Lollipop Chainsaw

Resulta que me puse a hacer cuentas. Después de sacar el platino en L.A. Noire, el siguiente que obtuve fue el de Lollipop Chainsawhace cuatro años y medio, en abril de 2013.

Esto es medio ridículo, sí ando ocupado, pero creo que sí debería ser capaz de al menos hacer reseñas de mis videojuegos y películas; casi nunca me salen muy largas de cualquier manera. Y si lo sigo posponiendo me voy a morir antes de acabar.

Así que aquí está, casi cinco años después, mi reseña de Lollipop Chainsaw.

Lollipop Chainsaw

Lollipop Chainsaw

Lollipop Chainsaw es un juego hack & slash, como God of War, Dante’s Inferno o Bayonetta. Su punto de originalidad es que la protagonista, Juliet, es una porrista preparatoriana, que está un día a punto de reunirse con su novio cuando llegan los zombies y lo muerden, por lo que Juliet lo decapita y utiliza un encantamiento para mantenerlo con vida como una cabeza colgando de su cintura.

Resulta que toda la familia de Juliet se dedica a combatir amenazas sobrenaturales, así que la linda porrista se dirige a su escuela a tratar de salvar a sus compañeros de las hordas de zombies que la atacan.

Quiero ser muy claro en que el personaje de Juliet es una caricatura del estereotipo gringo de la güera tonta y que su diseño visual está sexualizado más allá de las peores fantasías adolescentes de un hombre que probablemente no sepa cómo comunicarse con una mujer de carne y hueso. Nada de eso me importa; Juliet es muy linda y a mí me encanta.

Juliet

Juliet

Como pueden ver en la imagen, el arma preferida de Juliet es una sierra eléctrica (con detalles rosas, por supuesto), que es lo que da la mitad del título al juego (“chainsaw”). Los “lollipops” son las paletitas tipo Tutsi-Pop que Juliet consume para recuperar HP. Porque ya saben cómo se ve cuando Juliet se mete una en la boca.

El juego recibió bien merecidas críticas por el triste papel que juega Juliet como modelo femenino; aunque, al igual que la versión Harley de Suicide Squad, no es difícil encontrar montones de muchachas en convenciones de videojuegos haciendo cosplay de Juliet. No me voy a meter yo en ese tema; a mí me encanta Juliet.

Como videojuego, Lollipop Chainsaw está bastante divertido. Aunque no tan preciso como God of War o incluso Dante’s Inferno en sus controles, está divertido andar rebanando zombies con una sierra eléctrica y ver a Juliet pegar brincos de porrista al hacerlo. Además, los zombies no salpican sangre al ser mutilados; en su lugar explotan en arcoírises y corazoncitos y estrellitas. Y por último, a mí no me molesta que con cada brinco que pega Juliet, la linda porrista enseña los calzones. Que es por supuesto lo que hacen las porristas, en general, al andar pegando de brincos.

La historia es medio retrasada mental; además del novio decapitado y una familia que caza zombies, Juliet tiene un sensei japonés que es una caricatura (ligeramente racista) de Miyagi; los jefes antagonistas son zombies con temas musicales y más ridículos que la misma Juliet; y todo el tiempo Juliet mantiene conversaciones con su novio donde muestra constantemente que su coeficiente intelectual probablemente no supere al de una maceta.

Nada de eso importa; los niveles están divertidos, la música es espectacular, hay varios mini juegos divertidos y por retrasada mental que sea, Juliet es genuinamente encantadora. Y no hablo de sus senos y trasero (aunque, repito, a mí no me molestan); es un personaje bien intencionado (si bien no muy inteligente) que trata de hacer lo correcto y que siempre trata de mantenerse alegre y positiva.

Y su minifalda es realmente un cinturón muy grueso y eso me encanta; pero de verdad no sólo por eso me gustó el videojuego.

En trofeos el juego es muy noble; me tomó como cinco semanas sacar todos los trofeos. Que probablemente contribuyera a cuánto me gustó; nunca llegó el punto en que me hartara el estar persiguiendo algún trofeo.

Dicho todo lo anterior, no he vuelto a tocar Lollipop Chainsaw desde que saqué su platino. Lo cual no es raro conmigo (mi pila de juegos por jugar se acerca peligrosamente a cien); lo que es raro es que la verdad no se me antoja, aunque lo recuerdo muy cálidamente.

Que probablemente tenga que ver con la cintura de Juliet, pero bueno.

Como sea, yo sí recomiendo ampliamente Lollipop Chainsaw; es divertido, uno mata zombies que explotan en corazoncitos rosas y además se puede disfrutar el oír a Juliet decir todas sus pendejadas mientras menea sus caderas al perseguir zombies para decapitarlos.

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Baby: El Aprendiz del Crimen

Antes de ir a Europa (de hecho en agosto), fui a ver Baby Driver. Rayos, me tengo que poner al día con mi pobre blog.

