer acto fuera básicamente un abrazo kumbaya, en lugar del vómito CGI que ha caracterizado a casi todas las películas de superhéroes de la última década.

La discutible protagonista de la película (que es básicamente una secuela de Black Widow), Yelena Belova interpretada de manera magistral por Florence Pugh, se roba todas sus escenas con su simpatía y carisma. Es en gran medida su película y su arco es sin duda alguna el más elaborado en la historia.

El nepobaby Wyatt Russell (hijo de Kurt Russell y Goldie Hawn) interpretando al dañado U.S. Agent (aunque me parece en la película nada más le dicen por su nombre, John Walker) es probablemente el que más me gustó después de la Pugh. El muchacho es muy buen actor, porque en la serie The Falcon and the Winter Soldier yo detesté a su personaje y en la película consiguió que me encariñara con él.

Red Guardian, aka Alexei Shostakov, interpretado de manera golosa por David Harbour es, como siempre, entrañable y cagadísimo. Su positividad y entusiasmo por pertenecer a un equipo de superhéroes y su sincero deseo que cuidar y proteger a Yelena lo hacen a mi vista de mis personajes favoritos en la película.

Hannah John-Kamen regresa para interpretar a Ava Starr, aka Ghost, la hermosa antiheroína de Ant-Man; la verdad es que no le dan mucho qué hacer en la película, pero casi en todas sus apariciones su belleza y carisma (así como su increíblemente sexy acento británico) hacen al menos que resalte.

Sebastian Stan siempre me ha gustado; y el Bucky del eMeCeU siempre me ha gustado. Lamentablemente tiene un papel bastante reducido en la película, pero discutiblemente la mejor escena de acción de la misma es suya. Yo esperaba que Bucky y Yelena comenzaran a cocer un arroz, como de hecho ocurrió en algún momento en los cómics; pero lamentablemente no sólo no ocurrió, sino que creo que definitivamente no están llevando para allá la historia de estos dos personajes.

El Taskmaster (Antonia Dreykov) de la Olga Kurylenko le hicieron asesinato de personaje, literal y figurativamente, porque la matan en los primeros minutos de la película. Salía en escenas al final de la película en los avances, y al parecer fueron nada más distracciones porque no querían revelar que la iban a matar.

Por último, pero no por ello menos importante, el otro nepobaby Lewis Pullman (hijo de Bill Pullman), realmente tiene una parte muy pequeña, pero es muy bueno el muchacho como el dañado, conflictuado e increíblemente poderoso Sentry. Su arco, a pesar de casi no tener antecedentes de su personaje, es sin duda el segundo mejor desarrollado en la película.

Estos Vengadores chafas son mucho menos poderosos y profesionales que los originales; pero también son mucho más entrañables y es más fácil identificarse con ellos.

En los personajes secundarios uno siempre aprecia a Julia Louis-Dreyfus, interpretando con relamidas de dedos a Valentina Allegra de Fontaine, interpretando a su vez a Chick Fury; pero la que se roba todas sus escenas es Geraldine Viswanathan como Mel: es adorable como su asistente teniendo dudas acerca de qué carajos está haciendo su jefa.

Me encantó esta película, queridos lectores; en mi opinión es de lo mejor que ha hecho Marvel en los últimos años… lo cual hace más descorazonador el hecho de que le haya ido pésimo; le fue peor que a la última del Capitán Mamérica.

Las razones son muchas, por supuesto; pero casi todo mundo está de acuerdo conque sencillamente muchos fans ya están hasta la madre de las bazofias que estaba produciendo Marvel. Eso y que tenemos que encarar el posible hecho de que a lo mejor sencillamente las audiencias ya están hartas de películas de superhéroes.

Durante décadas en Gringolandia las películas de vaqueros (como las de charros en México) eran, casi sin ningún esfuerzo, un éxito garantizado; pero esto terminó definitivamente el siglo pasado, y aunque ha habido películas de vaqueros exitosas desde entonces, algunas incluso buenas, nunca recuperaron su lugar en las preferencias del público que consume la basura que Hollywood produce.

A lo mejor es el turno de que eso le pase a las películas de superhéroes. A lo mejor ahora los grandes éxitos cinematográficos serán adaptaciones de videojuegos.

No lo sé, pero me parece muy mala onda, porque de verdad creo que The New Avengers es una película bastante buena. Claro que para apreciarla probablemente hayan tenido que ver antes las películas del Capitán Gringo; y la de la Viuda Negra; y Falcon and the Winter Soldier; no haría mal que vieran las de Ant-Man; y posiblemente ayude que vean las de los Vengadores… que con casi toda certeza eso que acabo de escribir sea la explicación de por qué no le fue bien a una película que no únicamente es muy entretenida y está muy bien hecha, sino que yo sostengo que es objetivamente buena.

La recomiendo encarecidamente; es de lo mejor que ha hecho Marvel en mucho tiempo.

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La batería

Green Day: Rock Band fue el último videojuego musical que jugué; obtuve su platino el primero de enero de 2024. Escribí al respecto hace un par de semanas, comentando que volví a usar mi robot y que fue sencillo cambiar el backend para que en lugar de mi Teensy++ 2.0 utilizara un Raspberry Pi Pico para manejar el microcontrolador de mi guitarra oficial de Rock Band.

Sin embargo, mientras actualizaba el robot y leía al respecto, me enteré de la existencia del MIDI Pro-Adapter para Wii. Esto me interesó por múltiples motivos.

Debo aclarar que esto ya no tiene nada qué ver con mis trofeos en PlayStation; ya tengo todos los trofeos de todos mis juegos musicales. Esto fue literalmente por deporte.

El MIDI Pro-Adapter es un (sorpresa) adaptador MIDI; permite conectar una batería electrónica (de hecho, cualquier instrumento MIDI), y el adaptador se conecta al PlayStation 3/4/5 por USB como siempre. El adaptador tiene los botones necesarios para funcionar como un controlador limitado en el PlayStation; pero puede interpretar ciertas notas del instrumento MIDI y traducirlas a los eventos que generan las baterías de plástico en los juegos de Rock Band; supongo que debe funcionar también con los juegos de Guitar Hero, pero la verdad no he probado.

La idea es usar una batería (electrónica) de verdad para jugar Rock Band; lo cual me parece bastante chido, por cierto. Sin embargo, mi interés en el adaptador se centró en las posibilidades de programación y de un proyecto de hardware interesante.

