Las tres categorías del animé para adultos

Hay varios animés que planeo reseñar que entran en la categoría de animé para adultos. Aunque esto le haga pensar a un montón de gente en básicamente tentáculos, muchachas adolescentes en uniformes de marinerito y a lo que todos sabemos que esto lleva, hay un montón de animé para adultos que no tiene nada de sexual; únicamente está pensado para adultos. Y por supuesto, también hay muchos más animés que cubren todo el rango desde sexualmente juguetón (imaginen el equivalente de múltiples películas de Marilyn Monroe), hasta básicamente pornografía que no sólo es hardcore, sino que abarca cosas mucho más depravadas que cualquier película pornográfica con seres humanos pudiera cubrir, porque es justo la libertad que da el dibujar las escenas: la imaginación es el único límite (una vez más: tentáculos).

No voy a cubrir pornografía en mis reseñas: pero sí voy a cubrir múltiples animés que me parecen sí son para adultos (como de hecho creo que lo son Citrus y Goblin Slayer, que ya reseñé); y un par que si somos sinceros probablemente rayen en la pornografía… si bien todos han sido transmitidos en la televisión abierta en Japón (aunque este par que menciono generalmente de madrugada).

Todo lo que sigue es lo que yo entiendo del medio; sin duda alguna puedo equivocarme y a lo mejor doy algunas de definiciones mal. Se aceptan correcciones.

En animé básicamente se tienen tres categorías para adultos: la primera, animé que sencillamente está pensado para adultos, por los temas que cubre, pero que no tiene contenido sexual, siguiendo la idea mocha de que ver un humano destrozado de la manera más violenta no es tan “grave” como mostrar un par de nalgas o un triste pezón.

En la segunda categoría básicamente puede haber desnudos (pero nunca genitales; particularmente en Japón… aunque cagadamente genitales de niños varones chiquitos se consideran casi como chistes), pero no hay nunca sexo explícito. A lo más una pareja puede abrazarse y besarse poco antes o poco después del coito, pero el acto mismo no se muestra… aunque a veces se escucha mientras la cámara enfoca una esquina del cuarto, o las caras de los participantes… o sus pies, como la famosa escena de Shinji viendo las memorias de Misato teniendo sexo con Ryoji en End of Evangelion.

Los pies de Misato

Los pies de Misato

Esta segunda categoría también abarca los animés que simpáticamente evitan desnudos utilizando trucos de cámara para ocultar pezones y/o genitales. Como siempre, Evangelion vuelve a dar aquí un buen ejemplo, en este caso en la segunda parte de Rebuild of Evangelion, Evangelion 2.0: You Can (Not) Advance.

Asuka y las cervezas

Asuka y las cervezas

A esta segunda categoría, que es básicamente todo lo que cubre a imágenes sexualmente sugestivas más que explícitas, se le suele denominar (al menos fuera de Japón) ecchi, y es la gran mayoría del animé para adultos que se transmite en la televisión abierta en Japón. Como digo arriba, hay animé para adultos sin contenido sexual, generalmente porque trata cosas como alta violencia, uso de drogas y cosas por el estilo; y también hay animé para adultos que sencillamente no está pensado para niños: de cualquier manera, todo esté animé para adultos sin contenido sexual está en la minoría.

Ahora: contenido sexual no necesariamente quiere decir contenido sexual. Dentro de ecchi se suele aventar, junto con pegado, a todo el animé (que se puede discutir es la mayoría) que utiliza el famoso fan service, en mayor o menor medida. El fan service ha evolucionado, en particular fuera de Japón; hoy en día por ejemplo, la escena con Dr. Strange en Thor: Ragnarok se le puede clasificar como fan service porque es literalmente en servicio de los fans. En Japón y con animé en particular, sin embargo, fan service es básicamente muchachas bonitas enseñando los calzones o el inigualablemente imposible zangoloteo de senos que produce la animación japonesa. Obviamente hay más variedad, pero en general son panty shots, muchachas (casi invariablemente muchachas) en vestimenta ridículamente reveladora y/o ceñida en poses sugestivas, o el antes mencionado imposible zangoloteo de senos como si estuvieran hechos de gelatina.

Aunque no es el 100%, el fan service sí permea a casi todo el animé; incluyendo múltiples series indiscutiblemente para niños y que la enorme mayoría de los espectadores no necesariamente clasificaríamos como ecchi. Para bien o para mal, es como ha sido el medio básicamente desde el inicio, y no se ve que vaya a cambiar pronto: pero sí es importante señalar que existen animés (muy buenos varios) que no tienen absolutamente nada de ecchi ni de fan service.

La tercera categoría es básicamente dibujos animados pornográficos; el sexo es explícito (aunque, hilarantemente, con genitales pixelados, por varias leyes arcaicas en Japón) y en un porcentaje no pequeño de los animés en esta categoría la historia es nada más un pretexto para mostrar encuentros sexuales entre los protagonistas… justamente como en las películas pornográficas; aunque también hay varios con historias muy buenas. A esta categoría se le conoce (de nuevo, fuera de Japón) como hentai, y exceptuando un puñado de casos nebulosos, los animés en esta categoría nunca se transmiten en televisión abierta en Japón; las series se compran vía Blu-ray (me parece que no hay realmente distribución digital).

La línea divisora entre las distintas categorías es borrosa, por decir lo menos, y como muchas cosas en la vida todo depende del cristal con que se mira: como ya mencioné, hay animé que tiene fan service pero es discutible si realmente es ecchi nada más por mostrar de vez en cuando calzones de muchachas; y animé ecchi que bajo cualquier definición legalera de pornografía debería ser hentai, si no fuera por el hecho de que habemos muchos que sentimos literalmente en las tripas que el animé en cuestión merece más que esa categorización. Como decía Potter Stewart, juez de la suprema corte gringa: “I could never succeed in intelligibly [define hardcore pornography…] But I know it when I see it“.

¿Por qué estoy dedicando tantos pixeles a tratar de enmarcar estas categorías? En primer lugar, porque me parece que cualquier expresión artística tiene el derecho de existir (módulo la paradoja de la tolerancia), incluso si la intención del o los artistas que la crearon sólo era ganar dinero. En segundo lugar, porque creo sinceramente que muchos animés ecchi (y un puñado de hentai) no tienen únicamente la intención de excitar a adolescentes urgidos; sino que sinceramente intentan ser sexo positivos, que me parece es algo que el mundo podría hacer más uso de (especialmente ciertos sectores de las izquierdas en todas las culturas1). Y en tercer lugar, porque mucha gente tiene la idea de que todo el animé es inherentemente ecchi (si no es que hentai); esta idea, en defensa de quienes la tienen, se la ha ganado Japón a pulso, porque ciertamente la enorme mayoría del animé es al menos un poquito arrecho2… pero como ya dije no todo el animé es así: mi serie favorita de todos los tiempos, Cardcaptor Sakura no tiene nada de arrecha, así como tampoco, por ejemplo, Violet Evergarden… aunque, paradójicamente, Violet es sin duda alguna adulta, nada más sin temas sexuales (excepto una insinuación de abuso sexual).

Obviamente que una expresión artística tenga el derecho de existir automáticamente implica que todo mundo tiene derecho de criticarla; y dicha crítica puede ser tan inmisericorde como el mismo crítico decida. Eso es perfectamente válido: lo que no es válido es llamar a la censura bajo ninguna circunstancia (entendiendo que clasificar algo como “sólo para adultos” no es censurar); mucho menos satanizar al creador, que tiene el derecho de expresarse de todas las maneras que quiera (módulo la paradoja de la tolerancia); y mucho menos el caer en kinkshaming. Los fetiches y perversiones de cada quien, siempre y cuando sean con el consentimiento de todos los involucrados y sin violar los derechos de nadie, son asunto individual de cada persona, y nadie tiene el derecho de criticar a nadie más por ellos.

¿Es mucho del animé que existe (y que probablemente seguirá existiendo) arrecho? Eso es indiscutible; se puede incluso argumentar si es una característica semidefinitoria del medio. ¿Es esto algo malo? No necesariamente; que es justamente el punto de esta clasificación que planeo utilizar en mis reseñas: un montón de animé del que he escrito y del que escribiré es sin duda alguna arrecho: pero eso no es en sí mismo algo malo, y en muchos casos (como cuando es sinceramente sexo positivo) de hecho es algo bueno, me parece. Y, lo siento, sé que es juvenil y que puede hacer sentirse incómodas a ciertas personas, pero a veces que una muchacha enseñe los calzones sí es honestamente divertido. No digo que sea el paragón del humor inteligente; pero sí puede ser fuente sincera de humor bien intencionado.

¿Hay animé misógino? Por supuesto que hay animé misógino; en una cultura tan machista, conservadora, conformista y tradicional como la japonesa, sería absurdo imaginar que mensajes o tendencias misóginas no se filtraran en uno de los productos más emblemáticos de dicha cultura: los personajes femeninos son rutinariamente cosificados; las mujeres que suelen ser ostentosamente sexuales son casi invariablemente villanas; y en el siglo XXI el ideal femenino sigue siendo (con sus debidas excepciones) la mujer callada, abnegada, sumisa y buena para las labores del hogar. Y no sólo hay misoginia; hay una tradición ya añeja en el animé de mensajes homofóbicos y transfóbicos, donde los personajes codificados como queer son representados como sujetos de los cuales hay que desconfiar o tenerles cierta repulsión, incluso cuando son aliados de los héroes, como Leeron Littner en Gurren Lagann; o son de plano villanos deformes, como el Barón Ashner en Mazinger Z.

Leeron Littner y el Barón Ashner

Leeron Littner y el Barón Ashner

Y dejen ustedes la misoginia, homofobia y transfobia; la japonesa es una cultura históricamente xenofóbica y racista, incluso (o particularmente) contra “razas” cercanas como los chinos y koreanos, ya no digamos contra negros, donde en el animé suelen ser, valga la rebuznancia, una caricatura, como Mr. Popo en Dragon Ball; que paradójicamente es una serie en general adorada por los negros gringos.

Mr. Popo

Mr. Popo

Todo esto es cierto: hay mucha misoginia, homofobia, transfobia, xenofobia y racismo en el animé: los ejemplos abundan y en muchos casos hay personajes profundamente insultantes a un montón de sectores en todo el mundo. Nada de eso, necesariamente, afecta la calidad de un animé. Se vale criticar estos aspectos, por supuesto, pero los mismos no necesariamente demeritan a una serie en su conjunto.

Se está dando una tendencia desde hace varios años ya en este siglo, en círculos académicos y de gente educada y “progresista”, de tratar de clasificar como “mala” a toda expresión artística que no incluya los mensajes “correctos” de los árbitros de la moral moderna; donde se espera que toda historia incluya personajes diversos y la representación de todos los grupos sea “apropiada”, donde sepa la chingada qué quiere decir “apropiado”, pero lo que sea que definan probablemente esté mal para múltiples personas y/o grupos. Peor aún, se trata de “cancelar” a los creadores que producen cualquier tipo de contenido que no cumpla esta imposiblemente alta vara de medir, donde los postes se van moviendo constantemente de cuál es el mensaje “correcto” que una expresión artística debe tener. O peor aún, si un creador abre el hocico y dice alguna estupidez, hoy en día hay quien aboga por casi casi destruir sus obras o al menos satanizarlas (retroactivamente en muchos casos, además).

En mi humilde opinión, esto es una bola de pendejadas.

Mi novela favorita de todos los tiempos, Cien Años de Soledad, se puede discutir que es básicamente misógina, donde todas las mujeres son santas o putas (o santas bien putas). Una de mis novelas favoritas de ciencia ficción, Starship Troopers es básicamente un ensayo en favor del fascismo, e incluso se podría discutir que raya en la paradoja de la tolerancia (yo no creo que sea así, pero se puede discutir). Gone With the Wind es innegablemente racista y pro esclavitud, y parte del mensaje absurdo de la causa perdida de la confederación gringa. Todos esos son ejemplos de obras de arte innegablemente buenas (aunque me da hueva Gone With the Wind; debería durar 45 minutos menos); el mensaje de las mismas incluye estos componentes misóginos, fascistas y racistas, pero su calidad como expresión artística es ortogonal a esto.

O el caso de J. K. Rowling, que lleva ya varios años sin poder cerrar el hocico de la bola de pendejadas transfóbicas que se le ocurren, lo que ha causado que haya quienes quisieran básicamente quemar los libros de Harry Potter. Con todo respeto, váyanse mucho al carajo: en primer lugar los libros de Harry Potter son increíbles; en segundo lugar los mismos tienen varios de los mensajes más liberales, de izquierda y progresista de las últimas décadas; y en tercer y más importante lugar, sólo los Nazis queman libros.