Como sea, se aplican las de siempre.

Baby Driver

Baby Driver

Soy fan de Edgar Wright desde hace años; tengo la triología del Cornetto en Blu-ray, así como Scott Pilgrim vs. the World. Me encantan sus películas, visualmente y por su sentido del humor. Y Baby Driver no es la excepción; sólo no entiendo por qué a tanta gente le gustó, cuando me parece que sus películas anteriores son del mismo calibre (si no es que mejores).

Como sea; Baby Driver es un cuento de hadas con criminales tomando el papel de dragones, gángsters tomando el papel de hadas madrinas con moralidad ambigua, y lindas meseras tomando el papel de princesas. Nuestro héroe protagonista es un muchacho de buen corazón trabajando de conductor para un gángster/hada madrina al que le debe dinero, y que resulta es un genio manejando carros, así que generalmente la hace del conductor con el que huyen después de realizar un crimen.

La trama es estúpida, es lo que estoy diciendo; pero la película funciona no únicamente por la genialidad visual de Edgar Wright y por el sentido del humor, sino también por la encantadoramente adorable Lily James y la súper química que se trae con Ansel Elgort.

Lily James

Lily James

Las actuaciones son mucho mejores de lo que esta película merece (especialmente el depredador sexual Kevin Spacey), las escenas de acción (especialmente las persecuciones) son divertidísimas, y es al final del día un romance, así que por supuesto me encantó. Es un cuento de hadas bastante violento con una historia más bien pendeja; pero no importa: es divertida y Lily James debería casarse conmigo.

Así que vayan y véanla.

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El 100%

El viernes, después de ocho años, once meses y veinte días, por fin llegué al 100% de compleción en mis trofeos de la PlayStation Network.

La verdad no esperaba que este año completara todos mis trofeos, pero hace unos meses noté (de manera casi accidental) que sí había una manera de obtenerlos, y comencé a trabajar en ello. Esto implicó, entre otras cosas, no comenzar a jugar nuevos juegos.

Sigo teniendo mucho trabajo (viajes incluidos), entonces no podía dedicarle mucho tiempo a mi caza de trofeos; de ahí que aunque me faltaran relativamente pocos (menos de 30) me tardara meses.

Como sea, el viernes saqué el último platino que me faltaba, de Need for Speed: Hot Pursuit. No fue el de Gran Turismo 5 porque hice las cosas de tal manera que mi platino de GT5 fuera el quincuagésimo.

En total tengo 2,746 trofeos, divididos entre 59 juegos, con un total de 51 platinos. Si redondeamos a nueve años (que casi lo fueron), esto son 108 meses, lo que da un promedio de 25 trofeos al mes (poco menos de uno al día) y un juego completado (aproximadamente) cada 7 semanas.

Por supuesto siguen habiendo periodos largos donde no juego, y periodos pequeños donde juego mucho; pero en general no le dedico tanto tiempo a mis videojuegos, probablemente un par de horas al día en promedio (tirando a menos).

Y claro todo esto es intrascendente; a nadie le importa que tenga 100% de compleción en mis juegos de PlayStation, y ciertamente no me da absolutamente nada en lo concreto (y podemos discutir que tampoco en lo abstracto). Sin embargo, me parece que sí refleja algo de mi personalidad; si algo está dentro de mis habilidades y me lo propongo, lo consigo. Tengo ejemplos mucho más significativos que videojuegos, pero no me molesta que mis trofeos sean uno más.

¿Y ahora qué sigue? Bueno, voy a dejar de jugar unos días (al menos una semana), y después voy a comenzar varios juegos que había pospuesto justamente porque sé que tardaré años en poder completarlos. Stree Fighter IV, Injustice y Uncharted 3 al menos, pero probablemente aviente también Rock Band 4, XCOM y Shift 2 a la bolsa.

Esto con casi certeza resultará en que no regrese a tener el 100% en varios años, si no es que nunca. De alguna manera por eso voy a jugar esos juegos, no quiero tener que pensar en mi porcentaje de compleción durante mucho tiempo. Sólo quiero jugar.

De cualquier forma cuidaré que al menos exista la posibilidad de completar mi colección; trataré de sacar los trofeos en línea primero (previendo la eventualidad de que cierren los servidores), y no empezaré ningún juego donde ya sea imposible terminarlos como, lamentablemente, Need for Speed: The Run. Lamentablemente porque ya lo había comprado.

Pero durante los próximos años jugaré únicamente por el placer de sacar mis trofeos, sin preocuparme de completarlos cuando sean muy difíciles.

Pero en este momento, sí estoy contento de haber completado todos mis trofeos.