Resulta que uno puede programar un instrumento MIDI virtual en casi cualquier microcontrolador habido en el universo; pero en particular funciona en el Raspberry Pi Pico, que he venido usando en múltiples proyectos últimamente porque es baratísimo: 120 pesos en estos momentos en Amazon; menos de la mitad en Ali Express, que la verdad se ve medio hechizo, pero los comentarios hacen creer que sí funciona.

Entonces el plan era alambrar un instrumento MIDI en un Pi Pico, conectarlo al adaptador MIDI, y vía USB usar mi robot (el mismo robot que he venido desarrollando desde hace más de una década) para tocar la batería.

Ahora, mi robot ya puede tocar la batería en mi microcontrolador Teensy++ 2.0; pero siempre ha sido, quisquilloso, vamos a decir. Nunca he implementado bien todo el protocolo USB que utilizan los controladores de Rock Band y Guitar Hero; por esto en Green Day: Rock Band no podía usar “finger tapping”; ni tampoco detectar la fuerza de los batacazos en Guitar Hero Metallica. Si implementaba esta nueva versión no habría ese problema (al menos en Rock Band), porque usaría el instrumento oficial (el adaptador); yo sólo escribiría lo que le manda información MIDI al adaptador.

Más grave que las limitaciones de mi implementación USB (aunque probablemente relacionado), muchas veces un juego no acepta mi robot si emula el instrumento correspondiente al juego: en otras palabras, si juego Rock Band, entonces mi robot tiene que emular la batería de Guitar Hero; y si juego Guitar Hero, entonces tengo que emular la batería de Rock Band. Esto no es 100% cierto en todos los juegos ni todos los instrumentos; sólo pasa en algunos juegos con algunos instrumentos, pero es el patrón de fallo más común.

Lo que me imagino que pasa, es que cada compañía se ponía más flexible si detectaba instrumentos de la competencia, porque querían que los usuarios pudieran mezclarlos entre todos los juegos, al menos al inicio. Con los instrumentos correspondientes rápidamente se da cuenta el juego de que el instrumento no es “oficial” y sencillamente no lo acepta.

Esto resultó en que, en Rock Band 4, en general mi robot tuviera problemas con las partes de batería; si utilizo la batería de Guitar Hero (que estoy obligado, porque la de Rock Band la rechaza), las notas no corresponden exactamente y mi robot se confunde. Podría haberlo investigado más profundamente; de hecho estoy 94% seguro de que era nada más intercambiar ciertos colores y combinar un par, pero como no era absolutamente necesario para sacar el platino, no lo hice; nada más se quedaron las rolas con batería sin estrellas doradas.

Y de ahí mi interés en el adaptador MIDI: el pretexto fue para rascarme la comezón de que no tengo estrellas doradas en la parte de batería en mis rolas de Rock Band 4, pero realmente fue el deseo de experimentar con otra manera de hacer trampa para tocar los instrumentos de Rock Band, experimentar un poco más con el Raspberry Pico Pi y además alambrar un instrumento virtual MIDI, que nunca había hecho.

Como sea: el primer problema fue encontrar el adaptador. Si pusieron atención, queridos lectores, habrán notado que el adaptador que mencionaba es para Wii, el Nintendo Wii; sí existe para PlayStation, pero por lo que pude ver en línea es básicamente imposible de encontrar, y cuando aparece suele ser carísimo. En cambio la versión para Wii es relativamente sencilla de encontrar y a un precio razonable; y los degenerados que se pusieron a analizar los adaptadores se dieron cuenta de que ambos (el de PlayStation y el de Wii) son idénticos, excepto por un jumper que uno fácilmente puede desoldar o sencillamente romper con unas pinzas.

(Por cierto, al parecer este no es el caso para el Xbox 360; no tengo idea por qué, pero me da mucha risa).

Como sea, eso fue lo que yo hice; encontré el adaptador para Wii en eBay en 54 dólares, llegó a mi casa, le quité el jumper y funcionó en Rock Band 4 sin problemas.

El segundo problema fue programar el Raspberry Pi Pico para que funcionara como instrumento MIDI; que fuera backend de mi robot ya lo había hecho para sacar el platino de Green Day: Rock Band con el microcontrolador de mi guitarra. Programar los mensajes del protocolo resultó ser medio trivial, porque el protocolo MIDI es de los setentas y entonces es más espartano que Leónidas: consiste en enviar nada más tres bytes cada vez que una nota se toca o se deja de tocar: byte 1, el estado de la nota, si se prende o se apaga; byte 2, la nota que se debe prender o apagar; y byte 3, la “velocidad” de la nota, que al parecer es básicamente el volumen de la misma.

El problema realmente fue descifrar exactamente qué parámetros correspondían a qué pines en el microcontrolador, porque casi toda la documentación que hay para el Pico viene con ejemplos que están en Python, que a mí no me interesaba en lo más mínimo. Yo lo hice en C; y uno esperaría que fuera trivial pasar de Python a C, pero no es el caso en mi experiencia.

La respuesta fue que el UART que hay que usar es el 1, no el 0; y que el pin correspondiente es el que tiene identificador 4, pero que su número es 6. ¿Por qué? No tengo idea; esto lo encontré en básicamente un blog, y encima de todo nunca explican por qué.

El tercer problema fue alambrar todo; y para mí sí fue problema porque nunca estudié electrónica y me da mucha hueva. En todo lo que leí, se hacía mucho hincapié de que era necesario poner varias resistencias en varios puntos del circuito. Sé que eso tiene que ver conque Victoria Reina de Inglaterra, pero no sé porqué y no me interesa averiguarlo; yo seguí los diagramas como Marx me dio a entender y le recé a los dioses oscuros en los que nunca he creído para que no saliera humo mágico de ninguna pieza al conectar todo.

Cuando por fin llegó el momento de hacer mi prueba no salió humo mágico, pero por supuesto no funcionó, o al menos no consistentemente; estuve meneándole varias horas hasta que por fin me di cuenta de que sencillamente no estaban bien conectados los cables en varios puntos, porque no estaban soldados ya que sólo era una prueba. Así que soldé todo en una placa (paradójicamente, de prueba), volví a hacer mis pruebas y por fin todo funcionó.

El nuevo backend

El nuevo backend

Jala de pelos; en la gran mayoría de las canciones de Rock Band 4 mi robot puede no sólo obtener estrellas doradas, de hecho puede sacar full combo; dícese no cometer ni un solo error.