Critiquen los componentes que merezcan la pena ser criticados de una obra; pero eso no necesariamente define a la obra en su conjunto. Critiquen a los creadores, si lo consideran pertinente, pero lo que dicen y hacen los creadores es en general ortogonal a la calidad de las obras que producen, y las mismas deben ser criticadas por su valor innato. Y ciertamente no critiquen a los fans de ciertas obras/medios/genéros, si los mismos no se meten con nadie. Es una extensión de que hacer kinkshaming está mal: si una persona no infringe los derechos de nadie más, no le hace daño a nadie, entonces nadie más tiene el derecho de criticarlos porque tienen ciertos gustos. Cada quien.

Y de hecho, si ciertas expresiones artísticas les parece tienen un mensaje incorrecto o los hace sentir incómodos, por supuesto están en su derecho de analizar y criticar dichas expresiones, si bien no de llamar a que se censuren o que se destruyan. Pero, ¿no sería más sencillo (y productivo) si no consumieran dichas expresiones en primer lugar? Que es el otro factor moderno problemático: la cultura de hoy en día de “compartir” y mezquinamente pelear por likes y similares recompensa mucho más la crítica destructiva (entre más vociferante mejor), que el alegremente platicar de las pendejadas que nos gustan sin meternos con los gustos de los demás. Sin duda alguna se va a generar más tráfico si me pongo a explicar, de la forma más agresiva o condescendiente posible, por qué ésto que le gusta a ciertas personas está mal, y encima por qué ellos fallan como seres humanos por tener esos gustos.

Ésta era la clara diferencia entre ser liberal y conservador hace unas décadas; los conservadores eran los que querían controlar qué pensaban y qué gustos tenían las personas: de ahí las “terapias de conversión” para los homosexuales; literalmente la idea era “cambiarles el gusto” para que quisieran andar con el sexo opuesto. Los liberales eran los que abogábamos por la libertad de cada quien de cómo pensar y de tener nuestros propios gustos, siempre y cuando no se infringieran los derechos de nadie más.

Ahora hay un sector no pequeño de gente que se autodenomina de izquierda, liberal y “progresista” que literalmente quiere humillar a otras personas por los gustos que tengan aunque no le hagan daño a nadie. Critiquen a las obras en su conjunto, no nada más por un aspecto que no les gusta (es su gusto; no el de todos); critiquen a los creadores, pero entiendan que las obras existen independientemente de los creadores (y siguen existiendo mucho después de que los creadores mueran); y definitivamente no critiquen a la gente que disfruta estas obras, si los mismos no le hacen daño a nadie.

Yo no quiero que los productos culturales que consumo tengan mensajes idílicos y los personajes en los mismos sean ejemplos intachables de cómo se deben comportar los seres humanos perfectos (bajo sepan ustedes qué definición de “perfecto”); quiero héroes y villanos dañados y falibles, que realicen acciones que yo nunca podría llevar a cabo, y con historias cuyos mensajes puedan contradecir lo que pienso y lo que digo, incluso cuando dichos mensajes estén mal. Si no qué hueva.

Y por supuesto me reservo el derecho a criticar inmisericordemente todas estas obras; o a no hacerlo si sólo ciertos aspectos son criticables y en su conjunto las encuentro de mi agrado.

No voy a ser parte de esta policía moral que se comporta como lo hacen los conservadores: tratando de determinar qué es o no lo “correcto” en ficción, y criticando a gente nada más por sus gustos. Así que en mis reseñas de cualquier tipo, pero particularmente de animé, porque ahí se darán los ejemplos más “controversiales”, no necesariamente mencionaré estos aspectos “negativos” si me parece que en general no demeritan a la obra en su conjunto.

Eso sí, siempre diré en cuál de las tres categorías del animé para adultos pertenecen, en mi opinión. Y si son o no arrechos, porque me encanta el término y quiero usarlo más seguido.

1Hablando de eso, vayan y vean Sex Education en Netflix: es espectacular y un ejemplo excelente de qué es ser sexo positivo.

1El término en inglés es, por supuesto, horny; la traducción obvia al español sería caliente, pero además de que no me parece que encapsule exactamente lo que quiero decir, el término usado en la Costa Chica de Guerrero (de donde es mi padre) es arrecho (especialmente cuando es aplicado a una mujer, arrecha), y creo que es un término que vale la pena que se recupere en español.

El aborto a nivel nacional

Hace catorce años escribí una de las entradas de este blog de las que más orgulloso estoy: mi entrada del aborto. Cerca del final de esa entrada yo predecía:

El aborto durante las primeras doce semanas de gestación debe ser y será despenalizado en la Ciudad de México. Y de ahí seguirán otros estados, y eventualmente todo el país. Esta derecha estúpida, medieval y mocha que se opone podrá vociferar mucho, pero se van a chingar.

Nos llevó catorce años que ocurriera, y lo que pasó exactamente ayer es que la Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró inconstitucional el castigo penal contra las mujeres que aborten en todo el país. Y llevó tanto tiempo, porque la democracia es lenta y aburrida.

No voy a escribir aquí de nuevo acerca de las obvias razones por las cuales el aborto debe ser despenalizado: no es por nada, pero mi entrada de hace casi década y media se ha preservado bastante bien; me parece que los argumentos que expongo en ella siguen (y seguirán) siendo válidos. También, si algún mocho quiere discutir acerca de por qué sí debería penalizarse el aborto, alegremente voy a borrar su comentario sin ni siquiera pensarlo: es una discusión absolutamente rebasada que ya perdieron (a nivel mundial, encima de todo); y además, como predecía en mi entrada de hace catorce años: ya se chingaron; pónganse a chillar si quieren, no nos importa. Son minoría, para hacer más intrascendente su opinión.

De lo que quiero escribir es de lo que muchos van a obviar o tergiversar respecto a esta decisión histórica en favor de los derechos de las mujeres por parte de la SCJN: la misma es un logro de la 4T.

No es un logro del Peje, de ninguna manera; pero sí es un logro de la 4T. Y que es justamente lo que muchos nunca han entendido acerca de los que votamos por AMLO en 2018 (y 2012, y 2006…): nunca fue acerca de él. Fue acerca del proyecto de nación; un proyecto que justamente permitió que de manera “natural” (je) la Suprema Corte de Justicia de la Nación declarara como derecho constitucional la potestad de las mujeres de decidir por ellas mismas lo que ocurre con su cuerpo.

Hay múltiples sectores que no se sienten representados por la 4T, discutiblemente con mucha razón; un montón de mujeres feministas y sus aliados siendo uno de ellos. Pero lo que pasa no es que la 4T (tomando en cuenta que es realmente un cúmulo nebuloso desde el punto de vista ideológico) estuviera en contra de sus demandas (en general); es sencillamente que se decidió priorizar otras cosas, siendo la corrupción y la desigualdad social los temas con más alta prioridad, sin duda alguna.

Por el bien de todos, primero los pobres. En ese sentido (y en casi todos) el Peje ha sido desesperantemente consistente.

Eso nunca significó que no se estuviera trabajando también en los temas de interés de estos sectores, como quedó obviamente reflejado en lo que pasó el martes. Es sólo que no era el tema político estándarte ni del Peje ni de su administración, porque hay cosas más importantes. Ojo: no estoy diciendo que las exigencias de los grupos feministas no importen; estoy diciendo que el capital político se invirtió en otros temas porque se podían satisfacer (al menos algunas de) estas exigencias sin caer en el desgaste político correspondiente. Que es justamente lo que ocurrió.

El Peje inteligentemente dejó la papa caliente en la SCJN, y la misma lo resolvió sin ningún tipo de drama; por unanimidad por parte de los 10 ministros de la corte presentes (completamente fortuito: no hubo ahí un acuerdo con la presidencia y la dirigencia legislativa de la 4T, cómo creen). Más aún, el Peje procedió a lavarse las manos negándose a pronunciarse al respecto en ningún sentido, nada más remarcando que debía seguirse la ley que de facto estableció la Suprema Corte. Habrá quien lo acuse de pusilánime al no dar su apoyo explícito a la despenalización del aborto; y peor aún, habrá quien diga que lo que pasa es que él realmente está en contra de despenalizarlo. Y los que hemos seguido al insoportable tabasqueño por más de 20 años nos meamos de la risa porque le están haciendo un favor. No importa si el Peje está o no en lo personal a favor o en contra de la despenalización del aborto; es uno de los políticos más hábiles y pragmáticos que ha tenido México: lo que le importa es que se siga el proyecto de nación que él impulsa.

Hay un montón de católicos y cristianos que se oponen a la despenalización del aborto, pero que apoyan los programas de justicia social de la 4T (siguiendo de hecho las enseñanzas de Jesús, si suponemos que existió); el lavarse las manos, independientemente de qué crea el Peje en lo personal, le permite seguir recibiendo el apoyo de estos sectores para sus programas sin desgastarse en un conflicto que para muchos no nos es primordial. Y además, el lavarse las manos implica que tampoco obstaculiza la decisión de la SCJN, por lo que también gana puntos con los sectores (o al menos con una parte) que impulsábamos la despenalización del aborto desde hace décadas.

Él mismo lo dice con casi exactamente esas palabras:

Es una decisión del Poder Judicial, de la Corte que fue prácticamente unánime, que debe de respetarse, no debemos nosotros, en mi caso, tomar partido porque hay posturas encontradas, yo no debo en este caso pronunciarme más que en favor de lo que ya resolvieron los ministros de la Suprema Corte.

Es de verdad una maniobra política magistral; más aún si se toma en cuenta la coyuntura nacional, con los imbéciles senadores del PAN habiendo recibido unos días antes al líder de VOX (partido español fascistoide que está en contra del aborto, como el mismo PAN); y la internacional, con Texas habiendo pasado una ley que en los hechos prohíbe el aborto en todos los casos. Si no lo pueden ver, bueno, no hay mucho que yo pueda hacer por ustedes.

Y las feministas que votaron por el PAN en julio, porque se creyeron que ahora convenientemente resulta que a ese partido sí le importan los derechos de las mujeres: vean lo que siguen diciendo (encima del papelón respecto a VOX). Como dije en mi entrada de que la democracia apesta: nunca hay opciones perfectas, sólo hay opciones menos peores, y esas son las que debemos elegir.

¿Por quiénes les va a convenir votar en 2024? Porque fue durante el primer sexenio de la 4T cuando el aborto por fin se despenalizó a nivel nacional en México. Eso puede ser por muchas cosas; pero les puedo garantizar que no fue por casualidad.

Las elecciones intermedias

En 1997, a mis tiernos 20 años, fui representante del PRD en casilla en las elecciones intermedias del sexenio de Zedillo, que entre otras cosas marcaron el inicio de los gobiernos de izquierda ininterrumpidos que ha tenido la CDMX en este último cuarto de siglo; y que Vicente Fox anunciara su candidatura a la presidencia al otro día, asustado con razón por la apabullante victoria que tuvo Cuauhtémoc Cárdenas en la Majestuosa. Eso salió bien para Fox; no tanto para el país y Cárdenas.

Como sea; hace casi 25 años fui representante en casilla por el simple hecho de que los del PRD me preguntaron si estaba dispuesto. Ayer fui representante de MORENA en casilla por básicamente la misma razón; me preguntaron si estaba dispuesto. Probablemente vuelva a estar dispuesto, si me vuelven a preguntar.

Las cosas han cambiado enormemente en este casi cuarto de siglo; tuvimos un curso de capacitación, nos dieron un manual del representante (que tenía varios errores, pero bueno), y todo el día estuvimos en comunicación constante los representantes de casilla de la zona que me tocó con el representante general de MORENA, que estuvo coordinando todo.

Es una joda participar en la jornada electoral, ya sea como funcionario de casilla (que nunca me ha tocado), o como representante de partido (que fue la segunda vez que participé). Hay que levantarse de madrugada para estar a las 7 de la mañana en la casilla, contabilizar qué ciudadanos han votado, y en general observar que todo transcurra de la manera en que debe transcurrir. Son más de doce horas de chamba, que además encapsulan perfectamente lo que tengo años diciendo de la democracia: es lento y aburrido.

Sin embargo fue altamente satisfactorio; es muy padre ver a los funcionarios y representantes hacer su chamba porque les interesa que la democracia funcione (estoy seguro de que la enorme mayoría que acepta esta ingrata chamba es por eso que lo hace), y ver a los ciudadanos ir a emitir su voto con distintos niveles de entusiasmo. El proceso se legitimiza más entre más ciudadanos participemos y podamos comprobar con nuestros propios ojos que todo se hace de la mejor manera posible. A mí siempre me ha parecido que esa es la labor de los representantes de partido en las casillas: nada más el hecho de que representantes de partidos adversarios puedan ver, en condiciones iguales, cómo se desarrolla el proceso, hace que de forma innata podamos confiar más en el mismo.

Por supuesto el proceso no es perfecto y todavía hay problemas, en algunos casos muy graves; que todavía haya lugares donde llega gente armada a destruir la paquetería electoral es inadmisible, por no hablar de la práctica de compra y supresión de votos, que también sigue existiendo. Pero sin duda alguna la idea fundamental del proceso es sólida, y se ha ido fortaleciendo y profesionalizando a lo largo de los últimos treinta años; varios de los pasos que se llevaron a cabo en mi casilla 1997, se volvieron a llevar a cabo de forma idéntica en mi casilla en 2021, lo que los va convirtiendo en ritos y tradiciones de la democracia mexicana. Que nos ha costado sangre fortalecerla en todas estas décadas.