100%

100%
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La sala de espera mamona

De nuevo estoy en el aeropuerto, ahora para ir a un congreso en Guadalajara, el de la Sociedad Mexicana de Investigación de Operaciones, a la que ahora pertenezco porque mi vida es complicada.

Por qué debo ir al congreso, además de porque es de una sociedad científica a la cual pertenezco, es una historia interesante que no voy a platicar hoy. Nada más diré que voy como participante, no como ponente, que mucha gente lo describe en el medio académico como “ir de paseo”, aunque no sea realmente el caso.

Como sea, el punto de esta entrada es que por primera vez en mi vida utilicé la sala de espera mamona a la que tengo acceso por una de mis tarjetas de crédito. Desde hace años sabía de la existencia de dichas salas, pero por alguna razón nunca había hecho uso de ellas; pude haberlo hecho en Barcelona y en Nápoles este año, o en Atenas hace dos años.

Está simpático. Un poco más cómodo y algo menos engentado que las salas de espera normales, con más lugares dónde cargar la batería de electrónicos. Aunque mi tarjeta de crédito debe ser medio chafa, porque nada más me ofrecieron bebidas no alcohólicas y cacahuates.

Supongo que tiene sentido que use estas cosas si es de los beneficios que me proporciona mi tarjeta de crédito; voy a empezar a hacer de eso de ahora en adelante.

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Desde adentro

Por supuesto tuve que ir y abrir mi estúpido hocico de que un gran temblor había ocurrido cuando estaba fuera México. Como si para reprochármelo, el Universo mandó el peor sismo (en consecuencias) que ha tenido esta Ciudad en 32 años; justos, irónicamente.

Esta vez la infraestructura no salió al quite tan bien. Se cayeron 44 edificios (al menos) y varios más están seriamente dañados. Otros van a necesitar reparaciones no triviales. Las pérdidas humanas en la Ciudad se acercan a 200 y probablemente las superen una vez terminen las labores de rescate.

Pero debieron ser cero.

Supongo que es medio imposible diseñar edificios que aguanten cualquier terremoto de cualquier magnitud; pero me parece sumamente sospechoso que un edificio nuevecito en Tlalpan se desplome mientras varios alrededor no les pasó absolutamente nada. Eso me huele a que hubo incompetencia criminal o (lamentablemente más probable) corrupción criminal para no cubrir todos los líneamientos de construcción en la Ciudad. Y más grave aún en la escuela Rébsamen; las escuelas primarias deberían ser doblemente exigentes con los requerimientos de seguridad en la construcción de sus edificios.

Cualquiera sea la razón, debe investigarse por qué algunos edificios se colapsaron (y no, “porque hubo un terremoto” no es una respuesta válida) y deslindar responsabilidades y castigar a los culpables que se identifiquen. No importa el partido político al que pertenezcan o al gallo que apoyen para las elecciones del 2018; y lo digo perfectamente consciente de que casi todos esos responsables serán de partidos de izquierda. La única manera de ir mejorando la infraestructura de la Ciudad (y del país en general) es entender que la incompetencia o corrupción literalmente cuesta vidas, y que esto es sencillamente inaceptable.

Las autoridades tampoco salieron al quite muy bien que digamos; en muchas ocasiones fueron completamente rebasadas, y en otras han tratado de utilizar la tragedia para ganar puntos políticos. En los peores casos de manera criminal, como (al parecer) está ocurriendo en Morelos. De nuevo, gobernado por alguien de un partido de izquierda.

En mi entrada del sismo anterior no mencioné a los medios de comunicación, en particular la televisión; porque estaba fuera de México, pero además porque desde 2006 no veo los noticieros de la televisión abierta mexicana, porque son asquerosos. Al parecer esa asquerosidad llegó a grados ridículos en este nuevo sismo, por la desinformación, maniqueísmo y ganas de joder a la Ciudad que generalmente profesan, siendo todo el teatro de la niña Frida el punto más bajo que han alcanzado en décadas. Pero todo esto es de oídas; les digo, no veo los noticieros de la televisión abierta mexicana. Y de hecho no veo televisión abierta, punto.

La que sí salió al quite (como en 1985, como siempre) fue la ciudadanía de mi Capital. La gente salió en masa a ver cómo podía ayudar, al grado de que a veces hasta era difícil canalizarlos. Los medios internacionales estaban apantallados de cómo la gente de esta Ciudad se movilizó de manera automática y orgánica para mantenerla funcionando; dirigiendo tráfico, limpiando escombro, distribuyendo agua y comida y (como en 1985, como siempre) rescatando gente de los derrumbes usando a veces sus manos desnudas. Dos artículos en CNN en particular (éste y éste) me parece que retratan bien la sorpresa de los extranjeros a cómo reaccionaron mis cohabitantes citadinos.

Yo no me sorprendí, en lo más mínimo, porque vengo años diciendo que lo mejor que tiene esta Ciudad, es su gente. Y a partir del 19 de septiembre de 2017 (como en 1985, como siempre) lo volvieron a demostrar.