Esto no es en todas las canciones, porque el famoso adaptador MIDI no permite bataquear a la máxima velocidad de manera sostenida; no queda claro si esto es por mala onda o por algún error en el hardware, pero esto ha causado que inventen soluciones equivalentes al adaptador MIDI que se supone no tienen ese problema. A mí me parece medio caro, pero es más bien para las personas que sí quieren usar una batería (electrónica) de verdad para jugar Rock Band y obtener full combo en todas las canciones.

Como sea, no quería sacar las canciones de manera perfecta; sólo quería estrellas doradas. Además, quiero dejar bien claro que nunca he usado mi robot para tratar de escalar las listas de mejores jugadores; admiro mucho a la gente que usando únicamente su talento inato y practicando durante años se han vuelto vaguísimos en el juego. Yo descaradamente estoy haciendo trampa primero por mis trofeos y aquí nada más por las estrellas doradas (aunque realmente para entretenerme diseñando y alambrando el circuito).

Estuvo muy divertido programar para el Pico y alambrar todo; pero sigo alegrándome de haber estudiado Ciencias de la Computación y no Ingeniería de la Computación. Puedo soldar este tipo de circuitos, pero eso no necesariamente quiere decir que yo deba soldar este tipo de circuitos.

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Moonlit Fantasy

El siguiente animé que vi fue Moonlit Fantasy.

Moonlit Fantasy

Moonlit Fantasy

Las razones por las cuales veo un animé varían de caso en caso; Moonlit Fantasy es un Isekai, pero no es por eso que la continué viendo.

Casi no pude dejar de ver esta serie por la espectacular música del inicio, que inevitablemente me ponía de buen humor.

Por otro lado, y desde mi punto de vista, el diseño de personajes de esta serie es de los peores que he visto; me recordaba a cómo dibujaban algunos amigos míos de secundaria que lamentablemente no tenían ningún talento para ello.

El resto de la serie en general no es tan bueno como el inicio, ni tan malo como el diseño de personajes; es un Isekai relativamente genérico, con la casi única cosa original siendo que la diosa que rapta al protagonista de nuestro mundo para isekaiarlo al nuevo mundo de fantasía, lo encuentra horrible y entonces no le da el título de héroe, pero a cambio le permite entender y hablar todos los lenguajes del nuevo mundo, excepto por el humano.

En el nuevo mundo nuestro protagonista es altamente despreciado por los humanos, porque lo encuentran también horrible; así que inevitablemente el protagonista comienza a juntarse con monstruos, incuyendo una dragona y una araña gigante voraz, que por supuesto en sus formas humanas son (se supone) increíblemente sexis y hermosas.

La verdad yo a todos los veía horribles, porque les digo que el diseño de personajes es más bien espantoso.

Como sea, muchas aventuras se siguen, y por supuesto resulta que nuestro protagonista es increíblemente poderoso y por ello atrae a un montón de féminas a su harén (la unidad familiar básica del animé); nada más que en general son todas ellas monstruas de algún tipo.

Está divertida y la historia tiene algunas partes interesantes; me chuté dos temporadas de la misma y supongo que veré otras en el futuro si las hacen. Nada más no me engaño; terminé esa primer temporada porque de verdad la música del primer inicio es espectacular.

Está en Crunchyroll, si les interesa.

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Green Day: Rock Band

Una de las razones por las que me puse a jugar videojuegos trophy bait fue porque estaba terminando con Green Day: Rock Band, y temía que no me fuera a alcanzar el tiempo para terminarlo. Que hice bien; me quedó faltando el último trofeo de GD:RB, que sólo pude obtener hasta el 1° de enero del año pasado.

Green Day: Rock Band

Green Day: Rock Band

Green Day: Rock Band fue el epítome de videojuegos musicales de Rock Band, antes de que cometieran el error garrafal de tratar de cambiar las guitarras de plástico por una versión mucho más compleja con 102 botones, para Rock Band 3. Por eso (y otras razones) Rock Band 4 regresó al modelo original.

Como sea: GD:RB me encantó; no sólo por ser el epítome de videojuegos musicales de Rock Band, sino porque descubrí, con algo de sorpresa, que soy fan de Green Day. Hago énfasis de que también jugué Guitar Hero: Metallica, y aunque me dio una nueva apreciación de la banda epónimamente metalera, la verdad no me considero fan de Metallica.

Green Day sin embargo me di cuenta de que sí soy fan. La verdad no sabía; me alegra descubrir que a ésta edad, todavía puedo sorprenderme a mí mismo.

Como sea, ¿por qué me tardé un día de más en terminar GD:RB? Utilicé, como siempre, mi robot para tocar todas las rolas del juego de manera perfecta y obtener así los trofeos que no me salieran a mí, entonces ¿qué problema tuve para retrasarme un día?

Fue justamente el último trofeo que obtuve: Ability to Operate Machinery, que consiste en obtener el 100% del solo de guitarra en Jesus Of Suburbia, pero utilizando únicamente “finger tapping”. Esto se traduce en usar los botones pequeños cerca del cuerpo que las guitarras de Rock Band siempre traen.

Y ahí radicaba el problema: mi robot funciona con Green Day: Rock Band si emulo una guitarra de Guitar Hero, pero no funciona si emula una de Rock Band; por lo tanto no podía emular el “finger tapping”. Escribiré una entrada más adelante de por qué existe este problema y las cosas que he hecho para darle la vuelta (me da mucha flojera resolverlo como debe de ser).

El obtener (e implementar) cómo darle la vuelta me llevó varios días, hasta que por fin se me prendió el foco. Lo que hice fue quitar el microcontrolador de mi fiel Fender Stratocaster, la primera guitarra de Rock Band que compré y que utilizo todavía hoy en día. Al microcontrolador de mi guitarra le conecté un Raspberry Pi Pico vía nueve relés que abrían y cerraban los contactos correspondientes a los cinco botones de “finger tapping” de la guitarra (verde, rojo, amarillo, azul y naranja) y a los cuatro botones del hat pad (arriba, abajo, izquierda y derecha).