De los resultados de la elección; falta que finalice el cómputo oficial de todas las casillas, pero sin duda alguna ganó MORENA (y la coalición que encabeza) en el congreso y en la mayor parte de las gubernaturas que estaban en juego, así como en la mayor parte de las alcaldías de la Ciudad de México. No fue un triunfo como el de hace tres años, pero eso era básicamente imposible; la victoria del Peje y MORENA (más aliados) en 2018 fue histórica entre otras cosas por la magnitud de la misma. La victoria de 2021 es mucho más moderada; pero sigue siendo victoria.

Desde el punto de vista legislativo la consecuencia pragmática inmediata es que con casi toda certeza no se puedan hacer más enmiendas constitucionales, a menos que sea para cosas que básicamente todos los partidos grandes estén de acuerdo. Eso está bien; las enmiendas necesarias en gran medida se llevaron a cabo en la legislación pasada, y en esta legislación los partidos allegados al Presidente pueden pasar por sí mismos y sin problemas las cosas importantes como son los presupuestos y leyes generales. Por supuesto, si se generan consensos entre todas las bancadas, pues tanto mejor.

Si los resultados de estas elecciones intermedias los sorprendieron: en primer lugar, no están poniendo atención. En segundo lugar; salgan de sus burbujas y de sus cámaras de eco. Está bien que se junten con gente que piensa como ustedes; pero están desfasados de cómo piensa la mayor parte del país (y se puede decir eso ahora sí con números duros). Les conviene al menos tratar de entender porqué la mayor parte del país volvió a votar en apoyo del proyecto del Presidente.

En tercer lugar: dejen de tratar de argumentar con cosas que evidentemente no les funcionan. Todavía a estas alturas hay gente que llamó a votar en contra del proyecto Peje por cosas como el aeropuerto en Texcoco, el avión presidencial o la política de recursos energéticos (particularmente petróleo). Esa discusión la perdieron y la siguen perdiendo; muchos de nosotros votamos por el Peje justo para que se llevaran a cabo esas medidas, tratar de usarlas como negativos para el proyecto del Presidente y de MORENA y partidos allegados no les va a servir de mucho. Incluso en cosas que no han salido como nos hubiera gustado (y de forma cagadísima en algunos casos, como con el avión presidencial), seguimos estando de acuerdo con la idea detrás de la medida; que a ustedes siga sin gustarles no importa demasiado, porque son minoría (y si siguen actuando como lo han venido haciendo la primera mitad del sexenio, lo van a seguir siendo).

En último lugar, pero no por ello menos importante: la oposición se tiene que poner las pilas. MORENA y sus aliados volvieron a ganar en gran medida porque la mayor parte de la población sigue apoyando el proyecto de país que proponen; pero también volvieron a ganar porque la oposición está hecha mierda. No tienen un plan coherente (excepto oponerse a lo que diga el Peje); no tienen una ideología concreta (excepto que el Peje es malo como la carne de cerdo en chile verde y en ayunas); y no tienen una dirigencia inteligente y capaz. Vamos, en algunos casos (ajem, Alito) esas dirigencias con corruptas y rateras, que afortunadamente se está volviendo algo anatema en el país.

Y a todos nos conviene tener una oposición inteligente y capaz; si no el tarado de Peje se va solito a Disneylandia.

La gente en este país votó por un cambio en 2018; estas elecciones intermedias demuestran que a) sí ha habido un cambio (si no, no habría tantos gritos histéricos a todo lo que ha venido haciendo el Peje y los partidos alineados a él), y b) que la mayor parte del país sigue de acuerdo con dicho cambio. No es una mayoría tan apabullante como lo fue en 2018 (de nuevo, era casi imposible); pero sigue siendo mayoría. La oposición tiene que hacer un mejor trabajo en ofrecer una alternativa a lo que ofrezcan MORENA y su candidato(a) presidencial en 2024 (no importa quién sea, con casi toda certeza continuará el proyecto del Peje), porque si no van a perder de nuevo. Pero si lo único que pueden ofrecer es de nuevo darle en la madre a la educación pública y al sistema de salud; a regalar el mercado energético; y a enfrentar al narco con balas, van a volver a perder. Especialmente si todas esas propuestas además de todo están bañadas en un hálito de corrupción.

No es que lo que proponen el Peje y MORENA sea lo mejor del universo; es que lo que proponen los demás no nos convence a la mayoría. Es así de simple.

Y ni siquiera tienen que sacrificar sangre, sudor y lágrimas para recuperar el poder, como tuvo que hacer la izquierda durante décadas; la democracia mexicana, por débil que sea, sí permite la transición pacífica entre partidos y la libre expresión de los partidos de oposición. Incluso pueden ganar; como fue el caso en la casilla donde fui representante, donde el PAN le dio una putiza a MORENA en las tres boletas. El caso más pabullante fue en la elección para alcalde, donde el PAN obtuvo 282 votos, contra 64 de MORENA.

Yo creo que por eso me invitaron los de MORENA a participar; me sacaron de la sección que me tocaba (donde también gana el PAN, pero no tan apabullantemente), y me pusieron en la boca del lobo: en el centro del bastión panista en la CDMX. Probablemente porque casi no hay base morenista en esa zona. Si no pudimos quitarles Benito Juárez en 2018, yo no tengo idea de cómo carajos se las vamos a quitar algún día. Me voy a tener que mudar a otra delegación, si algún día quiero vivir en un lugar donde en todos los niveles y ramas del gobierno estén las personas por las que yo haya votado.

Fue una jornada agotadora, pero me da mucho gusto haber participado. La democracia mexicana dista mucho de ser perfecta; pero sin duda alguna ha venido fortaleciéndose en las últimas décadas (con sus debidas recaídas, como en el 2006). Y si todos podemos actuar como actuamos funcionarios y representantes de partido ayer en mi casilla, de forma cordial y educada, poniendo nuestro granito de arena para fortalecer a nuestra débil democracia (y les repito que yo estaba rodeado de panistas), como siempre yo me siento cautelosamente optimista del futuro de éste nuestro querido México lleno de defectos.

La vacuna

El viernes 21 de mayo (hace poco menos de 2 semanas), me vacuné contra Covid. Siendo, como soy, profesor de la UNAM, soy parte del personal docente de la Ciudad de México, y por eso me tocó antes que la población general en mi grupo de edad.

La aplicación de la vacuna (CanSino, que es sólo una dosis) fue espectacularmente rápida; llegué a las 12:00 porque mi cita era a esa hora y decía que no debíamos llegar antes, y nos enfilaron en una cola que básicamente nunca se detuvo hasta que me sentaron en una mesa para verificar mis datos en mi comprobante; luego nos movieron unos cuantos metros a otra mesa donde nos vacunaron como ganado, supongo. El proceso de vacunación tardó menos de quince minutos; aunque luego nos tuvieron esperando más o menos otros quince minutos, supongo que nada más verificando que no nos desmayáramos.

La vacuna me tumbó el viernes y todo el fin de semana me dolió el hombro, pero eran síntomas que ya nos habían advertido era probable que se presentaran. Todavía el lunes amanecí como atropellado; pero para el martes ya estaba bien.

A estas alturas, mi mamá está completamente vacunada; mi papá le falta una vacuna; y mi hermano se jode, porque no es docente y no está tan grande como para que lo vacunen pronto. Sin embargo, es innegable que se está acelerando el ritmo de vacunación en todo el país, a la vez que las infecciones y muertes por el virus continúan disminuyendo.

En otras palabras, en algunos meses probablemente regresemos a algo similar a la normalidad. Aunque quién sabe qué signifique eso, exactamente; al inicio de la pandemia me preguntaron si yo creía que iba a cambiar mucho la sociedad después de la pandemia, y yo dije que no: eventualmente habría una vacuna, y entonces una vez que alcanzáramos la inmunidad social necesaria todo iba a regresar a la normalidad. Cuando la pandemia se extendió a meses y no se veía que jamás fuera a terminar, había cambiado de opinión al otro extremo; en ese momento creía que como sociedad cambiaríamos para siempre: que ya nunca jamás nos saludaríamos de mano, y trataríamos de aplicar la sana distancia y usar cubrebocas durante el resto de la eternidad.

A este punto ya no tengo ni puta idea; probablemente todo se asiente en algo más o menos en medio. Planeo ir a ver Black Widow al cine cuando salga, pero iré con cubrebocas; no he dejado de usarlo cada vez que salgo desde que me vacuné, ni de aplicar la sana distancia cuando es posible. Pero no creo que lo siga haciendo toda la vida. Lo que sí es probable, es que yo en lo personal deje de dar la mano todo el tiempo; siempre ha sido una costumbre asquerosa de cualquier manera.

Aunque aún falte para que salgamos del hoyo (si algún día salimos completamente), supongo que es válido hacerse la pregunta: ¿cómo respondió el gobierno mexicano a la pandemia? Y la respuesta me parece es muy fácil e innegable:

Fue una respuesta pésima.

Nada más el hecho de que a un inicio de la pandemia dijeran que se planteaban como escenario “catastrófico” que llegáramos a 60,000 muertes, y que andemos cerca del cuarto de millón lo justifica; pero hay más indicadores innegables de que la respuesta del gobierno del Peje fue insuficiente, tardía y en múltiples ocasiones atolondrada.

Ahora; en general (con muy pocas excepciones) a todo mundo le fue así: la pandemia agarró a casi todos los gobiernos del mundo con los pantalones en los tobillos. Exceptuando algunos países con gobiernos increíblemente autoritarios e islas con poca población y relativamente poco contacto con el exterior, a todo el mundo (primer, segundo, tercer y todos los demás mundos) les fue del nabo. A algunos les fue del nabo al inicio; otros en múltiples oleadas; otros hasta hace relativamente poco, como la India; y muchos más les fue mal todo el tiempo, básicamente. En México, aunque estuvo cerca, nunca se desplomó el sistema de salud y por mal que lo haya hecho el gobierno y las autoridades de salud, ciertamente la famosa curva se aplanó. Estuvieron mal las predicciones y se pueden (y deben) criticar varias de las medidas; pero se dejó a los expertos de salud tomar las decisiones, aunque en varias ocasiones evidentemente estas decisiones fueran incorrectas.

(También está el hecho de que no se cayó en la provocación de politizar ciertas medidas; si el Peje desde el inicio hubiera llamado a usar cubrebocas, por ejemplo, no habrían faltado los retrasados mentales que lo odian tanto que hubieran dejado de usar cubrebocas nada más para contradecirlo… pero prefiero no entrar mucho en eso.)

Por último, y aunque soy el primero en reconocer que el hubiera es el pretérito pluscuamperfecto de los pendejos, lo cierto es que la respuesta del gobierno mexicano no existe en un vacío: si no hubiera sido éste gobierno el que le hubiera tocado la pandemia, sabemos qué otras posibilidades de gobiernos existen que les hubiera tocado; y no es necesario hacer una análisis muy profundo para justificar que casi con cualquiera de las otras posibilidades, nos hubiera ido mucho peor. Nada más si consideramos que éste es el primer gobierno en décadas que ha tratado (con distintos grados de éxito) de rescatar el sistema de salud pública del país, cuando en las últimas seis administraciones federales sistemáticamente le estuvieron dando en la madre.

Así que aunque la respuesta del gobierno fue pésima, y ciertamente hay que analizar con cuidado qué falló para que nunca jamás vuelva a repetirse (porque no duden que es probable que haya otra pandemia en un futuro no tan lejano), creo que también puede defenderse cómo actuaron las autoridades federales, dadas las circunstancias. Y me parece que éste es el sentir de la mayoría de la población; ciertamente lo sabremos en unos días, cuando tengamos las elecciones intermedias.

Cuatro años kafkianos

Hoy por fin terminaron cuatro año que básicamente sólo se pueden definir como kafkianos. Después de hacerla mucho de emoción, Donald Trump por fin dejó la Casa Blanca gringa, y esperemos que eso resulte en que a México le vaya menos peor de lo que le iría con el dictador wannabe.

Porque le va a ir mal a México con Biden (nos va mal casi con cualquier presidente gringo); pero como todo en la vida, hay niveles, y Biden sin duda alguna era la mejor de las dos opciones para nosotros.

Desde mi punto de vista (que no es terriblemente original ni mucho menos único), la ascendencia de Trump a la presidencia gringa es medio paradójica; que Trump estuviera en la Casa Blanca definitivamente ayudó a que el Peje ganara de calle en 2018: probablemente hubiera ganado también con Hillary Clinton, pero la amenza de Trump para México (y el mundo) sin duda alguna lo favoreció. Y sin embargo, si Trump hubiera conseguido un segundo término (que si no hubiera sido por la pandemia, igual y ocurría), probablemente eso hubiera significado el fracaso absoluto del sexenio de Andrés Manuel. De nuevo, a lo mejor se le hubiera podido dar la vuelta; pero las probabilidades hubieran sido mucho más pequeñas.