Muchas veces en este blog he expresado mi cariño por la Ciudad de México. Y lo que muchos no entienden, es que no hablo principalmente de sus edificios, ni de sus restaurantes, ni de sus oportunidades culturales y recreativas. No hablo principalmente de Ciudad Universitaria y el Centro Histórico. No hablo principalmente de los tacos de suadero a la media noche, ni de Garibaldi a las dos de la mañana. Hablo de su gente, la población más cívica que tiene el país; sin duda y por mucho.

Se cayeron muchos edificios, pero mucho menos que en 1985; reconstruiremos y (esperemos) lo haremos todavía mejor para que a la próxima sean cero (o tanto como sea posible: dato anecdótico; hasta donde me he enterado, no murió nadie en una escuela pública de la Ciudad). Murieron cerca de 200 personas, pero fue una mejora indiscutible de 1985, donde murieron miles. Hay que estudiar con cuidado (y de forma honesta y sin fines politiqueros) qué fue lo que falló, para que no se repita la próxima vez. Y de ser necesario, castigar a los responsables.

Pero la ciudadanía de la Majestuosa reaccionó de manera heróica, sin pánico, solidariamente, haciendo lo que podían cuando podían y como podían, como esta señora que fue a donar algo de comida, sin zapatos y con toda la dignidad del universo.

Donante

Donante

Como en 1985. Como siempre.

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Los trenes

Conocí a mi amiga Birgit en el DocCourse de 2009 en Barcelona, durante mi primer viaje a Europa. Cerca del final del viaje, nos dijimos mutuamente que estaría padre que nos visitáramos en nuestros respectivos países, porque por qué no.

La verdad es que en general todos los miembros del DocCourse (un par de docenas al menos), dijimos eso; y siendo justo para casi todo el resto de ellos sí lo cumplieron. Por supuesto tienen la ventaja de vivir en Europa, no como yo que tengo que cruzar el charco.

Siendo justo con Birgit en particular, ella ha venido a México un montón de veces después del DocCourse; nunca a verme a mí, pero viene seguido a trabajar y generalmente nos vemos aunque sea una vez cuando esto ocurre.

Yo no pude ir a visitar a mis amigos del DocCourse, al menos no tan seguido como me hubiera gustado. En 2009 fui a San Francisco a visitar a Eddie aprovechando una estancia en California durante el verano, y en 2010 fui al examen de grado de Vincent aprovechando que estaba en una estancia en Barcelona. En el 2011 técnicamente no fui a visitar a nadie, pero me encontré a varios por distintas partes del mundo durante mi viaje demente de 6 meses hacia el final de mi beca de doctorado.

Y después tardé en de hecho doctorarme y luego obtener mi plaza en la Facultad de Ciencias. Pero en cuanto lo hice, el año pasado pasé a visitar a Eddie en Wisconsin y a Fred y Anna en Colonia.

Y por supuesto Birgit me reclamó amargamente en su última visita de por qué no le había avisado que iba a Europa para tratar de encontrarnos.

Así que en este viaje vine a mi congreso en Italia, pasé a mi cotidiana visita de investigación en Barcelona, y el jueves me trepé a un avión a Viena en Austria, para por primera vez en mi vida ir a visitar a Birgit.

Estuvo padre; Graz es un pueblo chiquito, pero bonito, y la verdad sí fue padre cumplir una promesa hecha hacía más de ocho años.

Lo que no estuvo padre es que no tenía tiempo (de por sí mi estancia en Barcelona fue corta), y que consecuentemente no pude salir de ahí en avión. Al menos en un vuelo directo de Graz y/o Vienna a Nápoles.

Así que tomé tren. Y aquí es donde se pone medio triste el asunto.

Mi experiencia con trenes nunca ha sido terriblemente satisfactoria en Europa; suelen ser más lentos y más caros que los aviones (para transportarse entre ciudades importantes al menos), y aunque todo mundo parlotea acerca de la comodidad, la verdad es que no le veo mucha ventaja sobre los aviones (excepto que no hay estúpido pase por seguridad para verificar que no tenga más de 100 mililitros de crema líquida).

Para salir de Graz tuve que tomar un tren a Knittelfeld, de ahí un tren nocturno a Boloña, y aquí estoy esperando por mi tercer tren a Nápoles (regla estúpida de estos viajes académicos; uno tiene que regresar a México por la ciudad a la que partió originalmente).

El tren a Knittelfeld estuvo bien, pero el tren nocturno fue bastante desagradable. Ya sabía que tenía que compartir mi vagón con otros individuos; pero la “cama” era bastante incómoda y además hubo un retraso de cerca de una hora antes de llegar a Boloña. Por suerte dejé un colchón bastante generoso con el siguiente tren.