Microcontrolador y relés

Microcontrolador y relés

Me preocupaba que los relés fueran a reaccionar demasiado lento para la velocidad en que hay que estar picando los botones en la guitarra, pero sorprendentemente funcionó de manera casi perfecta: pueden ver cómo funciona en el tubo. Lo único que no fue perfecto fue que no implementé que el microcontrolador controlara la whammy bar; tendría que haber leído los datos que manda la whammy bar de la guitarra, y emular eso con el Pico. Pero pues esta nueva versión de mi robot sacó 100% no nada más en el solo de guitarra: sacó 100% en toda la canción sin ningún error (full combo, aunque todavía no se le llamaba así), y con eso el trofeo y el platino. Es el video que pongo al inicio de la entrada.

Esto me permitió comprobar que el diseño de mi robot es bueno, porque cambiar el backend para Pico en lugar de Teensy 2.0++ fue básicamente trivial. También ayuda que el Pico es muchísimo más fácil de programar y utilizar; por ejemplo, la comunicación vía serial está incluida dentro del mismo microcontrolador, y existe automáticamente vía USB si uno la activa en lo que sea que se programa.

Green Day: Rock Band fue el último juego musical del cual obtuve su platino: y dado el estado de este tipo de juegos, me imagino que será el último por un buen tiempo. Pero como siempre más importante que todo eso: me divertí como enano jugándolo y (poco sorprendente para mí) programando y alambrando la solución que le permitió a mi robot obtener los trofeos más difíciles.

Tanto fue así, que de hecho todavía le hice una cosa más a mi robot, aunque yo ya no necesitara ningún trofeo en ninguno de mis juegos. Pero de eso hablaré más adelante.

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El Contador 2

Hace casi una década fui a ver The Accountant, que en su momento me gustó pero que con repetidas vistas se volvió de mis películas de acción, comedias y medio románticas favoritas.

A finales de abril de este año fui a ver más o menos emocionado la segunda parte. Se aplican las advertencias de spoilers de siempre.

The Accountant 2

The Accountant 2

Salí un poquito decepcionado.

No me malinterpreten, queridos lectores; la película es probablemente más divertida y me parece con más y mejor acción que la anterior; pero justamente decidieron enfocarse en la relación entre Christopher y Braxton en lugar de agregar nada realmente romántico. Todo lo que pudiera interpretarse como romance realmente termina siendo alivio cómico.

Y pues justo las historias de relaciones entre hermanos nunca han llamado mucho mi atención; me basta mi relación con mi hermano.

Se siente incluso un poquito humillante para Anna Kendrick, porque regresaron la bellísima Cynthia Addai-Robinson y el siempre bienvenido J. K. Simmons (si bien nada más como diez minutos), y a la hermosa chaparrita no la invitaron a ir a jugar con ellos de nuevo.

Como sea; la película está bastante entretenida, y me pareció interesante que dejaran entrever que Braxton, para sorpresa de absolutamente nadie, está obviamente también en el espectro del autismo, nada más es de esos autistas rarísimos que además son extrovertidos.

La historia es todavía más inverosímil que la de la primera parte, pero además de que cambiaron a la actriz que interpreta a Justine (por una más joven y guapa, que me parece lo hace peor), ahora la genio autista dirige un grupo de niños y adolescentes ídem en el instituto donde viven que utiliza para poder crackear información imposible de obtener de otra manera (al menos rápida y legalmente).

Esto me decepcionó un poco; aunque la primera parte termina siendo un cuento de hadas al fin y al cabo, dentro de lo que cabe su representación del autismo era más o menos creíble y respetuosa. En esta secuela una vez más Hollywood cae en el cliché de mostrar a los autistas como una combinación de genios y magos.

Pero no me engaño: a mí lo que me decepcionó es que no volviera a aparecer la Kendrick, y que Ben Affleck no le diera el rigor de varón que el personaje de la chaparrita evidentemente deseaba en la primera parte.

A la película le fue meh; no prendió en fuego a la ganancia en cartelera, pero le fue más o menos y al parecer recuperará su presupuesto en los mercados auxiliares, por lo que están hablando de hacer una tercera parte. Enfatizando además de que ahora sí invitarían de regreso a la Kendrick; yo creo dándose cuenta los tarados de que probablemente por eso no le fue tan bien a esta segunda parte.

Como sea; a mí me quedaron a deber más Kendrick, pero debo admitir que está entretenida y es divertido ver al mastodonte de Ben Affleck desahogar su ira de que se haya divorciado de nuevo en villanos de pacotilla. Sí la recomiendo; y si regresa la Kendrick en la tercera parte esa la voy a recomendar más.

Está en Prime Video, junto con la primera parte, si les interesa.

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El escritorio

Casi toda mi vida antes de ser adulto la viví en la colonia Ramos Millán, en la delegación Iztacalco. Nací en el hospital López Mateos en Churubusco, no sé por qué, pero todas mis primeras memorias transcurren en la Ramos Millán; y aunque siempre he dicho (y sostengo) que tuve una niñez feliz, la verdad no extraño absolutamente nada de esa casa y ese rumbo. Tal vez la barbacoa que mi mamá compraba los domingos, pero ni siquiera estoy del todo seguro; en estos días, es muy frecuente que coma muy buena barbacoa.

Nos mudamos a la colonia Jardines del Sur en Xochimilco en diciembre de 1993, cuando yo estaba terminando el primer semestre del CCH Sur y a unos meses de cumplir 17 años. Antes de eso, toda mi vida compartí recámara con mi hermano; pero en Xochimilco por fin tuvimos cada quien su cuarto.

No recuerdo si fue por eso, pero mi mamá nos compró escritorios idénticos a mi hermano y a mí. De madera no particularmente fina, pero tampoco corrientísima, pintados de color caoba; o mejor dicho manchados de color caoba (como le dicen los gringos, stained), porque se podía ver el grano de la madera.

El escritorio, además de los clavos, no tenía absolutamente nada de metal; los cajones son ortoedros de madera, hay soportes de madera que los sostienen, y entonces todo funciona de manera bastante primitiva con los cajones arrastrándose sobre los soportes: nada de las viejas correderas de metal con rueditas de plástico.

Correderas de metal con rueditas de plástico

Correderas de metal con rueditas de plástico

Mucho menos los modernos rieles de metal con rodamientos de bola que suelen usarse hoy en día.

Rieles de metal con rodamientos de bola

Rieles de metal con rodamientos de bola

La verdad nunca usé mi escritorio para escribir, de mi puño y letra, porque es algo que nunca he hecho regularmente; pero en cuanto me compraron mi primera computadora mía de mí en la universidad, la misma terminó en mi escritorio porque ¿dónde más la iba a poner?

