Compulsive Gambler

Después de chillar como niña chiquita con Violet Evergarden, ya que estaba de hecho usando mi cuenta de Netflix decidí echarle un ojo a Kakegurui o Compulsive Gambler, porque el arte y diseño de personajes se veía interesante.

Técnicamente debería esperar para escribir de esta serie, porque comencé la segunda temporada y no la he terminado; pero la verdad no creo que haya nada de novedoso en la misma.

Kakegurui

Kakegurui

La serie trata de una escuela de élite donde las familias ricas y poderosas de Japón mandan a sus hijos a estudiar. Dentro de la misma, la jerarquía entre los estudiantes (incluyendo cosas como el concejo estudiantil) no está determinada por méritos académicos, competencias deportivas o cosas tan absurdas como son la democracia; en cambio, el nivel en el tótem que cada estudiante puede tener está dado por su éxito al apostar en distintos juegos que la escuela provee y alienta. Los estudiantes que caen en deuda están hasta abajo en el tótem, y de hecho se convierten en básicamente mascotas de sus acreedores.

Es, como pueden imaginarlo, una mamada de proporciones inverosímiles.

El animé tiene varias cualidades que lo rescatan: la animación y diseño de personajes es fenomenal; la música es bastante buena; y como probablemente corresponda a un animé de adolescentes lujuriosos que se juegan literalmente la vida en juegos de azar, la serie suele ser sexy de forma que a mí me parece muy entretenida, satisfaciendo los requerimientos que por ley este tipo de animés tienen que cumplir en Japón.

Sexy

Sexy

También, y porque claro que eso a mí no me molesta, el personaje focal de la historia (que no la protagonista), Yumeko Jabami, básicamente tiene un orgasmo cada vez que suben las apuestas en el juego… que es, por supuesto, todo el tiempo.

Yumeko Jabami apostando

Yumeko Jabami apostando

Hey, desde el inicio dije que la historia era una mamada.

El problema fundamental que tengo con la serie es que la justificación de que Yumeko casi siempre gana, es porque apuesta por el placer de apostar, no porque le importe ganar o perder. Que es por supuesto estúpido hasta decir basta: aunque medio tratan de explicar las estrategias que sigue la muchacha y mostrar su clara inteligencia, el hecho es que las cosas le salen a Yumeko por la “pureza” con la que juega el juego, al final derrotando a todo mundo, incluso cuando intentan usar trampas para detenerla.

Pero la verdad, por estúpida que sea la historia, los personajes están bien definidos y la animación y música están muy padres; además de que sí es emocionante ver cómo las apuestas suben y suben todo el tiempo, y como Yumeko conquista a todos, no sólo ganándoles, sino atrayéndolos para que la apoyen a seguir ganando. Para mi desagrado no hay casi romance (aunque sí tensión sexual para repartir), pero en general no creo que eso demerite al animé.

Así que sí lo recomiendo; sin duda alguna está entretenido, aunque la verdad cuando salió la segunda temporada la empecé, y ahí la tengo sin terminar, porque no parecía que fueran a cambiar mucho las cosas.

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