De verdad sigo sin verle el chiste a viajar por tren; prefiero (por mucho) los aviones.

Pero además de que no soy fan de los trenes, el problema con usarlos es que comencé mi viaje de regreso el viernes a las 19:00 horas (tiempo de Europa central), y lo voy a terminar en México a las 11:00 horas del domingo (4:00 horas, tiempo de México). Técnicamente es un viaje de 40 horas, sin paradas significativas para descansar en ningún punto (y sí, considero al tren nocturno un fallo en el sentido de intentar de descansar).

La cosa se ve más o menos así:

  1. Tren Graz → Kittelfeld
  2. Tren Kittelfeld → Boloña
  3. Tren Boloña → Nápoles
  4. Aerobús Nápoles → Aeropuerto de ídem
  5. Avión Nápoles → Münich
  6. Avión Münich → México
  7. Taxi aeropuerto → mi casa
  8. Caer como tapa de excusado en mi cama

Llevo ya 12 horas de viaje, y sinceramente no espero con ansias las 28 que me faltan.

Pero al menos ya vuelvo a casa. Y fue padre ver a Birgit.

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Barcelona

El domingo de madrugada llegué a El Prat en Barcelona, alrededor de las dos de la mañana. No fue mi culpa, los tarados de Vueling retrasaron mi vuelo de Nápoles a Barcelona, y en lugar de llegar a las 0:30 de la madrugada, llegué a la 1:50.

La diferencia importa porque el Aerobús que va del aeropuerto a la ciudad deja de circular a la 1:05. Por suerte cuando llegué a la terminal del Aerobús para comprobar que ya no había más autobuses, otros tres pasajeros estaban en la misma situación que yo y entre los cuatros cogimos (je) un taxi.

La idea era ir a Plaça Catalunya, pero viendo Google Maps noté que pasábamos relativamente cerca de mi hotel, les dejé 10 euros a mis compañeros y me bajé del taxi. Caminé tres cuadras y cogí (je) un autobús nocturno que me dejó a 150 metros de mi hotel.

Lo único malo es que no era hotel; era hostal y tenía baños y regaderas compartidos.

Una cosa graciosa de todos mis viajes; nunca me había quedado en un hostal con baños y regaderas compartidos. Siempre pude elegir hotel (o departamento) donde estar, así que fue una nueva experiencia. La verdad no lo hubiera elegido (aunque sea más barato); las fotos del hostal en Booking me engañaron, yo sinceramente creí que tendría mi propio baño.

Al final no estuvo mal; nunca ocurrió que quisiera bañarme y no hubiera regadera disponible (y podría hacer aquí un comentario de cómo muchos europeos no le tienen mucha fe a eso de bañarse diario, pero mejor no), y mis compañeros de hostal al parecer eran decentemente limpios, porque nunca me encontré con un baño sucio.

De cualquier manera, espero no tener que repetir un hostal.

Ese mismo domingo, ya descansado, me salí de mi hostal (que está a una cuadra del Camp Nou) y básicamente recorrí todo el Paralelo para llegar a la Barceloneta y comer en el Paco Alcalde, un restaurante que conocí el año pasado a recomendación de una muy querida amiga mía. Hacía años que no recorría así Barcelona, sencillamente caminando y tomando fotos, deteniéndome a tomar un cortado de vez en cuando.

La semana fue corta, porque ya estoy de regreso en El Prat, ahora rumbo a Viena. Pero estos tres días creo que han sido de los más productivos en investigación que he tenido en mucho tiempo; y pudieron serlo aún más, pero pues no se puede todo en esta vida.

Barcelona se siente a esta altura como casa para mí, y espero poder regresar el año que viene. Ciertamente hay chamba suficiente para justificarlo, lo único que falta es ver de dónde sale el dinero.

Pero no me preocupo demasiado.

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Desde afuera

En 1985, cuando el temblor, un tío mío se encontraba estudiando en el extranjero. Recuerdo cuando nos contó cómo fue el obtener la lista de fallecidos (que me parece nunca quedaron claramente definidas) y el buscar en ellas el nombre de familiares y amigos. La verdad nunca pasó por mi cabeza que el primer sismo de magnitud semejante al de 1985 ocurriría justamente conmigo estando fuera del país, viendo las cosas desde afuera.

Por supuesto todo es mucho más sencillo ahora; mi hermano me mandó un mensaje casi de inmediato para preguntarme si estaba bien (al tarado se le olvidó que no estaba en el país). De ahí fue cosa de mandar mensajes preguntando a todo mundo informes; como casi todos mis seres queridos viven en la Ciudad de México, rápidamente se fue armando la imagen de que todos estaban bien, y de que las cosas eran completamente distintas a 1985.

Al menos en la Ciudad.