De las primeras fotos de mi galería en línea son justo de alguna de mis computadoras en ese viejo escritorio.

Escritorio

Escritorio

Cuando me mudé a mi primer departamento me llevé el escritorio, porque no tenía de otra; necesitaba un lugar dónde poder trabajar en mi computadora. Años después, en el proceso de mudarme con alguna novia, me pasó por la cabeza el deshacerme del escritorio, porque es pesado y voluminoso y ya para ese entonces comenzaba a verse bastante maltratado: los gabinetes, monitores, teclados y ratones habían rayado bastante la madera a lo largo de los años.

Dicha novia me hizo notar que estaba pero si bien pendejo si me deshacía de él; ese escritorio (me dijo ella) era por mucho el mejor mueble en mi posesión. Como ella sin duda alguna sabía mucho más que yo acerca de la buena calidad en las cosas materiales en la vida, me lo llevé. Y luego lo regresé a mi departamento cuando tronamos.

Poco antes de la pandemia, ya siendo yo profesor de tiempo completo, compré un escritorio en Ikea; y si soy preciso armé yo un escritorio con piezas de Ikea, comprando de forma separada un tablero (Tommaryd color carbón de 130cm×70cm) y cuatro patas (Adils, negras). No es que le hubiera pasado algo al famoso escritorio de madrea; nada más yo ya estaba hasta la madre de no poder estirar las piernas cómodamente debajo del mismo: como se ve en la foto arriba, tiene cajones a ambos lados y toda la parte trasera está tapada.

Mi nuevo escritorio (que sigo usando) es literalmente un tablero y cuatro patas: puedo estirar las piernas tanto como se me dé la regalada gana. El tablero es básicamente de las mismas dimensiones que el viejo escritorio de madera (difieren por un par de centímetros), porque a lo largo de los años me acostumbré a esa área de trabajo.

Como sea, el viejo escritorio de madera no lo tiré; lo seguí usando como espacio de almacenamiento (los cajones ortoedros son bastante espaciosos) y además puse ahí mi gabinete (no quería ponerlo encima del nuevo escritorio ni en el piso). También puse ahí mi escáner.

Ahora que me mudé a mi nuevo departamento, me traje una vez más el viejo escritorio de madera. Me parece que ya no es el mejor mueble en mi posesión; pero sin duda alguna es bueno (digo, tengo más de treinta años con él). Mi nueva oficina en mi departamento es más grande que la que tenía antes, así que hice un reacomodo y decidí que el viejo escritorio de madera seguiría con su papel como espacio de almacenamiento, pero ahora pondría encima mi impresora 3D y varios chunches relacionados con eso.

En el proceso de ordenar todas mis posesiones en el nuevo departamento, procedí a darle una buena limpiada al viejo escritorio de madera, lo que me hizo percatarme de lo madreado que lo tenía: sí reflejaba los treinta años que llevo usándolo.

El escritorio antes

El escritorio antes

Entre las cosas que compré cuando me mudé fue una lijadora eléctrica de mano, que principalmente he usado para lijar paredes (larga historia); y entonces comencé a juguetear con la idea de lijar el escritorio (o al menos la parte de arriba) y volverla a manchar, encerar y pulir. Lo único que me detuvo fue que esa pinche lijadora genera una cantidad apocalíptica de polvo de yeso cuando lijo paredes; no quiero ni imaginarme la cantidad apocalíptica de aserrín que generaría si lijara mi escritorio.

Estaba entonces ponderando si me animaba o no a lijar mi escritorio y generar una cantidad apocalíptica de aserrín, cuando vi un video en YouTube. Me encanta ver videos en YouTube donde restauran cosas; no importa particularmente qué, sólo el proceso de restauración en sí mismo es suficiente. Carros, muebles, juguetes, electrónicos, maquinaria, herramientas; cualquier cosa que alguien con mucho más talento que yo transforme de casi basura a una pieza que bien podría pasar por nueva, es como pornografía para mí. Entonces pues el algoritmo me recomienda cosas relacionadas con restauraciones de vez en cuando; y así fue como terminé viendo un video donde restauraban un mueble de madera sospechosamente similar a mi escritorio.

Siendo preciso, no “restauran” el mueble; básicamente sólo lo manchan de nuevo, pero con un químico impío que aplican con fibra de metal muy fina, y que al menos en el video hace que parezca magia. Así que decidí que trataría eso en lugar de generar una cantidad apocalíptica de aserrín con mi lijadora eléctrica de mano.

La chingadera de verdad funciona como magia; especialmente con rayaduras superficiales. Pero incluso con rayaduras profundas las oculta bastante bien. Luego enceré el escritorio con cera de abeja para madera y lo pulí sin echarle muchas ganas, porque ya me había cansado para ese momento. Me costó más o menos quinientos pesos y medio día de mi vida, pero la verdad me gustó mucho cómo quedó el viejo escritorio de madera.

El escritorio después

El escritorio después

Le habría podido parar ahí; básicamente había restaurado mi escritorio a un estado similar al que tenía hace veinte años, de los treinta que lleva conmigo. Sin embargo, le hice todavía una modificación de la que hablaré más tarde.

Este viejo escritorio de madera creo que se me pasó la oportunidad que tuve de deshacerme de él; lo voy a andar cargando conmigo el resto de mi vida, me parece. Me alegra haberle dado esta manita de gato; y creo que ya no abusaré tanto de él, entonces espero que no sea necesario volverlo a restaurar dentro de treinta años.

Y sí, estoy suponiendo que voy a llegar a mis ochentas, porque soy optimista.

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Miss Kobayashi’s Dragon Maid

El siguiente animé que me aventé fue Kobayashi-san Chi no Maid Dragon.

Miss Kobayashi's Dragon Maid

Miss Kobayashi’s Dragon Maid

Kobayashi (no sabemos su nombre de pila) es una programadora explotada por la compañía donde trabaja, que no es femenina ni sexy (aunque es bastante linda, cuando se le da la regalada gana) y que de hecho no es raro que la confundan por un niño, dado que es plana como burro de planchar y generalmente no se le da la regalada gana arreglarse. Un día después de emborracharse al salir de su trabajo se va literalmente al monte, donde encuentra una dragona a punto de morir porque tiene atravesada una Espada Sagrada que no se puede quitar… porque es sagrada.

