Los trenes

Conocí a mi amiga Birgit en el DocCourse de 2009 en Barcelona, durante mi primer viaje a Europa. Cerca del final del viaje, nos dijimos mutuamente que estaría padre que nos visitáramos en nuestros respectivos países, porque por qué no.

La verdad es que en general todos los miembros del DocCourse (un par de docenas al menos), dijimos eso; y siendo justo para casi todo el resto de ellos sí lo cumplieron. Por supuesto tienen la ventaja de vivir en Europa, no como yo que tengo que cruzar el charco.

Siendo justo con Birgit en particular, ella ha venido a México un montón de veces después del DocCourse; nunca a verme a mí, pero viene seguido a trabajar y generalmente nos vemos aunque sea una vez cuando esto ocurre.

Yo no pude ir a visitar a mis amigos del DocCourse, al menos no tan seguido como me hubiera gustado. En 2009 fui a San Francisco a visitar a Eddie aprovechando una estancia en California durante el verano, y en 2010 fui al examen de grado de Vincent aprovechando que estaba en una estancia en Barcelona. En el 2011 técnicamente no fui a visitar a nadie, pero me encontré a varios por distintas partes del mundo durante mi viaje demente de 6 meses hacia el final de mi beca de doctorado.

Y después tardé en de hecho doctorarme y luego obtener mi plaza en la Facultad de Ciencias. Pero en cuanto lo hice, el año pasado pasé a visitar a Eddie en Wisconsin y a Fred y Anna en Colonia.

Y por supuesto Birgit me reclamó amargamente en su última visita de por qué no le había avisado que iba a Europa para tratar de encontrarnos.

Así que en este viaje vine a mi congreso en Italia, pasé a mi cotidiana visita de investigación en Barcelona, y el jueves me trepé a un avión a Viena en Austria, para por primera vez en mi vida ir a visitar a Birgit.

Estuvo padre; Graz es un pueblo chiquito, pero bonito, y la verdad sí fue padre cumplir una promesa hecha hacía más de ocho años.

Lo que no estuvo padre es que no tenía tiempo (de por sí mi estancia en Barcelona fue corta), y que consecuentemente no pude salir de ahí en avión. Al menos en un vuelo directo de Graz y/o Vienna a Nápoles.

Así que tomé tren. Y aquí es donde se pone medio triste el asunto.

Mi experiencia con trenes nunca ha sido terriblemente satisfactoria en Europa; suelen ser más lentos y más caros que los aviones (para transportarse entre ciudades importantes al menos), y aunque todo mundo parlotea acerca de la comodidad, la verdad es que no le veo mucha ventaja sobre los aviones (excepto que no hay estúpido pase por seguridad para verificar que no tenga más de 100 mililitros de crema líquida).

Para salir de Graz tuve que tomar un tren a Knittelfeld, de ahí un tren nocturno a Boloña, y aquí estoy esperando por mi tercer tren a Nápoles (regla estúpida de estos viajes académicos; uno tiene que regresar a México por la ciudad a la que partió originalmente).

El tren a Knittelfeld estuvo bien, pero el tren nocturno fue bastante desagradable. Ya sabía que tenía que compartir mi vagón con otros individuos; pero la “cama” era bastante incómoda y además hubo un retraso de cerca de una hora antes de llegar a Boloña. Por suerte dejé un colchón bastante generoso con el siguiente tren.

De verdad sigo sin verle el chiste a viajar por tren; prefiero (por mucho) los aviones.

Pero además de que no soy fan de los trenes, el problema con usarlos es que comencé mi viaje de regreso el viernes a las 19:00 horas (tiempo de Europa central), y lo voy a terminar en México a las 11:00 horas del domingo (4:00 horas, tiempo de México). Técnicamente es un viaje de 40 horas, sin paradas significativas para descansar en ningún punto (y sí, considero al tren nocturno un fallo en el sentido de intentar de descansar).

La cosa se ve más o menos así:

  1. Tren Graz → Kittelfeld
  2. Tren Kittelfeld → Boloña
  3. Tren Boloña → Nápoles
  4. Aerobús Nápoles → Aeropuerto de ídem
  5. Avión Nápoles → Münich
  6. Avión Münich → México
  7. Taxi aeropuerto → mi casa
  8. Caer como tapa de excusado en mi cama

Llevo ya 12 horas de viaje, y sinceramente no espero con ansias las 28 que me faltan.

Pero al menos ya vuelvo a casa. Y fue padre ver a Birgit.

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