De hecho la rápida recopilación de datos alrededor de La Majestuosa me hizo respirar con alivio algo adelantado; los reportes de Oaxaca, Chiapas y similares tardaron en llegarme. No ayuda que no estoy ni en Facebook ni en Twitter. Por un segundo llegué a pensar si valía la pena dar mi brazo a torcer después de tantos años, pero rápidamente decidí que no. ¿De qué podría servirme enterarme más rápido de una desgracia? Incluso si pudiera adelantar mi vuelo de regreso (dudoso, dada la temporada), ¿qué bien podría hacer el que volviera antes?

Como sea, y sin disminuir de ninguna manera la tragedia de las casi 100 personas que murieron, la verdad es que o fuimos endiabladamente suertudos, o de algo sirvió la tragedia del 85 para evitar que se repitiera a esa magnitud. Dados los relatos y fotos y videos que vi de los edificios meneándose como borrachos fuera de Garibaldi, creo que es justo decir que al menos de algo sirvieron todas las regulaciones que se implementaron al menos en la Ciudad de México. Que a pesar de la mentada corrupción e incompetencia que según existen en mi Ciudad, lo cierto es que la infraestructura de la misma al parecer resistió un terremoto de 8.1 grados en la escala de Richter. Y supongo que algo de crédito hay que darle a las autoridades correspondientes, por más mal que me caiga Mancera.

Justo hace unos días leía acerca de la tragedia en Texas, donde Harvey básicamente convirtió Houston en un lago enorme. El autor comentaba que una de las tragedias de Katrina en 2004, además de la obvia, es que no se llevó nunca a cabo una reconstrucción de Nueva Orleans viendo hacia el futuro, sino únicamente pensando en el pasado, porque eso hacen las civilizaciones “en descenso”. Es una lectura interesante y se las recomiendo.

Lo saco a colación porque me parece que la Ciudad de México fue bien reconstruida después de 1985. Y dos de esas razones (le guste o no a mucha gente) son su ciudadanía y el hecho de que ha sido desde entonces gobernada en los hechos por gobiernos progresistas de izquierda (si bien no oficialmente hasta 1997). De 1985 a 1997 me refiero a que la ciudadanía de la Ciudad justamente presionó a los gobiernos locales para que hicieran bien las cosas, no a que los regentes de entonces fueran unas blancas palomitas.

El temblor de hace unos días se sintió, literalmente, en la mitad del país, por lo que me cuentan. En varias entidades esto causó un daño material inmenso; pero en la Ciudad de México al parecer sólo se cayeron algunas bardas y se fue la luz en gran parte de la misma. Eso pasa aunque no haya temblores (aunque aún hay que esperar a las revisiones estructurales para ver si no hay daños más sutiles escondidos).

Me parece que hay que hacer una reflexión de por qué es esto, y justamente cómo podemos reconstruir lo que sea necesario reconstruir en Oaxaca y Chiapas de tal forma que a la próxima ellas también sobrepasen un temblor de esta magnitud sin más que unas cuantas bardas caídas y electricidad cortada temporalmente.

Una pista: ni reformas “estructurales”, ni “pactos” por México ni tampoco comunidades autónomas van a responder por sí mismas esas preguntas.

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El café italiano

No recuerdo si llegué a mencionarlo en el blog, pero la única otra vez que estuve en Italia (en 2011) me enfermé y entonces sólo probé café una vez, justo antes de treparme a mi avión de salida.

Esta vez no estoy enfermo, así que he estado tomando café italiano todo el tiempo. Y es delicioso.

No sé si sean los granos, cómo los tuestan o cómo los hacen, pero es por mucho el café más suave que yo haya probado. Y con suave no quiero decir débil, quiero decir suave. El café es fuerte, pero suave (como los buenos amantes). 

Se siente como si una prostituta milenaria acariciara tu lengua con la suya, mientras recita antiguos hechizos de amor lujurioso en tu oído. Es así de bueno.

Ahora sólo me preocupa que me voy en unos días y no sé dónde encontraré este tipo de café de nuevo.

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La bolsita

Una de las cosas de asistir a un congreso académico es ir a recoger la bolsita. La bolsita es, valga la rebuznancia, una bolsita con cosas relacionadas al congreso; casi siempre incluye una guía turística del lugar donde se realiza el congreso, un cuadernillo para notas, plumas y/o lápices etiquetados, a veces las ponencias ya impresas en un libro o al menos el programa. Otras veces hay carpetas; hace unos años no era raro recibir todo en una mochila que uno podía reutilizar, pero me parece que eso ha caído en desuso. Y en los últimos congresos a los que he ido dan un USB con básicamente una copia digital de todo lo anterior. Excepto plumas y lápices.