(Por cierto, de ninguna manera que Trump se vaya de la Casa Blanca garantiza el éxito del sexenio del Peje; sólo lo hace mucho más probable).

Gracias a que Trump sólo estuvo un término al frente del gobierno gringo, el Peje necesitó torearlo nada más durante dos años; con alguien relativamente sensato (o al menos no demente) del otro de la relación bilateral, el margen de maniobra es mucho más alto. Como suele ser conmigo, me encuentro cautelosamente optimista.

Vamos a ver; pero como casi todo el resto del mundo, hoy vale la pena celebrar el fin de estos cuatro años kafkianos.

Veinte años atrás

Veinte años atrás la PFP me detuvo junto a cientos de estudiantes (y uno que otro colado), cuando rompieron la huelga más larga que ha sufrido la UNAM en su historia.

48 horas después de haber sido detenido, me encontraba en el Reclusorio Norte, donde pasaría varios días, en general, aburridísimos; lo emocionante ya había pasado.

He escrito bastante acerca de la huelga y del impacto que tuvo en mi vida; no creo que sea necesario machacar aquí una vez más mis ideas al respecto. Sólo repito que estoy muy orgulloso de haber participado en la huelga; que sigo sosteniendo que teníamos la razón al estallarla (e incluso mantenerla); y que estoy convencido de que la UNAM es hoy lo que es (la mejor universidad de Hispanoamérica), en gran medida porque sigue siendo pública y gratuita, y que esto es gracias a la huelga.

También debo agregar que México vive su primera presidencia de izquierda como consecuencia indirecta de la huelga, si bien un montón de participantes en la misma jamás se lo hubieran planteado como objetivo.

Es un aniversario importante, 20 años; y es bueno recordar ese conflicto cuando la Universidad se encuentra bajo ataque por obvios provocadores. Pero eso es otra discusión.

Hoy sólo quiero recordar el sacrificio que tuvimos que hacer para mantener la Universidad pública y gratuita, y las consecuencias positivas de haberlo hecho. Personalmente, valió la pena estar unos días en la cárcel, y lo volvería a hacer sin dudarlo un solo instante. Una y mil veces.

A un año de la 4T

El domingo se cumplió un año de que el Peje se colgó la banda del águila y dio comienzo a lo que la gente denomina (con solemnidad o burla, dependiendo de las posturas correspondientes) la 4T. Planeaba escribir al respecto el domingo, pero ya saben; una vida ocupada.

Hace casi dos años escribí:

…también estoy convencido de que, al menos en este próximo sexenio, las cosas no van a cambiar radicalmente. Gane quien gane, las cosas pueden mejorar o empeorar, y en ambos casos será por una fracción perceptible pero no apabullante; en otras palabras, el país no se va a caer por un precipicio ni tampoco se van a solucionar todos nuestros problemas. Repito, gane quien gane.

Y, por supuesto, tenía razón; era una predicción bastante sosa.

¿El Peje ha hecho todo bien? Por supuesto que no; ha cometido un montón de pendejadas, algunas serias y muchas más no tanto, comenzando porque no puede dejar de abrir el hocico para decir estupideces, literalmente todos los días.

¿El Peje ha hecho todo mal? Por supuesto que no; un montón de cosas (se puede argumentar que la mayoría) no sólo no han estado mal, sino que eran necesarias hacía décadas y es excelente que alguien las esté llevando a cabo. O al menos dando los primeros pasos para que se lleven a cabo.

El país no se está cayendo a pedazos. Tampoco se está convirtiendo en una utopía. Sólo se está dando un cambio de régimen; y me parece que, exceptuando los tarados que siguen esperando la gloriosa revolución, nadie puede negar que esta vez (contrario a Fox hace casi dos décadas), sí se está dando un giro importante a las políticas que sigue el estado mexicano: o sea un cambio de régimen. O al menos se está intentando.

Así que yo sigo cautelosamente optimista; el único cambio respecto hace un año es que mi cautela va disminuyendo, porque aunque me sigue cayendo muy mal el tarado del Peje, me parece que sí tiene un plan para el país con el que concuerdo; y además los medios para llevarlo a cabo. Se han dado muchos pasos en falso (y se darán muchos más), pero la dirección es una que me agrada.

Y debo dejar claro que varias de las políticas del Peje me han afectado directamente de forma negativa en cómo desempeño mi trabajo; la “austeridad republicana” ha afectado a la UNAM indudablemente. Pero aún así entiendo el por qué de esas medidas y espero que sólo sea un periodo de transición, especialmente una vez que la corrupción más obvia y descarada sea eliminada. Y a mí no me va a venir nadie a decir que no había (o que no hay) corrupción en la UNAM.

Y a todos los que quieran discutir conmigo las políticas del Peje: con todo respeto, váyanse mucho al carajo. Voy a borrar sus comentarios de inmediato; estoy muy ocupado como para perder el tiempo en esas cosas. Si de verdad están en contra de dichas políticas; movilícense para echarlas atrás; organícense para empujar otras políticas; y salgan a votar por otros partidos para que el Peje no tenga mayoría absoluta en las dos cámaras del Congreso de la Unión. Es lo que hicimos durante décadas muchos de los que votamos por Andrés Manuel.

Buena suerte con eso.

Feliz año nuevo 2019

Como todos los años, les deseo un feliz año nuevo a todos mis lectores. Una vez más gracias por leerme, y si es el caso, por dejarme comentarios inteligentes. Los retrasados mentales por supuesto no los agradezco, ya que tengo que borrarlos.

El 2018 fue un año que, para bien o para mal, pasará a la historia como parteaguas en la vida política nacional y, tal vez de manera más importante, en la política económica nacional. Llevamos exactamente un mes de la “cuarta transformación” y aunque ya han ocurrido un par de cosas interesantes, todavía es muy pronto como para emitir un juicio amplio de cómo va la cosa… lo que por supuesto no ha evitado a varios actores nacionales que nunca tragaron al Peje de anunciar que todo lo que hace es una desgracia; y a varios de sus incondicionales el decir que todo lo que hace es perfecto y maravilloso.

Yo me espero; todavía es muy pronto, repito.

En lo personal, múltiples cosas positivas me pasaron este año, con la publicación de mi primer libro como autor único siendo de las más importantes. Por supuesto no es lo único (no hablo de todo lo que me pasa en el blog), pero sí es lo más significativo en mi vida profesional.

Vamos a ver cómo nos va en 2019, pero yo sigo cautelosamente optimista. En general, el 2018 fue un muy buen año (incluyendo la abrumadora victoria del Peje); me siento optimista de que el 2019 será aún mejor.

Las especulaciones

Qué cabrón el Peje, que ni siquiera les dejó festejar la navidá a la gobernadora de Puebla y su marido antes de mandarlos matar.

(Como a la gente retrasada mental hay que explicarles todo como la canción, despacito; eso fue una broma… de muy mal gusto, pero broma al fin y al cabo).

Ayer murieron la gobernadora de Puebla y su marido, el ex-gobernador de Puebla cuando el helicóptero donde iban se desplomó. Más tardó en difundirse la noticia que a que varios retrasados mentales empezarán a acusar al Peje de haberlo hecho; lo cual es por supuesto la idea más estúpida que he oído en mi vida (pero debo admitir que la imagen del Peje blandiendo una bazuca es muy entretenida).

Y la idea es estúpida porque al actor político que más negativamente le afecte eso sea probablemente el Peje, que ni siquiera tiene 4 semanas en el cargo.

Del otro lado, hay quien está susurrando que es una provocación contra el Peje; justamente por lo que digo arriba, que él será el que terminará más afectado. Perversamente por eso mismo esta otra idea idiota tiene más sentido que la primera; pero me parece que cualquier persona sensata no cree (al menos hasta que no sepamos más) que eso haya ocurrido.

Lo más probable es que haya sido un accidente; si le pasó al secretario de gobernación hace 10 años, no veo por qué no puede ocurrirle ahora a la gobernadora de Puebla. Pero pues hay que esperar a que se haga la investigación correspondiente; todo lo demás son especulaciones. Eso no evitará a muchos retrasados mentales afirmar, sin prueba alguna, que fue el Peje; o los enemigos del Peje; o Salinas; o Trump; o la llorona.

No importa, realmente; si algo demostraron las elecciones del 1º de julio, es que esa gente retrasada mental es minoría en este país. Lo que importa (en particular a mí) es qué se hace ahora; el Estado Libre y Soberano de Puebla necesita un gobernador, al fin y al cabo.

La ley es clara; la cámara local (que en los hechos controla Morena, como casi todo el país) elige un gobernador interino que debe convocar a elecciones a más tardar en dos años. Y aquí esperaría que Morena mostrara tantita clase política y buen gusto; el gobernador interino tiene que ser del PAN y lo más allegado posible a Martha Erika Alonso y su marido.

Las elecciones de julio fueron bastante irregulares en Puebla y el triunfo de Alonso a muchos nos pareció manchado por la intervención descarada de su marido; pero la gobernadora constitucional era ella y la tragedia de ayer sobrepasa casi cualquier otra cuestión, así que lo honorable desde el punto de vista político es que Morena no se aproveche de dicha tragedia para poner un gobernador interino allegado al Peje (además de que se vería pésimo). Incluso si algunos creemos sinceramente que sería mejor para el estado.

Lo otro es que en las elecciones que se deben convocar en los próximos dos años, Miguel Barbosa no puede ser candidato. Aunque yo honestamente creo que no tuvo nada que ver en la tragedia, de nuevo es lo honorable desde el punto de vista político. Que alguien más lo intente, pero definitivamente no el último principal adversario de la fallecida gobernadora.

De qué fue lo que pasó, vamos a esperar qué dice la investigación. Espero que se conduzca de forma transparente y expedita; y si ese no es el caso, yo seré de los primeros en señalarlo.

Mi presidente

Fue entretenido, despertar y ver que estábamos en Venezuela.

(Para el par de retrasados mentales que insisten en dejar comentarios idiotas; eso de arriba fue un chiste).

De forma particularmente anticlimática (desde mi perspectiva), el Peje se convirtió en presidente constitucional a las 00:00 horas del día de hoy. Toda la bola de mamadas que han ocurrido a lo largo del día son pura faramalla; la transferencia de la investidura presidencial es automática.

La bola de pedradas que ha recibido el Peje, aunque merecidas en varios casos, generalmente fallan en comprender que AMLO no era todavía presidente. Tenía cierta autoridad moral y mucha capacidad de movilizar; pero no era presidente. La gente que de inmediato comenzaron a decir que la presidencia del Peje ya era peor que la de Fox o la de Calderón ni siquiera se esperó a que le pusieran la banda tricolor.

Muchos por mala leche; algunos por retrasados mentales.

El hecho es que el Peje no podía hacer mucho después del 1° de julio, porque no tenía ninguno de los poderes concretos de la presidencia. A partir de hoy, ahora sí todas serán pendejadas exclusivamente suyas; aunque me parece razonable extenderle la cortesía de entender que mucho de lo que ocurrá será consecuencia de cómo recibe el país, que no es en las mejores condiciones.

Yo hubiera preferido que el Peje cerrara el hocico en estos meses; pero era básicamente imposible, dado que él es como es (hocicón) y que justo su falta del poder real del ejecutivo no le dejaba muchas alternativas.

Ahora sí comienza la presidencia de Andrés Manuel; vamos a ver si de verdad ocurre un cambio positivo. Yo continúo, como desde el 1° de julio, cautelosamente optimista.

Lo cierto es que, por primera vez en mi vida, yo podré hablar de mi presidente. Los otros tarados serían los presidentes; por fraude y manipulación en varios casos, pero eran los presidentes constitucionales. Nada más yo nunca los consideré mis presidentes.

(Supongo que debo ser justo y elaborar que Fox fue, sin duda alguna, un presidente legítimo; también fue de los peores presidentes que hemos tenido en la historia, pero eso no le quita lo legítimo.)

El Peje será mi presidente; y yo asumo la responsabilidad de ser crítico de él cuando haga tarugadas. Sólo púdranse sus críticos si creen que necesariamente concordaré con ellos en qué califica como “tarugada”.

25 años

Hace 25 años (más algunas semanas), entré al CCH Sur a estudiar el bachillerato. He escrito al respecto antes; recuerdo con cariño al CCH, pero no definió mi vida. Sin embargo, sí ocurrieron cosas mientras estuve en el CCH que definieron varias cosas en mi vida.

Una de ellas fue que mi primera manifestación, a la que yo fuera por decisión propia, no porque me arrastraban, fue al 25 aniversario de la matanza del 2 de octubre. Ahí comencé a participar en movilizaciones, cosa que técnicamente no he dejado de hacer (aunque mucho menos que cuando era estudiante), ni espero dejar de hacerlo nunca.