Kobayashi no tiene problemas en quitar la Espada Sagrada, porque es atea y por lo tanto inmune a artefactos sagrados. La dragona, que se llama Tohru y que en forma humana es espectacularmente hermosa y sexy, ofrece en gratitud para toda la eternidad convertirse en sirviente de Kobayashi, que no del todo convencida acepta acogerla como su criada.

Tohru

Tohru

Eso suena divertido, pero la serie es todavía más hilarante y sin duda original, especialmente si destilamos su trama a sus componentes básicos.

Dragonas lesbianas.

La serie trata de dragonas lesbianas; para que no digan que no hay nada original en este mundo, narrativamente hablando.

Un montón más de dragonas (y uno que otro dragón además de otras criaturas mitológicas) terminan apareciendo alrededor de Kobayashi y sus amigos, y la serie es al mismo tiempo llena de acción inesperada y espectacularmente animada; hilarante con un humor al mismo tiempo sexy e inocente; y sorprendentemente romántica, con Tohru muriéndose de ganas de que Kobayashi le coma su cola.

Esto, por cierto, es en sentido literal: Tohru afirma que su cola de dragón (que se puede cortar sin problemas; le vuelve a crecer como a una lagartija) tiene propiedades curativas casi mágicas; y por alguna razón está convencida de que una vez que Kobayashi pruebe su cola, se enamorará perdidamente de ella.

Supongo que podría enunciarse esa oración de una manera menos propensa al doble sentido, pero qué le vamos a hacer.

Es, sin duda alguna, de las mejores series de animé que he visto en mucho tiempo; por supuesto el romance la hace casi crack para mí, pero además está de verdad espectacularmente animada, con una música increíble, y es sin duda alguna de las series más divertidas que he visto en mucho tiempo.

Además además es de verdad muy tierna, con Kobayashi y Tohru viviendo prácticamente en amasiato junto con Kanna, su hijita dragona que es ridículamente adorable… y que realmente tiene cientos de años, pero pues los dragones viven durante milenios, entonces sigue siendo una niña y ve a Kobayashi como una figura materna.

Kanna

Kanna

Por supuesto, Kobayashi todavía no se ha dejado tronar su cacahuatito y la muy maldita ni siquiera le ha dicho a Tohru que la quiere, aunque es obvio que de hecho es lo que ocurre. Tohru no ayuda, tratando por todos los medios de que Kobayashi le coma la cola (sin doble sentido, pero también con él), e incluso en una ocasión casi engañándola para que se case con ella.

No puedo además dejar de mencionar que entre las criaturas mágicas que aparecen en la serie está Quetzalcóatl, que en forma humana es por supuesto ridículamente hermosa, sexy y voluptuosa, y que como los japoneses es para motivos prácticos genéticamente imposible que pronuncien bien “Quetzalcóatl”, le dicen Lucoa.

Lucoa

Lucoa

(También quiere tronarle los huesitos a un niño mago de menos de 10 años, pero no pensemos mucho en esas cosas).

De verdad es de los mejores animés que he visto en años; la recomiendo encarecidamente. Está en Crunchy roll; pero además pueden ver legalmente el primer episodio en el Tubo.

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Pinball Heroes

Mi siguiente platino fue el de Pinball Heroes.

Pinball Heroes

Pinball Heroes

La versión fue para PlayStation 5; como muchos de mis juegos modernos, no tengo copia física y entonces uso la portada de la PlayStation Store.

Las maquinitas de pinball son un precursor de los videojuegos que están a punto de cumplir un siglo de existencia. Hay mucha gente fascinada por las mismas; hay quienes las colecciona; o compran versiones chiquitas; o incluso quienes las construyen.

Y por supuesto está Pinball Wizard, la canción de The Who parte de su ópera rockera Tommy (junto con la correspondiente película), donde el epónimo héroe es como dice la canción: un mago del pinball.

La fascinación de las maquinitas de pinball, medio inevitablemente, se derramó al mundo de los videojuegos, existiendo juegos para consolas y computadoras que las emulan casi desde el inicio, con ejemplos disponibles desde 1974.

Recuerdo claramente cómo, en 1995, uno de los puntos para anunciar Microsoft Plus! era justamente que incluía 3D Pinball for Windows – Space Cadet, una versión algo castrada de Full Tilt! Pinball, publicada por Maxis, los mismos de Sim City y The Sims.

Cuando salió Windows XP, el mismo juego venía incluido, y recuerdo que me dije a mí mismo: “mí mismo, vamos a jugarlo, a ver por qué tanta alharaca”.

Queridos lectores: nunca le encontré el chiste.

No sólo a los videojuegos que las emulan, sino a las mismas maquinitas de pinball; cada vez que he jugado en una de ellas me digo a mí mismo: “mí mismo, esto es idiota”.

Entonces, tal vez se pregunten, queridos lectores, ¿por qué compré Pinball Heroes? Porque me salió en cero dólares con cero centavos; no recuerdo si era así el descuento (es raro que ocurra, pero ocurre); o si fue parte de los juegos gratuitos de PlayStation Plus (más probable).

Total que andaba a finales de 2023 viendo qué juegos podía rápidamente terminar para obtener más trofeos y superar mi récord de 2022, y vi que Pinball Heroes se veía fácil. Y ciertamente es fácil: tiene una funcionalidad de regresar en el tiempo, entonces es básicamente imposible equivocarse nunca. Si uno comete un error, sencillamente retrocede en el tiempo y vuelve a intentar.

El juego está bien, supongo. Nada más es emular maquinitas de pinball, entonces a mí me resulta más bien idiota. Los fans de estas pendejadas se vuelven locos con el “tema” de cada maquinita y los gráficos y la musiquita y los efectos de sonido incluidos. Este juego contiene múltiples mesas, con temas de videojuegos clásicos del PlayStation (al parecer, Uncharted ahora es clásico); con lucecitas y musiquita especial para cada una.

Yo las encontré a todas y cada una de ellas bastante idiotas. Pero, hey, me salió gratis y obtuve 21 trofeos, incluyendo uno de platino.

No me quejo.

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Novocaine: Sin Dolor

A mediados de marzo fui a ver Novocaine.

Se aplican ya saben.

Novocaine

Novocaine

El nepobaby Jack Quaid interpreta a Nathan “Novocaine” Caine, el subgerente de un banco que tiene una condición genética que no le permite sentir dolor (algo que inverosímilmente sí existe); esto afecta toda su vida, porque vive aterrado de cualquier cosa que pueda lastimarlo, porque no se va a dar cuenta y potencialmente puede morir de una pequeña herida por nunca atenderla.