Como sea, la bolsita es universal; todo mundo recibe lo mismo. Antes de recoger su bolsita, cada participante del congreso recoge un paquete más pequeño con cosas individuales: el gafete con identificación, el recibo original del pago de inscripción, etc. Sin embargo, la constancia de que uno había dado una plática solía darse después de dar la plática; esa es la idea, supongo, si dicha constancia es lo que sirve como comprobante académico de que uno no vino nada más de paseo.

Y de hecho es lo mínimo; es posible (y algunos lo hacen) que alguien venga a nada más ver a las lindas muchachas italianas, y únicamente pararse en el congreso el día y a la hora de su plática. Si uno da la constancia de haber dado la plática antes de que se dé la plática, pues habrá quien de plano no se pare en el congreso más que para recoger su bolsita.

No me gusta usar el término “turismo académico”, porque generalmente sólo lo he oído ser usado de manera despectiva por gente que no está en la academia y que (sospecho) no entiende realmente lo que hacemos. Ir a un congreso es trabajo; y lo que es más, es trabajo pesado, especialmente si uno quiere hacerlo bien. Pero por supuesto hay gente que literalmente aprovecha los congresos para ir de paseo y que son probablemente los responsables de que haya surgido el término “turismo académico” en primer lugar.

En este congreso (International Conference on Optimization and Decision Science 2017) en la bolsita venía nada más una constancia de asistencia, así que el “turismo académico” más descarado no hará acto de presencia. Espero.

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Las vueltas

Voy a hacer un ejercicio que casi nunca hago:

  1. Salí de mi casa más o menos a las 17:30 horas del viernes (tiempo de México) para llegar a las 18:00 horas (más o menos) al Benito Juárez.
  2. Esperé el inevitable par de horas antes de abordar mi avión a las 20:15.
  3. El avión hizo aproximadamente 10 horas a Frankfurt, de las cuales pasé unas 7 horas (más o menos) viendo cuatro churros infumables, y el resto tratando de dormir.
  4. Aterricé en Frankfurt a las 14:05 del sábado (más o menos, tiempo europeo) y esperé unas dos horas y media a subir a mi transferencia a Nápoles.
  5. Aterricé en Nápoles a las 18:20 (más o menos) y tardé unos quince minutos en a la estación del transbordador que va a la estación central de trenes y en esperar que el transbordador saliera.
  6. Hice unos veinte minutos en llegar a la Stazione di Napoli Centrale, y unos quince en viriguar dónde y cómo comprar un boleto para el “circumvesuviana”, que terminó partiendo a las 19:41 horas.
  7. El trenecito tomó poco más de una hora en llegar a Sorrento, poco después de las 21:00 horas.
  8. Caminé unos veinte minutos el poco menos de un kilómetro de la estación de trenes al hotel del congreso (está de subida, tengo mi maleta intercontinental, y estuve viajando todo el día).

Contando todas las vueltas y el cambio de zona horaria, es como si hubiera estado viajando todo el sábado, con unas cuantas horas de sueño ahí aventadas.

No me quejo, así es la venida al viejo continente (se desquita uno en el regreso, donde perseguimos al atardecer). Como sea, estoy molido y muero de hambre, así que me daré un regaderazo (tengo el aroma de tres distintos países y dos continentes) y saldré a buscar un lugar donde cenar. Por suerte los italianos son civilizados y tienen restaurantes que sirven comida hasta la media noche.

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Tutte le belle ragazze

Traté de apurarme a escribir las reseñas de películas que tenía retrasadas antes de esta entrada, pero no me alcanzó la vida. Aún me falta reseñar Baby Driver y supongo que la reseña quedará atorada durante las siguientes dos semanas, porque voy a estar fuera de México.

Que es de las razones por las cuales andaba ocupado, por cierto.

Estoy de nuevo en el aeropuerto de la Ciudad esperando abordar mi vuelo a Nápoles, Italia (vía Frankfurt, Alemania). De nuevo vuelo por Lufthansa; la primera vez que fui a Europa fue el mismo vuelo (creo que incluso a la misma hora), y recuerdo que estuvo bien, así que espero se repita.

Voy a un congreso en Sorrento, a tiro de piedra de Pompeya, así que espero conocer las ruinas. Después iré a Barcelona, como generalmente hago, a una corta estancia de investigación; y por último pasaré a visitar a mi amiga Birgit en Graz, Austria. Y ya luego me regreso, espero no completamente molido.

Este viaje tiene de novedoso que las porciones más caras del mismo (boleto de avión, hospedaje en el congreso, inscripción al mismo) no las pagué yo; lo paga el proyecto PAPIIT en el cual participo. No es novedoso que me paguen un viaje académico (de hecho, casi es la única forma en que viajo internacionalmente); lo novedoso es que ocurra ya como profesor de tiempo completo de la UNAM.

El año pasado la Facultad de Ciencias me pagó un parte (bastante pequeña, pero se agradece) de mi viaje a Salamanca, y hace dos años mi viaje a Grecia lo pagué casi todo yo; esta es la primera vez que cosecho los frutos de mi trabajo académico en un viaje (no como estudiante). Que es de las ventajas que tiene el ser profesor universitario, por supuesto.