Hoy se cumplieron 50 años, y el país ha cambiado bastante; desde 1968 sin duda, pero también desde 1993. Y la movilización de hace cinco décadas tiene mucho que ver, por supuesto.

No fui a la marcha; me hubiera gustado, pero hubiera resultado en que no hiciera nada de mi chamba hoy. Y sencillamente no creo que sea mi lugar; ciertamente no cuando fue una movilización básicamente conmemorativa: agradezco mucho la inteligencia de los muchachos de ahora, que no permitieron que la provocación de hace unas semanas escalara a más de lo que merecía.

Ya no soy estudiante; lo fui mucho tiempo, básicamente viví más años de mi vida como estudiante que como cualquier otra cosa, pero ya no soy estudiante y dudo volverlo a ser. Que no sea estudiante no quiere decir que no pueda participar en movilizaciones conmemorativas; pero ciertamente ya no es el papel primordial que juego. Confío en los chavos de ahora para que se hagan cargo.

El 1° de julio ocurrió algo en este país que nunca había ocurrido; y dios menguante en un par de meses se concretará en los hechos el resultado de estas pasadas elecciones. Y aunque ciertamente había muchachos hace 50 años que participaron en la huelga pensando que sería el primer paso de una gloriosa revolución, lo cierto es que el movimiento del 68 fue primordialmente por la apertura democrática del país.

Que lo consiguieron, si bien a un precio criminal que nunca debió ser considerado y con una tardanza inmoral; en la siguiente década se le permitió la entrada a los partidos políticos de izquierda, lo que resultaría en la candidatura presidencial oficial de 1982 de Arnoldo Verdugo; la rebelión dentro del PRI de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988; la creación del PRD; la victoria en la Majestuosa en 1997; y veinte años después (tras un fraude descarado en 2006), la victoria del Peje a nivel nacional.

Ha sido una marcha desesperantemente lenta, pero innegable, hacia el fortalecimiento de nuestra débil democracia; y todo lo podemos rastrear al movimiento estudiantil de 1968. Falta mucho por hacer; siempre va a faltar mucho por hacer, pero no dudo que, a grandes rasgos, los participantes de hace 50 años estarían, como yo, cautelosamente optimistas del futuro. Ciertamente mucho más que básicamente en todo el tiempo que ha transcurrido desde entonces.

En ese sentido, este aniversario de la matanza del 2 de octubre es fundamentalmente distinto de todos los anteriores. Este país nunca olvidará la masacre de hace 50 años; pero me parece que por primera vez desde entonces podemos estar genuinamente optimistas de que toda esa sangre, todos esos muertos, todas esas movilizaciones y todos estos años de lucha sirvieron de algo. Falta que de hecho así resulte.

Pero repito: cautelosamente optimista.

Las pataleadas del muerto

Lo que sigue es lo que sabemos con certeza.

El 20 de agosto (hace dos semanas y media), Miranda Mendoza Flores salió del CCH Oriente en Iztapalapa. La muchacha de 18 años nunca llegó a su casa; su familiares recibieron una llamada exigiendo dinero para que la liberaran y su cadáver desnudo y calcinado fue encontrado en Cocotitlán, Estado de México, al otro día de que desapareciera.

El 27 de agosto, en el CCH Azcapotzalco, estudiantes del plantel tomaron las oficinas administrativas exigiendo la renuncia de María Guadalupe Patricia Márquez, la directora del plantel, protestando que no se abren los grupos necesarios y demandando otros puntos relacionados con la mejora del plantel. No que ahora haga mucha diferencia, pero la directora renunció 3 días después, 30 de agosto (hace exactamente una semana).

El lunes 3 de septiembre, los muchachos de Azcapotzalco fueron a Rectoría a exigir el cumplimiento de sus demandas y en solidaridad con los familiares de Miranda, cuando al menos dos autobuses de porros llegaron y comenzaron a atacar a los estudiantes, que respondieron a la agresión. Esto resultó en una trifulca con 6 heridos, 2 de ellos todavía graves y uno en particular con la posibilidad de perder un riñón.

Lo que sigue es mi perspectiva de lo que ha ocurrido.

El secuestro y asesinato de Miranda es absolutamente inaceptable; lo sería en cualquier contexto, pero desde mi perspectiva es agravado por el hecho de que es joven, de que es mujer y de que es estudiante de la UNAM. La situación en Azcapotzalco no me queda del todo clara (hace años que no tengo contactos en Azcapo), pero parece suficientemente legítima como para que la directora renunciara y todo apuntaba a que se estaban dando las cosas de tal manera que se iba a atender las demandas de los muchachos.

Ambos problemas no son (o no eran) políticos; el primero es la situación de inseguridad que se vive en la CDMX y el EdoMex, especialmente contra mujeres; y el segundo era (al parecer) demandas legítimas de estudiantes alrededor de temas principalmente académicos.

Lo que pasó el lunes, que nos tomó a todos de sorpresa (excepto los que lo planearon, supongo), convirtió de repente esto en un asunto político.

Lo que sigue es especulación mía. Pero todo es basado en suposiciones (espero) inteligentes.

La evidencia de que llegaron porros a golpear a los estudiantes del CCH Azcapotzalco es irrebatible; fue algo planeado y (con casi absoluta certeza) pagado. Lo que por supuesto nos lleva a preguntarnos: ¿quién lo planeo? Que la única manera sensata de hacerlo es preguntar: ¿por qué?

La respuesta que en otras circunstancias podría haber sido obvia (las autoridades de Azcapo) no tiene mucho sentido; la directora del plantel había renunciado 4 días antes. Sin duda alguna era el punto más complicado de lo que pedían los muchachos; si ya se había cedido en eso (que muesta disposición a querer resolver el asunto lo más rápidamente posible), ¿para qué provocar a los muchachos? Lo mismo casi de inmediato descarta a la Rectoría de la UNAM.

Los grupos de porros son históricamente incapaces de tener iniciativa propia (especialmente por la necesidad de trasladarse hasta el sur de la Ciudad); supongo que no podemos descartar que actuaran por su cuenta, pero es básicamente inédito, además de que al parecer fueron múltiples grupos actuando de manera coordinada.

¿El gobierno de la CDMX? Sin duda es posible, pero ¿qué ganarían? Especialmente dado que Coyoacán (donde se encuentra Ciudad Universitaria) es de las 4 delegaciones que ganó la alianza en la que se encuentra el PRD.

Lo que deja (como generalmente ocurre con mi pobre universidad) a grupos a nivel federal que quieren usar a la UNAM como balón político. Y a ese nivel sólo hay dos posibles actores; el gobierno federal saliente, encabezado por Peña Nieto; y el que va a entrar en diciembre, encabezado por López Obrador.

Ya oí una teoría ridícula de por qué fue el Peje, pero supongo hay que discutirla. La teoría de la conspiración va más o menos así: el Peje quiere que renuncie Graue para él poder imponer a un rector de su gusto; y quiere que sea antes de diciembre para que no se le atribuya nada a él. Por supuesto esto supone que el Peje controla a varios grupos de porros (que no usó en el 2006); que esto de alguna manera va a desembocar en la renuncia de Graue (suerte con eso); que él va a poder decir quién lo reemplazaría (no del todo descabellado, pero muy lejos de seguro); y que todo esto ocurrirá en los 3 meses antes de que tome protesta.

Dejando de lado que el Peje nunca ha optado por la violencia, está el pequeño detalle de que la UNAM es, intrínsecamente, de los aliados más fuertes que tiene. Por supuesto hay mucha gente en la UNAM que detestan al Peje o (como yo) que les cae muy mal. Y por supuesto hay grupos de “izquierda” que se sienten amenazados de que su gobierno sí mejore el problema de desigualdad, lo que evidentemente evita que se agudicen las contradicciones y que llegue la gloriosa revolución, que es lo único que realmente puede arreglar las cosas (según ellos). Pero cerca del 75% de profesores y estudiantes de la UNAM votaron por él; y un porcentaje muy alto de esos le da al menos el beneficio de la duda. Por no mencionar que los egresados de la UNAM van a regresar a las administraciones federales, cosa que muchos de aquí apreciamos.

Sería ridículo que el Peje hiciera algo así de burdo, cuando si espera que llegue diciembre, podría hacer algo mucho más sutil y efectivo para asegurar que en las autoridades universitarias quede gente allegada a él. Bueno; más allegada. De hecho eso será lo que debemos vigilar todo su sexenio; porque habremos votado por él, pero la Autonomía Universitaria es la Autonomía Universitaria.

En la asamblea que tuvimos en Ciencias (que no fui, porque ya superé esa etapa de mi vida, muchas gracias), me contaron mis informantes que ni siquiera había comenzado y ya había quienes querían echarle la culpa al Peje, de alguna manera. Y ciertamente estos grupitos de “izquierda” que tiene la UNAM (los que escriben “facismo”) lo quieren poner como si fuera peor que los priistas y panistas juntos. Si somos generosos, desde su punto de vista la única manera de cambiar las cosas es con una gloriosa revolución; por definición las elecciones no funcionan y entonces el Peje es lo mismo de siempre. Si no somos generosos, estos grupitos subsisten de estudiantes sin oportunidades que utilizan como carne de cañón, y sí las cosas mejoran entonces tendrán menos de esos.

De cualquier manera, el Peje ha contribuido a que existan estas teorías pendejas de que él es el responsable de la provocación del lunes; el muy tarado ha actuado desde el 2 de julio como si ya estuviera gobernando… y todavía no está gobernando. Puede salir a las escaleritas de sus oficinas a leer sus pronunciamientos pendejos, pero mientras no tome protesta no es todavía el presidente. Y sí, también es culpa de los tarados actuales, que han dejado ingobernable grandes secciones del país y los vacíos de poder tienden a llenarse como sea, incluyendo al tarado del Peje leyendo pronunciamientos pendejos desde las escaleritas de sus oficinas. Pero aún no está gobernando.

Como sea; si no fue el Peje, la única otra opción (si concuerdan con mi análisis) es que sea Peña Nieto. ¿Y qué podría ganar él (su grupo)?

Varias cosas, pero ninguna muy sustanciosa; deslegitimar a la UNAM; deslegitimar al Peje; crear un desmadre a un mes del 50 aniversario del 2 de octubre (lo que facilita varias semanas de movilizaciones estudiantiles); vengarse de manera mezquina de que todo mundo lo pendejeó de su último “informe” de gobierno.

Las pataleadas del muerto, en otras palabras.

Yo, como normalmente ocurre conmigo, estoy cautelosamente optimista. La asamblea de la Facultad de Ciencias votó por un paro de 48 horas; está bien, es la respuesta que suele dar Ciencias. La asamblea fue (me comentan) nutrida y dentro de lo cabe civil. Y las movilizaciones de ayer fueron masivas, pero festivas y ejemplarmente pacíficas. Probablemente como 4/5 partes de los estudiantes que se movilizaron ayer votaron por el Peje.

Aunque inicialmente no me gustó la respuesta de Graue, ya leyéndola con cuidado la veo mejor. Tampoco es extraordinaria, pero está bien. Las autoridades universitarias están respondiendo, en lugar de aplazar o hacerse güeyes; saben lo que está en juego. No dudo que las movilizaciones continúen al menos hasta el 2 de octubre; y eso está bien: la violencia contra estudiantes es inaceptable bajo cualquier circunstancia. Pero espero que esto no escale todavía más; que es por supuesto lo que buscan los que provocaron en primer lugar.

Confío en que los muchachos no caeran en próximas provocaciones; la movilización de ayer apunta a esto. Y al fin y al cabo es en gran medida por estos muchachos que por fin vamos a tener a un presidente de izquierda en este país.

La semana después

Hoy que se cumple una semana del triunfo del Peje me gustaría escribir algunos comentarios al respecto. Pero de verdad no quiero estar escribiendo de las pendejadas que haga o deje de hacer el Peje durante su sexenio; a menos que sea algo realmente significativo (ya sea positiva o negativamente), espero obviar mis comentarios. Tengo demasiadas cosas que hacer en mi trabajo de verdad como para estar además siguiendo cada movimiento del tabasqueño.

Lo primero que noté esta semana es que qué bonito es ganar, porque de repente un montón de gente que siempre atacó al Peje ahora está de acuerdo con él y lo encomiendan y abrazan y le desean suerte y demás. Hubiera estado padre que lo hicieran hace 12 años, nos hubiéramos evitados cientos de miles de muertes en la guerra criminal de Calderón y Peña Nieto, pero supongo que es mejor tarde que nunca.

Lo segundo es lo ardido del mensaje del sub Marcos (o como sea que se haga llamar ahora, no me interesa realmente). Por supuesto los zapatistas son de los que (potencialmente) más debilitados quedarán si el Peje cumple aunque sea una fracción de lo que prometió; pero claro que ese debilitamiento comenzó cuando decidieron intentar lanzar la candidatura de Marichuy. Primero porque mostraron que (exceptuando para evitar que los maten) no pueden movilizar a un porcentaje importante de la población en el país; pero además porque varios de los que siempre los han apoyado se sintieron traicionados de que le entraran (por más sarcásticamente que fuera) al juego electoral.