Por poner un ejemplo, Nathan no consume alimentos sólidos porque podría morderse la lengua y desangrarse sin darse cuenta.

En el banco donde trabaja Nathan hay una cajera que le gusta, Sherry Margrave interpretada por Amber Midthunder, y que después de muchos titubeos invita a salir y comienza a tener una conexión con ella, todo para que al otro día asalten el banco y la tomen como rehén.

Idiota, como es universalmente conocido que somos los hombres enamorados, Nathan toma la patrulla de un policía herido (después de salvarle la vida; Nathan sabe todo acerca de primeros auxilios) y va detrás de los ladrones y su potencial media naranja.

No puedo, en buena consciencia, decir que Novocaine es una buena película… porque no lo es. Pero sí puedo decirles, queridos lectores, que a mí me encantó y me pareció divertidísima; justo el equilibrio de acción, romance y comedia que a mí me encanta. Además, es un poquito asquerosa con las heridas que el pobre Nathan recibe, lo cual a mi parecer aumentan el humor negro de la película.

Si uno quiere encontrar fallas en la película es fácil hacerlo porque abundan, comenzando por el hecho de que Nathan la única ventaja que tiene (si queremos considerarla ventaja) es que no siente dolor: no es invulnerable, ni tampoco tiene un factor de curación; nada más el dolor que normalmente incapacitaría a cualquier ser humano normal le hace lo que el viento a Juárez.

De todas maneras la película muestra las brutales heridas que sufre Nathan de manera muy entretenida, si son como yo y ese tipo de pendejadas les dan risa: yo cuando era niño terminaba en una clínica del ISSSTE cada dos semanas, porque no me estaba quieto y resultaba en que me accidentara cada rato. Aprendí a tomar el dolor físico de accidentes con buen humor.

Sherry Margrave está linda como Amber y su personaje es muchísimo más complejo de lo que podría parecer al inicio. Sale Jacob Batalon (Ned en las nuevas películas de Spider-Man) como el amigo de juegos en línea de Nathan bastante bien; y Jack Quaid es igualmente adorable y estupidísimo en la película: su cara idiota queda muy bien en su papel de joven buena gente pero más bien güey. A mí me encanta Jack Quaid en The Boys y aquí interpreta un papel más o menos similar, que me parece es del tipo de los que le quedan.

El actor que más me sorprendió, sin embargo, fue Ray Nicholson; otro nepobaby hijo de Jack Nicholson; podría parecer que imita los gestos de su padre, pero creo que sencillamente ambos los dos a la parca juntos tienen cara de psicópatas, lo que le queda en el papel del líder de los ladrones.

Me divirtió mucho esta película y me alegra haberla visto en el cine. La recomiendo encarecidamente, nada más sí advierto: la violencia es sangrienta y brutal (es parte del chiste) y el pobre cuerpo de Nathan sufre mucho más daño de lo que un héroe de acción normalmente sufre.

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Mickey 17

A inicios de marzo fui a ver Mickey 17, porque se veía divertida de los avances.

Se aplican las advertencias de spoilers de siempre, pero les adelanto que no la encontré tan divertida que digamos.

Mickey 17

Mickey 17

En un nebuloso futuro, un patético perdedor, para escapar de un usurero, se une junto con su mejor “amigo” a una expedición para colonizar un planeta cubierto en hielo. Como no tiene ningún tipo de calificación que sirva para nada, se une como un reemplazable, con la idea de que se ofrecerá como “voluntario” y cada vez que muera entonces volverán a imprimir una copia de su cuerpo y le injertarán la última copia de sus memorias. De ahí el 17; la trama comienza realmente cuando imprimen la copia número 17 de Mickey.

Esto es idiota por muchísimas razones, pero lo que no me cabe en la cabeza a mí es qué tipo de retrasado mental consentiría algo de este estilo.

Pienso, luego existo. Yo no soy mi cuerpo ni mis memorias; soy el flujo de consciencia que mantengo desde unos meses después de que naciera. Si ese flujo se detiene, yo muero; no importa que haya una copia de mi cuerpo y mis memorias dando de brincos por ahí. Yo sé que hay quienes no están de acuerdo con esto, pero obviamente están equivocados, entonces podemos ignorarlos fácilmente.

Como sea; tal vez justamente por eso Mickey acepta tan espantoso trato: es muy probable que sea así de retrasado mental.

La historia es maniquea y sin mucho sentido, lo cual no necesariamente es grave; lo grave para mí es que no la encontré particularmente divertida.

Mark Ruffalo y Toni Collette son de mis actores favoritos, pero están increíblemente sobreactuados en esta película; tanto que el estereotipo que quieren parodiar (políticos tipo Trump y sus esposas) es imposible tomárselos en serio por estar tan caricaturizados, lo que quita cualquier tipo de garra a dicha parodia.

Por favor tomen un segundo para procesar eso: arruinan el burlarse de Trump.

Y básicamente esos son dos de los tres pilares de la historia: la crueldad y estupidez de los líderes de la expedición; y la inocencia y estupidez de Mickey. A mí no me pareció particularmente divertida.

El tercer pilar son los asquerosos bichos, pero de eso hablaré más adelante.

Mickey 18 es un poquito más interesante, pero evidentemente termina siendo secundario a (y al final se sacrifica por) Mickey 17.

Robert Pattinson es excelente como Mickey 17 y 18 (las demás copias duran como catorce segundos en pantalla en total); el muchacho es innegablemente buen actor y hace cosas interesantes con las dos copias con las que pasamos más tiempo en la película.

Además, Naomi Ackie y Anamaria Vartolomei son estupidizantemente hermosas y hay una escena donde la segunda trata de encelar a la primera y la verdad eso sí estuvo divertido.

Además además, el montaje de las muertes de las distintas copias de Mickey también está divertido, pero casi todo lo habíamos visto en los avances de la película.

En general todo lo demás lo encontré entre aburrido y asqueroso. Los efectos especiales son bastante patéticos, con los alienígenas viéndose exactamente como las marionetas que son. Los bichos mismos son una ridícula exageración de argumentos veganos (lo cual hace que pierdan cualquier tipo de seriedad para mí) combinada con el estúpido cliché del salvaje noble. La ciencia de la película es cuestionable en el mejor de los casos y ridícula en el peor. Y la historia es más bien moralista y maniquea de manera bastante pendeja; especialmente al incorporar a los asquerosos alienígenas.