Lo tercero es que el pobre Peje ni siquiera ha podido descansar unos días, y ya hay ataques por la izquierda (que cómo que elogia a Peña Nieto o que se abraza con empresarios) y de la derecha (que no va a poder cumplir nada de lo que prometió). De lo primero no sé quién se puede sentir extrañado; el Peje siempre ha sido pragmático (entre otras cosas por eso voté por él). La verdad tampoco me gusta, pero lo entiendo perfectamente. De lo segundo un montón (bueno, ni tanto; perdieron de calle las elecciones) se les olvida que aquí se cumple la regla del apocalipsis zombi: cuando los zombies comiencen a comerse a todo el mundo, para seguir sobreviviendo uno no tiene por qué ser el más rápido de los sobrevivientes. Sólo hay que ser más rápido que algún otro.

Los únicos que de verdad ven al Peje como un mesías y que esperan que resuelva todo mágicamente, son justamente los que le van a perdonar lo que sea (o lo justificarán por “interferencias” de “la mafia del poder”). Todos los demás que votamos por él nada más esperamos una mejora (por pequeña que sea) del terrible trabajo que han hecho los últimos 3 o 4 presidentes; entonces el Peje tiene su chamba bastante sencilla: conque no sea igual o peor de tarado que Fox, Calderón y Peña Nieto, nos vamos a dar por bien servidos.

Si además consigue mejorar las cosas significativamente, el tarado va a pasar a la historia como uno de nuestros mejores presidentes, nada más porque los demás presidentes fueron increíblemente incompetentes. Vamos a ver, yo sigo cautelosamente optimista.

Nada más para cerrar y aprovechando que ya escribí del Peje; es algo pequeño, pero de las cosas que justifican que votara por él: que la UNAM regrese en masa al gabinete de gobierno. Una muestra de la incompetencia de los últimos presidentes es que dejaran (en su mayoría) fuera del gabinete a los egresados de la mejor universidad de Latinoamérica. Nueve de los miembros del gabinete (más de la mitad) son de la UNAM; y dos y dos de la UAM y Chapingo, que son universidades hermanas. Ah, y que dicho gabinete contenga tantas mujeres.

Y por supuesto el Peje es egresado de la UNAM.

Eso de entrada magnifica mi cauteloso optimismo.

2018: Epílogo

Para sorpresa de absolutamente nadie, dadas las encuestas y la increíble incompetencia de las campañas de Ricardo Anaya y José Antonio Meade, Andrés Manuel López Obrador ganó de calle las elecciones este 1° de julio. La sorpresa fue la magnitud de la victoria: yo estaba seguro de que el Peje ganaría, pero me conformaba con un 46% de los votos; esperaba 48%; y soñaba con que alcanzara el 50%.

El Peje ganó las elecciones con más del 53% de los votos contabilizados (según el análisis estadístico del INE, es imposible que baje de eso), lo cual lo convertirá en el presidente más legítimo y con un mandato más claro de los últimos 30 años; si todos los mexicanos que votaron por alguien distinto al Peje o que anularon su voto hubieran votado por un contrincante único, AMLO hubiera ganado de cualquier manera. La última vez que algo remotamente similar ocurrió se supone fue con Salinas, que también “ganó” con más de 50% de los votos, pero el análisis histórico hace muy dudable que haya sido limpiamente. Encima de todo lo anterior, la coalición que lidera Morena consiguió una mayoría absoluta en el Congreso de la Unión. Sumen a eso que con casi toda certeza el PRI y el PRD se van a desfondar y muchos de sus diputados votarán con la coalición lidereada por el presidente electo, y entonces tenemos una situación donde impulsar reformas constitucionales es de hecho posible.

Todo indica que hubo fraude en todo el país para tratar de minimizar la victoria del Peje (compra y supresión de voto, principalmente); no me extrañaría que en una elección más limpia su victoria hubiera sido más amplia. Pero incluso con todas sus imperfecciones, hay que reconocerle al INE el haber realizado una segunda elección que vaya a resultar en cambio de régimen, esperemos real en esta ocasión. Estas elecciones servirán para que el Instituto recupere mucho de la legitimidad perdida después del fraude de 2006 y de la compra masiva de votos en el 2012, pero de cualquier manera se debe seguir trabajando para que no se viole la ley electoral en ninguna parte del país de ninguna manera. Por muy pocos que sean los votos que puedan resultar de fraude, siempre se debe buscar que sean cero.

Después del 2012, la verdad yo no le tenía mucha fe a la izquierda mexicana; y de hecho voté por el PT ese año, porque ya me tenía hasta la madre el PRD. Cuando el Peje anunció que crearía su propio “movimiento”, yo supuse que su carrera política estaba terminada y que era posible que no me tocara ver a la izquierda ganando unas elecciones presidenciales en el país. No podría haber estado más equivocado.

Después de las elecciones del 2015 (y de que un montón de conocidos estuvieran jodejode con que me uniera a Morena), comencé a darle el beneficio de la duda. Pero fue en noviembre de 2016 que vi que el Peje sí tenía una oportunidad real de ganar este año. Al otro día de que Trump ganó las elecciones presidenciales gringas, de inmediato me quedó claro que Andrés Manuel iba a llegar a la campaña con una situación nacional básicamente ideal para que ganara.

Y en cuanto se definieron los candidatos de las demás coaliciones fue que empecé a decirle a todo el que me preguntaba que el Peje iba a ganar, pero que no le dijeran a nadie. Literalmente como niño chiquito no quería que la cosa se chispeara y cuando me preguntaban yo respondía que el Peje iba a ganar, pero que no le dijeran a nadie. Por esa razón también tardé tanto en comenzar a volver a escribir de política en el blog; y cuando empecé de hecho fue con cosas muy generales, relativamente alejadas de la elección.

La situación que parecía ideal justo después de que Trump ganara por el mecanismo demente de Colegio Electoral que usan los gringos, y que mejoró más cuando quedaron claros que los tarados de Anaya y Meade serían los contrincantes del Peje, sólo fue mejorando y mejorando para Andrés Manuel y Morena. Si uno ve casi todas las encuestas, la preferencia a favor del Peje fue en aumento casi permanente. Hay que reconocerle su ritmo demencial de trabajo visitando todo el país y la labor impecable que realizó Tatiana Clouthier como Coordinadora de campaña.

¿Y ahora qué?

Yo estoy cautelosamente optimista de la situación. Ciertamente estoy convencido de que nos irá mejor con el Peje que como nos hubiera ido con Anaya o Meade; pero incluso creo que pueden mejorar algunas cosas. Ya no soy adolescente para creer que todo se va a resolver mágicamente, pero sí creo que en ciertas cosas (educación, salud, energía, seguridad, corrupción) en seis años es posible que el balance sea positivo. Posible, no seguro.

(Y más le vale al tarado del Peje tratar de legalizar la mariguana lo más pronto posible; es de las cosas más sencillas que podría hacer que son populares, que le quitan poder al narco y que me parece el mundo está llegando al consenso de que es lo más sensato.)

También me da mucho gusto que toda una nueva generación de mexicanos jóvenes, sus primeras elecciones presidenciales hayan resultado en un cambio verdadero; con casi toda certeza esto resultará en que sigan participando en la vida política nacional. Esperemos también que este cambio sea positivo; pero como digo arriba, sí lo creo posible. Soy inherentemente optimista, pues soy de izquierda.

Y aunque no siento una euforia como estoy seguro hubiera sentido en el 2006, sí estoy contento. No es una izquierda terriblemente progresiva la que llega al poder; pero sí es izquierda (más rosada que roja, pero izquierda). Más importante todavía, el triunfo de Morena y el Peje es el resultado de una movilización izquierdista que comenzó antes de que yo naciera; la izquierda es la que realmente consiguió la apertura política a nuevos partidos; la izquierda es la que consiguió que se instituyera el IFE (ahora INE); la izquierda fue la que ha gobernado a la CDMX desde hace más de 20 años con un balance generalmente positivo. No estoy minimizando el trabajo que el Peje y su equipo hicieron estos últimos seis años; pero sí se cuelga de un trabajo que comenzó realmente con las movilizaciones estudiantiles de 1968 y 1971 (si no es que antes).

Eso vale la pena celebrarlo.

Hacia el futuro nos esperan las responsabilidades que nos tocan a todos como mexicanos, pero que convenientemente muchas veces olvidamos. Debemos ser vigilantes del Peje cuando haga tarugadas (y sin duda alguna hará tarugadas); pero esa responsabilidad es todavía más fuerte para los que votamos por él. Cuando haga una estupidez, debemos ser los primeros en criticarlo.

Pero también entiendan los que no votaron por el Peje que no vamos a criticarlo por cosas que nosotros queremos que haga. Si logra echar para atrás las “reformas estructurales” o la reforma educativa, yo no voy a criticar al Peje; todo lo contrario, lo voy a aplaudir. Por eso voté por él, entre otras cosas.

Vamos a ver qué es lo que pasa; como les digo, me mantengo cautelosamente optimista. Pero hoy, hoy yo voy a celebrar que por fin ganó la izquierda una elección presidencial y que mis padres, luchadores de izquierda de toda la vida, pudieron vivir para verlo.

(Creé una página para agrupar todas las entradas de esta serie; la pueden ver aquí.)

Las peores decisiones son las que no se toman

Hace 21 años, en 1997, salí a votar por primera vez. Desde esa vez, cada 3 años, he participado en todas las elecciones que me han tocado; excepto hace 3 años que estaba en Grecia y me acordé estando allá que habían elecciones esa semana.

El poder votar (en el caso de la Ciudad de México) nos costó sangre, sudor y lágrimas; el que nuestros votos de hecho sirvieran de algo nos costó todavía más. El no aprovechar este derecho y cumplir con esta obligación no sólo es una monumental estupidez dado que afecta todos los aspectos de nuestras vidas; es una falta de respeto a todos los mexicanos que literalmente dieron su vida luchando, por definición dentro de la vía pacífica, para que fuera posible.

Así que salgan y voten. Por la opción menos mala, si ese es su punto de vista; al fin y al cabo una de esas opciones es la que va a quedar y determinará (en gran medida) cómo se distribuyen los recursos que al pagar impuestos generamos.

Voten

Voten

2018: Conclusiones

Comencé esta serie en enero porque sí quería dejar plasmadas mis ideas acerca de lo que yo entiendo de la democracia mexicana (por débil que ésta sea) y en menor medida porque sí quería comentar acerca de los candidatos. La conclusión obvia (y por suerte al parecer se ha convertido en un gran consenso nacional) es que hay que salir a votar y hacerlo por el Peje. Esperaba más resistencia por parte de mis lectores (y según Google Analytics sí tengo más de tres lectores), pero me parece que justo por este gran consenso nacional realmente nadie quiso (o pudo) dar un solo buen argumento para votar por alguien distinto a él. Como dije en mi entrada dedicada a el Peje, la discusión la pierden los otros candidatos por omisión.

Así que además de esa obvia conclusión, sólo quiero cerrar con lo siguiente: salgan a votar. Incluso (o tal vez especialmente) si van a votar por alguien distinto del Peje; no me interesa tanto que gane el Peje, me interesa que como nación comencemos a participar más activamente en la política nacional, porque de ahí se desprende todo lo que nos afecta.

Así que salgan y voten. Participen. Involúcrense.

Especialmente si al final sí resulta (como todo apunta) a que esta elección será realmente histórica. Independientemente de nuestras preferencias políticas, juntos hagamos historia.

(Perdón, no pude resistirme… pero sí salgan a votar).

2018: Andrés Manuel López Obrador

Me cae muy mal el tarado del Peje.

Siempre me ha caído mal; aunque es razonablemente educado y ciertamente se sabe al dedillo la historia y política mexicanas (tiene múltiples libros al respecto, bien escritos por lo que he oído), yo lo encuentro vulgar y desagradable; sus tendencias mesiánicas son innegables; en aspectos sociales y morales es demasiado conservador y mocho para mis gustos; y aunque comprendo el principio de su plan de tratar de abrir las puertas de las universidades a más jóvenes mexicanos, me da terror que quiera violar la autonomía de la UNAM y el resto de las universidades públicas con cualquier cosa que debilitara su compromiso con la excelencia.

El Peje me caía mal cuando era presidente nacional del PRD; me cayó mal como candidato a jefe de gobierno; me cayó mal como jefe de gobierno; me cayó peor como “presidente” en rebeldía; y me cayó aún más mal como líder mesiánico de su propio movimiento/organización/partido, Morena. Además, la función de mi desagrado es estrictamente creciente, porque conforme más pasan los años peor y peor me cae.

Esta campaña me negué a ir a ningún mitín, a oír sus tarugadas o a ver los debates. En primer lugar porque en lo sustancial siempre dice lo mismo (cuando de hecho dice cosas con las que concuerdo, suele aburrirme), pero además porque de verdad me cae muy mal. Me pone, literalmente, de mal humor. Trump al menos me da risa; el Peje me produce una combinación de aburrimiento, hartazgo y desagrado.

Y es el mejor candidato a la presidencia de la República en estas elecciones. Lo que es más; ha sido el mejor candidato presidencial en las últimas tres elecciones, como en general ha quedado demostrado en los últimos dos sexenios, pero bueno.

El Peje no es el candidato que quiero; el candidato que quiero además de haber hecho labor de calle en movilizaciones sociales y favorecer el fortalecer la red de seguridad social del Estado de bienestar, tiene posgrado, ha trabajado como académico, es demoledoramente inteligente y culto, es defensor de la equidad de género, el derecho al aborto y los derechos de los homosexuales, y se expresa de forma ágil e impecable todo el tiempo. Además probablemente sea mujer, por cierto.

Ese candidato no existe en estas elecciones y es posible que nunca exista. Mientras tanto, lo mejor que tenemos es el Peje.

Parafraseando a The Dark Knight, el Peje no es el candidato que necesitamos; pero probablemente sea el que nos merezcamos, por permitir que vergüenzas nacionales como Vicente Fox o Enrique Peña Nieto llegaran a la silla del águila.

Lo que hace que más mal me caiga el Peje, es que por las situaciones políticas nacionales de los últimos veinte años, me he visto en la penosa necesidad de a) votar por él; y b) tener que defender sus políticas. Porque encima de todo, las cosas que hace normalmente hay que defenderlas porque tienen todo el sentido del mundo; sólo que el que las plantea, empuja e implementa es él, que me cae muy mal en lo personal.

Que un candidato nos caiga mal (o bien) personalmente no es argumento para darle o no nuestro voto. Como con todo con política, los hechos hablan; y es un hecho innegable que el Peje entregó la Ciudad de México mejor de lo que la recibió. Esto por supuesto es en promedio; mientras que hubo cosas que mejoraron, también hubo otras que empeoraron, pero el balance general es sin duda alguna positivo. Obviamente hay gente que no está de acuerdo con ese balance; pero los niveles de aprobación (más del 80%) y de apoyo hacia el Peje por parte de los habitantes de la Ciudad es sencillamente un hecho. A mí me parece que es lo que importa: qué opinamos los que de hecho fuimos gobernados por él.

Básicamente ese es el único argumento que debería importar; es también un hecho innegable que los planes de gobierno y modelos económicos de los últimos tres presidentes (y se puede discutir que los últimos seis) no funcionan. La pobreza y desigualdad han ido en aumento casi absoluto; las inversiones en salud y educación (incluyendo investigación) se han desplomado; el poder adquisitivo del promedio de los mexicanos se ha decrementado. Y eso es sin contar la incompetencia y corrupción de las últimas administraciones, por no hablar de la “guerra contra el narcotráfico” que nada más ha resultado en cientos de miles de muertos y en una violencia que está llegando a niveles incontrolables.

Mucha gente no sabe (o no considera) que al país no le ha ido todavía peor en gran medida por la Ciudad de México. Las administraciones de la CDMX (incluyendo, aunque en menor medida, al tarado de Mancera) han seguido políticas (especialmente en el ámbito social) que han permitido a la Ciudad (junto con menos corrupción en promedio que el resto del país) el mantenerse por encima de los peores estragos de las pésimas políticas de los gobiernos federales. Y dado que la economía de la Ciudad de México es la más importante de la nación (si fuera un país independiente, la economía de la Majestuosa sería la quinta de Latinoamérica), es un factor importante en haber sostenido a la República en este último par de décadas.

Por supuesto que queremos que se extiendan las políticas de la Ciudad de México a toda la nación. Y el único candidato que ofrece eso (por más mal que me caiga) es el Peje.

Hay otros argumentos, obviamente. El Peje me caerá muy mal, pero no es corrupto básicamente por eliminación; es probablemente el político mexicano que más han vigilado las distintas administraciones federales en los últimos años. Si hubiera una cosa turbia en su conducta, ya la habrían sacado hace mucho tiempo. Por eso es que le siguen intentando inventar cosas cada cierto tiempo; hasta ahora siempre han resultado falsas o inofensivas. Claro que su ridícula manera de ser “austera” ayuda. Esto también lo pone muy por encima de los otros candidatos en la contienda.

De los argumentos para llamar a no votar por el Peje básicamente tenemos dos ejes principales: que su plan de gobierno y modelo económico son o bien muy radicales; o bien un retorno a las “políticas del pasado” (ya saben, esa época horrible cuando se invertía más en salud y en educación). Son argumentos ridículos, por supuesto: el plan de gobierno del Peje es lo menos radical o revolucionario que existe en este mundo. No hay absolutamente nada extremo en el mismo; si uno tiene la paciencia de leerlo, se parece al de Obama: tratar de reconstruir la red de seguridad social del Estado de bienestar y regular a las corporaciones, además de combatir la corrupción (pero siendo justo todos los candidatos dicen que combatirán la corrupción). Eso es todo; es aburridísimo.

Y lo de regresar a “las políticas del pasado” es todavía más ridículo, porque el Peje jamás ha llamado a nacionalizar empresas que se han venido privatizando desde los ochentas, y como la política económica mexicana proteccionista de antes de 1982 se basaba en eso, entonces no tiene sentido. El Peje ha llamado a revisar por ejemplo la “apertura” de Pemex; pero como las “reformas estructurales” no eran privatización (eso es lo que siempre dijeron, ¿no?), entonces no tiene nada que ver con “regresar” a nada. Dada la corrupción de estas últimas administraciones tiene todo el sentido del mundo revisar con lupa los contratos; es simple sanidad contable.

Cualquiera que quiera usar un argumento apocalíptico contra el Peje amenazando con que las cosas se pondrán muy mal si él gana, pierde el argumento por omisión. Las cosas ya están muy mal (desigualdad social, violencia, crimen, corrupción, etc.), ¿de qué nos quieren espantar? Me parece que es por esta razón que las cantaletas histéricas de siempre no están funcionando en esta ocasión. El cielo no se va a caer si gana el Peje y todos los sabemos. A lo mejor no mejoran las cosas de manera extraordinaria (que es lo que yo en lo particular me temo), pero un cambio verdadero es justo y necesario, y el único candidato (serio) que lo ofrece, es Andrés Manuel.

Nos caiga bien o mal.

Encima de todo lo anterior, toda su vida López Obrador ha elegido consistentemente luchar a través de la vía electoral; y cuando ha encabezado movilizaciones, siempre ha enfatizado que las mismas sean pacíficas. AMLO no sólo ha dicho siempre que la vía violenta está de entrada descartada, sino que en los hechos cuando hubo la coyuntura y los voluntarios necesarios dispuestos a tomar la vía violenta (por ejemplo, en el 2006), él fue la principal fuerza para evitar que estallara. No le hubiera costado nada mandar a miles de sus seguidores (que los conozco; algunos son bastante fanáticos) a que fueran reprimidos y él poder explotar la subsecuente crisis política y social. Y no lo hizo; eso me da mucha confianza en votar por él, porque conozco demasiados dirigentes de izquierda que siempre estuvieron dispuestos a mandar a sus seguidores al matadero con tal de obtener alguna ganancia política.

Para terminar, se le puede criticar mucho a Andrés (y hay que hacerlo, en particular porque luego dice muchas tarugadas), pero hay que reconocerle que es uno de los políticos más trabajadores en la historia de este país. Y no me refiero nada más a entrar a trabajar a las 6 de la mañana y ridiculeces de ese estilo; me refiero a la labor política más pesada que existe, que es ir y de hecho platicar con la gente. No sólo con líderes comunitarios y con empresarios y con organizaciones; ir con gente común y corriente a todas partes en el país. En esta campaña Andrés Manuel es por mucho el candidato que más ha recorrido la nación y que más pueblos y ciudades ha visitado; bajo esa métrica supera a Meade y Anaya juntos. Ha llegado a ocurrir que tiene cuatro eventos en poblados diferentes el mismo día; los otros candidatos no le llegan ni siquiera a los talones en el ritmo de trabajo. Y no es nada más la labor de campaña; la formación y dirección de Morena en tan sólo seis años es algo que básicamente no se había escuchado antes en este país; y es todavía más impresionante dado el éxito que ha tenido (dada su edad como partido) y que al parecer va a tener el 1° de julio. A mí me cae muy mal el Peje; pero reconozco que nunca ha dejado de trabajar en el proyecto que él cree es el que México necesita y además que es de los pocos políticos en este país que se ha mantenido firme en la arena política aún sin tener un cargo público.

(Por cierto, si quieren leer una perspectiva profunda del Peje por parte de la prensa extranjera, lean el artículo de él que escribieron en The New Yorker; además de ser un artículo espectacular, me parece bastante objetivo y tiene analogías fabulosas como comparar a Juárez con Lincoln o a Tabasco con Louisiana.)

Antes de concluir esta entrada, supongo que debo justificar por qué votaré por el Peje a pesar de las cosas que mencioné al inicio. La respuesta sencilla es, ninguna de ellas es suficientemente grave como para votar por alguno de los otros dos tarados (el Bronco, como ya he dicho, es una broma); y como he mencionado es indispensable que votemos, así que la mejor opción sigue siendo el Peje. De cualquier manera voy a cubrir las cosas que mencioné al inicio una por una.

Que me parezca vulgar y desagradable es algo subjetivo de mi parte y no debería afectar mi decisión de votar por él.

Sus tendencias mesiánicas sólo son un problema si tratara de mantenerse en el poder después de que acabe su sexenio (si gana), y no hay ninguna señal en su comportamiento pasado que sugiera que eso haría; en particular, siempre ha dicho que jamás trataría de reelegirse.

El conservadurismo y mochismo del Peje son, para mí, su principal defecto como candidato; y sin embargo estoy parcialmente de acuerdo con lo que él dice: la equidad de género, el derecho al aborto, los derechos de los homosexuales, todos son temas muy importantes y que siempre he defendido… pero no son los temas más importantes. Pelear por los derechos de las mujeres y de grupos desprotegidos se vuelve secundario si vivimos en una desigualdad económica brutal o bajo una violencia inmanejable: se convierte en pelear por mujeres y homosexuales privilegiados (de clase media alta y alta), porque serían los únicos que podrían aprovechar esos derechos. Si alguien se está muriendo de hambre o es asediado por la violencia del narco, lo que menos le interesa es si se puede casar con su pareja del mismo sexo o si le van a dar una promoción a pesar de su género o preferencia sexual. Bajo esas condiciones esos temas se convierten en secundarios o terciarios.

Por último, las universidades. No me importa si el Peje crea universidades en todo el país modeladas como la Universidad Autónoma de la Ciudad de México… siempre y cuando aumente el presupuesto de la UNAM, el resto de las universidades públicas y del Conacyt; y además respete la autonomía de las mismas. Y otra vez, no hay nada en su comportamiento pasado que apunte a que no será así.

Si en algún momento el Peje al menos insinuara que quiere reelegirse; o definir el matrimonio como exclusivamente entre hombre y mujer; o penalizar el aborto; o reducir el presupuesto de la UNAM y el Conacyt; yo seré el primero en criticarlo y movilizarse para evitarlo de cualquier manera que me sea posible. Pero mientras no lo haga, le voy a dar el beneficio de la duda.

Así que en resumen; me cae muy mal el Peje y definitivamente no es el candidato que a mí me gustaría; pero es la mejor opción disponible (por mucho) y aunque no espero nada terriblemente revolucionario si él gana, ciertamente creo que nos irá mejor que con cualquiera de las otras (muy tristes) opciones disponibles. E incluso creo que hay espacio para que mejoren ciertas situaciones en el país. No muchas y no de manera espectacular (la democracia es lenta y aburrida), pero sí algunas un poco.

Por todas estas razones yo el 1° de julio voy a votar por Andrés Manuel López Obrador. Por cuarta vez (tercera para presidente).

Aunque me caiga mal.

2018: Ricardo Anaya Cortés

Siendo, como soy, no es de extrañar que generalmente encuentre analogías a mi forma de pensar en cosas que mucha gente descartaría como intrascendentes: cine, literatura o videojuegos, por ejemplo. A mí me parece que pequeñas pepitas de sabiduría muy profunda se pueden encontrar casi en cualquier lugar, y por eso quiero comienzar esta entrada con una cita de Albus Dumbledore:

It is a curious thing, Harry, but perhaps those who are best suited to power are those who have never sought it. Those who, like you, have leadership thrust upon them, and take up the mantle because they must, and find to their own surprise that they wear it well.