Y de verdad, todos los personajes son bastante desagradables; incluyendo a Mickey 17 con su abrumadora estupidez.

Esperaba mucho más de esta película; pero en particular esperaba que fuera divertida. No lo fue para mí, en general.

No la recomiendo, realmente. Pero está en Max si les interesa.

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La tableta

Y pues resulta que yo tengo una tableta, desde hace años. De hecho, es mi tercera tableta; originalmente tuve una Nexus 7, luego tuve una Huawei (que perturbadoramente no puedo encontrar dónde chingados la compré), y finalmente la Lenovo de la que estoy hablando que, definitivamente, no la uso para trabajar; al menos no regularmente.

Sí ha ocurrido que leo tesis de mis alumnos en ella, pero no es lo común; no me acomodo a agregar notas a PDFs, y pues no leo tesis por gusto, es porque las estoy corrigiendo.

Para lo que más uso mi tableta entonces es para ver cosas antes de dormir. Normalmente veo cosas en mi sala, donde tengo una televisión de 65 pulgadas y un sistema de sonido 5.1; a veces me retiro a mi recámara, donde tengo una televisión de 46 pulgadas y una modesta barra de sonido estéreo con un pequeño subwoofer; pero lo más común es que agarre mi tableta y lea manga, o novelas, o vea videos en YouTube.

A veces veo Netflix, Max o Prime Video; pero la tableta tenía una madre que hace que el video en esos servicios esté acotado por arriba a una resolución de 720p. Es ridículo, porque es como que la aplicación más natural para una tableta de ese tamaño (10 pulgadas), pero entonces lo común es que no viera series o películas en ella.

Como sea; mi tableta es más bien limitada, es muy común que sienta que mi teléfono celular es muchísimo más rápido y con tiempo de respuesta más corto. Pero pues está bien para lo que la uso.

Probablemente hubiera seguido usando mi tableta de esta manera hasta que el hardware de la misma pasara a mejor vida, si no fuera por un pequeño problema: dejó de recibir actualizaciones más o menos en 2022, pero además la última actualización que tuvo la dejó con Android 10.

Esto en sí mismo no es terriblemente grave; todas las aplicaciones que uso en la tableta funcionan con Android 10 y no se ve que eso vaya a cambiar pronto. No, el problema es que el 30 de octubre de 2022, por última vez (esperemos) en la historia, México tuvo cambio de horario de verano.

No sé si lo sepan, queridos lectores, pero trabajar con fechas y horas como programadores es de esas cosas que hacen que queramos sacarnos los ojos con agujas para tejer chambritas. Casi sin importar el lenguaje de programación no sólo hay múltiples bibliotecas y estándares, sino que encima hay cambios dictaminados por políticas estatales en múltiples países.

Si en mi tableta con Android 10 le digo que defina la hora de forma automática usando internet (o sea, NTP), y le digo que por favor use la zona horaria correspondiente a la CDMX, pues entonces la estúpida chingadera decide seguir utilizando el horario de verano. Porque el cambio institucional que lo echó para atrás ocurrió después de la última actualización de software de la tableta.

Para alguien normal, probablemente esto no sea terriblemente grave; o bien se cambia la zona horaria de formal manual cada 6 meses o aprendemos a vivir con la incertudimbre de si realmente son las tres de la mañana y entonces probablemente sería buena idea que nos fuéramos a dormir, o si realmente son las cuatro de la madrugada y entonces definitivamente sería buena idea que nos fuéramos a dormir.

Para bien o para mal, queridos lectores, creo que nadie me clasificaría jamás como alguien “normal”.

Mi TOC por fin ganó en la cacofonía de voces que suelen inundar mi cerebro, y procedí a aprender cómo demonios podía actualizar mi tableta con una imagen no oficial del fabricante.

Dependiendo del hardware que uno tenga, esto puede ser una odisea, en algunos casos literalmente teniendo que ir y pedirle permiso al fabricante que por favor nos deje desbloquear el cargador de inicio (bootloader) del estúpido dispositivo. No bromeo, no es raro necesitar hacer esto con madres hechas en la China dizque comunista; que es de las razones por las cuales me niego rotundamente a tener cosas fabricadas por Huawei o Xiaomi, por más baratas que puedan ser. Ya he pasado por eso, muchas gracias.

Por suerte mi tableta Lenovo resultó ser bastante razonable al respecto, necesitando básicamente picar una casilla en las preferencias del sistema para que se desbloquera el famoso cargador. El proceso para instalar una imagen no oficial con una nueva versión de Android en la tableta es más o menos rebuscado (mis padres serían incapaces de llevarlo a cabo, me parece), pero factible para alguien con mis antecedentes.

En mi infinita ignorancia, instalé una imagen con Android 11 porque encontré un tutorial para el exacto modelo de mi tableta que usaba esa versión y porque creí que resolvería el problema de andar cargando todavía con el horario de verano; pero resultó que dicha versión seguía haciendo la misma estupidez. Así que terminé instalando una imagen con Android 14, que lo más complicado de hacerlo fue encontrar una imagen compatible con mi tableta.

No fue tan complicado: Android es en su mayor parte software libre y entonces hay una comunidad bastante amplia de usuarios que mantienen versiones nuevas de casi todo para casi cualquier hardware de la última década. A veces muchos años atrás de eso.

Ahora, la imagen no estoy seguro de que sea para tabletas, porque sigue teniendo casi todo el andamiaje de telefonía celular, que puedo ocultar, pero al parecer no desinstalar. Fuera de eso, está bastante bien.

Entre otras cosas, además de que mi tableta por fin dice bien la hora de abril a octubre, esto tuvo la agradable consecuencia de eliminar un chingo de chingaderas que Lenovo instalaba en mi tableta sin ni siquiera tener el buen gusto de preguntarme. Hasta más rápida se siente.

La única desventaja real que le vi al cambio fue que, por alguna razón, se acaba la batería notablemente más rápido: en la versión oficial de Lenovo la batería duraba fácilmente 3 o 4 días; en esta versión no oficial que instalé dura 2 cuando me va bien.

No es muy grave; la tableta vive en mi buró al lado de mi cama, la puedo dejar conectada siempre de ser necesario.

Esta tableta tiene poco más de tres años; si la sigo usando un par de años más consideraré esto un inmenso éxito. Vamos a ver cuánto dura con esta actualización de la versión de Android.

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