Es una buena frase y una que me parece todos los que hemos de hecho vivido a través de situaciones que requerían liderazgo efectivo, ciertamente el mejor suele venir de aquellos que no es su objetivo en la vida dirigir, pero que están dispuestos a hacerlo, aunque en sus ojos sea de hecho un sacrificio. La contrapuesta me parece (con ciertos detalles aclarados) también cierta: los peores líderes son aquellos para los que dirigir, ser el líder o “jefe”, es lo más importante en la vida.

Como digo, hay que aclarar ciertos detalles.

A ciertos niveles (que sin duda incluyen la presidencia de la República, pero muchos otros también como gobernaturas, rectorías de grandes universidades, jefes de gabinete, etc.), es básicamente imposible llegar a ser el líder si no es algo que se está buscando de forma absoluta e implacable. Para motivos prácticos nunca (o casi nunca) ocurre que alguien que no lo buscaba de repente se encuentre siendo presidente de la República.

Entonces hay que matizar la contrapuesta de la cita de Dumbledore: hay que analizar el por qué alguien quiere dirigir. Y aunque es un universo de posibilidades bastante complejo, me parece que hay dos extremos fácilmente identificables que (al menos desde mi punto de vista) básicamente determinan en qué políticos hay que desconfiar y cuáles se merecen el beneficio de la duda (por principio, no creo que haya que “confiar” en ninguno).

Los dos extremos son (de manera simple y maniquea): hay quien busca el poder para ayudar a la gente; y hay quien lo busca porque quiere ese poder.

Por supuesto es mucho más complicado que eso y todos los políticos siempre dirán que quieren ayudar a la gente (y algunos hasta sinceramente lo creerán) y todos los políticos (hasta cierto grado) buscan el poder porque quieren ese poder. Es básicamente prerequisito de esa vocación.

Y es por eso que en general no hay que hacer mucho caso de lo que digan los políticos (especialmente en campañas), ni mucho menos tratar de leer sus pensamientos: lo único real son las acciones concretas. Cómo han actuado cuando de hecho han tenido poder.

Es por esa razón que siempre he preferido a los políticos (de todo el mundo y cualquier ideología, incluyendo de derecha) que comenzaron sus carreras saliendo a la calle a trabajar con (o a veces literalmente darse de madrazos junto a) la gente a la que esperan liderear algún día y por la cual me generan mucha desconfianza aquellos que escalan puestos políticos a través de compadrazgos, contactos familiares, maquinaciones y politiquerías; y en particular para mí los peores son los que utilizan su poder político para enriquecerse. Un muy buen ejemplo son los últimos dos presidentes gringos: Barack Obama trabajó cinco años como organizador comunitario en Chicago antes de continuar sus estudios de leyes; Donald Trump siempre abusó del dinero e influencia de su familia para hacer cualquier cosa y nada más llegó a la presidencia comenzó a beneficiar sus negociones y los de sus hijos. No estoy diciendo que Obama sea “bueno” ni que Trump sea “malo” (no hay “buenos”; sólo hay menos “malos”), lo que digo es que sin duda prefiero a Obama sobre Trump.

Lo que nos lleva a Ricardo Anaya.

Anaya podría ser descartado (a mis ojos y, al parecer, los de mucha gente) nada más por venir del PAN (los dos sexenios presidenciales panistas han sido de los peores en la historia del país; particularmente el de Calderón), por su trayectoria (jamás ha ejercido una posición ejecutiva) y por el equipo de gente con la que se ha rodeado (todos provenientes de las filas del PAN y de la carcasa medio podrida de lo que queda del PRD). Pero para mí eso no es lo peor; para mí lo peor es que Anaya ha actuado de forma implacable para eliminar a sus enemigos; sean quienes sean, de la forma que sea necesaria y sin importar las consecuencias.

Esto no es algo malo en todas las facetas de la vida; si yo fuera el dueño de una empresa y sólo me importaran sus ganancias, querría a alguien de ese estilo dirigiéndola. ¿Pero como servidor público, alguien que de hecho es empleado de la gente? No, gracias. Ricardo Anaya ha maquinado toda su vida cómo adquirir más y más poder y al parecer no para tener mejores oportunidades de ayudar a nadie excepto a él mismo. Además lo hizo, repito, eliminando a quien sea (como la Zavala) y como sea (como una alianza impensable con el PRD) para conseguirlo.

Dadas sus acciones, se puede concluir que Ricardo Anaya jamás en su vida se ha preocupado por nadie que no sea el mismo y que las posiciones de poder que adquirió fueron, siempre, sólo un paso para poder brincar a la siguiente o una oportunidad para hacer negocios (y financiar su siguiente brinco). Fue presidente de la cámara de diputados federales; ¿qué legislación diseñó, llevó al pleno y defendió cuyo principal objetivo fuera mejorar la vida de los mexicanos en su conjunto (empresas no valen)? ¿Qué hizo similarmente como diputado local en Querétaro?

Fue presidente nacional del PAN; después de la derrota del 2012 (y las increíblemente incompetentes administraciones de Fox y Calderón), el PAN estaba mal, pero no en la crisis en la que se encuentra ahora. La apuñalada por la espalda que le dio a Margarita Zavala, aunado con la alianza delirante con lo peor que queda del PRD, que va en contra de los pocos principios que el PAN no había violado durante sus dos sexenios al frente del ejecutivo federal, han hundido al PAN en una de sus crisis más graves de la historia. En gran medida, Anaya es responsable.

Y nada más por no dejar de mencionarlo, están las múltiples acusaciones de triangulaciones de dinero y de abuso de sus puestos para hacer negocios, ya fuera directamente o a través de terceros. La verdad es que no sabemos exactamente qué ha pasado; y al igual que con Meade, mientras no tengamos una impartición de justicia honesta, nunca lo sabremos. Pero para ser alguien tan joven (es menor que yo), Anaya ciertamente ha acumulado una serie de acusaciones (varias de ellas difícilmente justificables) que si él sonara como un candidato perfecto a ser presidente excepto por dichas acusaciones, las mismas serían suficiente como para generar una duda razonable a elegirlo. Aunadas a todo lo demás (la ambición desmedida, las traiciones, la incapacidad de generar consensos y facilidad para causar divisiones; por no hablar de sus posturas políticas y económicas), lo convierten en el peor posible candidato a la presidencia en esta elección.

En mi entrada anterior comentaba que entre el Bronco, Meade y Anaya, yo eligiría a Meade. Pero incluso entre el Bronco y Anaya, yo eligiría a el Bronco.

En toda esta serie de entradas no he hecho muchas predicciones, pero me voy a animar a hacer una aquí. Si Anaya pierde el 1° de julio (que por suerte cada vez parece más y más probable), su carrera política estará acabada. A lo mejor consigue un cargo burocrático en algún gobierno local, pero lo dudo: ha cruzado a demasiadas personas, ha sembrado demasiada discordia, tiene demasiada cola que le pisen y para acabarla de amolar, resultó ser terriblemente tarado como candidato.

Y si se cumple que su carrera política termina después de las elecciones, a mí me va a dar mucho gusto. Desde mi perspectiva, gente como Ricardo Anaya no debe estar nunca al frente de cargos públicos.

2018: José Antonio Meade Kuribreña

Soy académico de la Universidad Nacional Autónoma de México y llevó años (décadas, si expandimos la definición) en el medio académico. Además varias personas en mi familia también son académicos (o aspiran a entrar a la academia), así que se puede discutir que desde chiquito estoy aprendiendo cosas del medio académico por ósmosis.

Una cosa importante que he visto durante años de conocer, platicar, trabajar y tratar en general a personas con un alto nivel educativo: ningún grado garantiza que alguien no sea un tarado. Y de hecho es relativamente común que la gente altamente educada sea terriblemente ignorante en cosas que estén fuera de su esfera de estudios.

Me incluyo en esto, por supuesto.

Meade es alguien indudablemente educado; pero por su actuación en las secretarías de energía, hacienda, relaciones exteriores y desarrollo social podía discutirse que es un tarado. Esta campaña lo demostró de manera dolorosamente obvia.

También está el hecho de que Meade es economista. La economía es, en el mejor de los casos, una ciencia social (se puede discutir que es una de las humanidades); pero existen muchos economistas que de verdad creen que es una ciencia exacta, lo cual probablemente sea de los factores más determinantes para que ocurrieran las peores crisis económicas del siglo XIX, XX y XXI.

No hay ciencia más dada al pensamiento dogmático que la economía (si acaso concedemos que la economía es ciencia).

La teoría de que el Estado debe intervenir poco en la economía y dejar que el mercado determine por sí mismo el costo de los productos y la calidad de los mismos, ha sido desacreditada de manera empírica una y otra y otra y otra vez. No me importa qué digan tus modelos matemáticos; no me importa qué digan tus proyecciones en el mercado: si los hechos muestran que existe cada vez más desigualdad; que los pobres son cada vez más y se vuelven más pobres; que los ricos son cada vez menos y se vuelven cada vez más ricos; que el valor adquisitivo de tus trabajadores no ha crecido; y que siguen dándose crisis económicas cíclicas, entonces tu modelo económico no sirve.

Y la necedad de insistir que son factores externos los que evitan que funcione: “hay que implementar más reformas”, “hay que darle más tiempo”… es exactamente lo que decían los regímenes comunistas. La ciencia justamente consiste en ajustar modelos a la realidad, no al revés.

José Antonio Meade es en gran medida la personificación del modelo económico que ha perseguido el país en los últimos 30 años y que ha resultado en que México esté dentro del 25% de los países con mayores niveles de desigualdad en el mundo, donde vive el hombre más rico de América Latina junto con más de 50 millones de personas pobres. Trabajó en las administraciones de Felipe Calderón y de Enrique Peña Nieto, discutiblemente las más ineptas de toda la historia del Estado moderno mexicano y sin duda alguna de las más corruptas. Como secretario de Hacienda y Crédito Público implementó justamente esta idea idiota de “desregularizar” a las empresas, siendo el ejemplo más descarado las famosas Zonas Económicas Especiales, donde empresas no pagan ISR ni IVA durante un tiempo determinado; seguramente ninguna empresa va a abusar de eso. Y por supuesto la gente común y corriente sí sigue pagando IVA.

Por no mencionar la misma corrupción en la que ha participado Meade. Podríamos elucubrar acerca de su involucramiento en “La Estafa Maestra”; mientras no tengamos una impartición de justicia que no sea corrupta no sabremos a ciencia cierta. Pero sin elucubrar, lo cierto es que Meade vio cosas en la administración de Peña Nieto como el caso Odebrecht o el escándalo de la mansión de Angélica Rivera y no dijo nada.

Nada más eso lo descalifica (en mis ojos y los de un enorme sector de la población, aparentemente) como posible presidente; y ni siquiera he mencionado cosas como seguridad, educación, manejo del sector energético, etc. Agréguenle además que su campaña ha mostrado a alguien torpe, desconectado de las necesidades de los mexicanos comunes y corrientes y con el carisma de una suela de zapato, no es de extrañar entonces que esté en último lugar de los candidatos “serios” a la presidencia.

En defensa del tarado de Meade, cualquier candidato del PRI la hubiera tenido difícil; después de las tragedias nacionales que fueron los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón, muchos mexicanos estuvieron dispuestos a darle una oportunidad más al PRI, el partido de nuestra dictablanda durante todo el siglo XX después de la Revolución.

Como decía mi directora de tesis de la licenciatura; “todo mundo se merece una segunda oportunidad… ¡pero sólo una!”

De alguna manera la candidatura de Meade es el resultado de la descomposición que ha sufrido el gobierno de Enrique Peña nieto y el PRI. El país está en una crisis muy profunda (únicamente en un país en crisis asesinan a más de 100 políticos durante el proceso electoral) y el grupo en el poder fue completamente incapaz de elegir a un candidato que tuviera al menos la esperanza de llega a ganar. Se puede incluso discutir que eligieron al peor.

A mí me parece que hay una muy alta probabilidad de que Meade haya participado en varios actos de corrupción en las administraciones de Calderón y Peña Nieto; y de hecho, dado el nivel de sus cargos en esas administraciones, me parece que lo difícil sería que no hubiera participado. Si no fuera por eso, me daría pena el tarado de Meade: es patético, como candidato y como muchas otras cosas. Es literalmente un pobre burócrata, por más doctorado de Yale que tenga. Su posición en las encuentas con casi toda certeza se deba más a la maquinaria del PRI que todavía existe en el país que a los logros de su campaña o a su “carisma” como candidato.

Y sin embargo, dicho todo lo anterior, si no estuviera la opción del Peje probablemente votaría por él (y después haría buches de cloro). El Bronco es una broma, como ya he dicho; y de Anaya escribiré más adelante. Y si soy congruente con lo que he escrito (que hay que participar en las elecciones aunque todas las opciones sean una mierda), entonces la opción menos peor entre el Bronco, Meade y Anaya, sin duda alguna (para mí) sería Meade.

Eso no habla de nada bueno de Meade; habla de la espantosa opción que representa Anaya (el Bronco, repito, es una broma… mala). Pero de Anaya escribiré en la siguiente entrada.