Me parece que ya lo había comentado, pero mi plan es realizar uno de estos viajes al año (al menos) de aquí a que deje de ser profesor de tiempo completo de la UNAM. No sé si lo consiga, pero llevo tres seguidos así que es únicamente cuestión de mantener la racha.

De verdad disfruto mucho mi trabajo; todas las partes del mismo (aunque claro, algunas más que otras). Lo haría incluso si no tuviera el beneficio de poder viajar a otros países a dar pláticas de las pendejadas en las que estoy trabajando; pero que además me paguen estos viajes es de verdad de las cosas más maravillosas de ser profesor.

Estuvieron tensas las últimas semanas, por la preparación del viaje y la necesidad de tener ciertas cosas terminadas para el mismo (aún no está lista mi presentación para el miércoles, por cierto); paradójicamente, en estos viajes es hasta que me siento en el avión que comienzo a relajarme y a disfrutarlos (incluso sin haber acabado la presentación, que por cierto me pasa casi siempre). Así que en una hora más o menos que me trepe a mi avión espero poder empezar a disfrutar el viaje internacional de este año.

Nos vemos del otro lado del charco. Si el avión no se cae, por supuesto.

Y si no me cancelan el vuelo por lluvia.

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Valerian

Después de ver la última película de Spidey, pasaron unas semanas y fui a ver Valerian and the City of a Thousand Planets, en gran medidad por Cara Delevingne y Dane DeHaan, y un poco por Luc Besson.

Se aplican las advertencias de spoilers habituales.

Valerian and the City of a Thousand Planets

Valerian and the City of a Thousand Planets

Basado en el cómic seminal de ciencia ficción francés, esta película tenía muchas ganas de verla. Estoy ligeramente enamorado de Cara Delevingne desde que la oí en la estación Non-Stop-Pop FM de Grand Theft Auto V, y me parece uno de los seres humanos más hermosos que jamás han existido. En ese sentido la película no decepciona; Laureline es hermosa y patea traseros.

Dane Haan me decepcionó un poco su personaje; el tipo me parece un extraordinario actor desde que lo vi en Chronicle, pero en general no lo he visto bien utilizado en nada desde entonces (aunque no he visto A cure for Wellness). Su papel (el protagónico Valerian) es un héroe de acción ligeramente chapado a la antigua, y medio güey en comparación de Laureline, pero tampoco es nada terrible.

La que me sorprendió fue Rihanna, que sale como 10 minutos pero se roba todas las escenas donde lo hace. Y siempre es agradable el ver a Clive Owen e Ethan Hawke, aunque son medio caricaturescos en sus personajes.

La dirección de Luc Besson sufre de lo que siempre ha sufrido; el tipo puede hacer cosas extraordinarias (como León o The Fifth Element), o puede hacer esperpentos (como The Big Blue), generalmente cayendo en esperpentos muy divertidos (como Lucy). Lamentablemente Valerian cae más bien en el último grupo, pero tampoco es tan mala como Rotten Tomatoes aparenta.

La película comienza con un montaje de cómo la estación espacial Alpha comenzó su existencia, utilizando como soundtrack una de mis canciones favoritas en todo el mundo mundial.

Ground Control to Major Tom

Todo el inicio es muy padre; muy imaginativo, bastante optimista y visualmente increíble, con la voz de David Bowie de fondo. Se explica cómo Alpha fue expandiéndose hasta que tuvo que alejarse del planeta Tierra porque su gravedad comenzaba a afectarla, y después la historia se mueve a la destrucción de una raza idílica que vive idílicamente en un idílico planeta. Y hasta entonces llegamos a Valerian y Laureline.

La película no es mala; sólo podría estar mejor contada y tener mejor ritmo, además de que a veces los actores no parecen saber exactamente qué deben hacer. Yo lo culpo todo en el director.

Como sea es muy europea (el desprecio por la vida de todos aquellos que no son personajes principales es deliciosamente total), muy antiimperialista (lo que tal vez explica que no le haya gustado a los gringos) y tiene el corazón en el lugar correcto. Además, en el fondo es una historia romántica, así que yo de eso no me puedo quejar.

Tell my wife I love her very much
She knows!

Desde el punto de vista técnico además la película es impecable, mejor hecha y con un universo mucho más interesante que el de Avatar.

Pero sí tiene bastantes fallas. No para justificar sus porcentajes en Rotten Tomatoes, pero sí las tiene.

Al parecer los chinos le están entrando al quite para ver esta película en el cine, y no dudo que le vaya muy bien en los mercados auxiliares, así que espero haya una secuela. Quiero ver más de este universo, y sin duda alguna quiero ver más de Cara Delevingne.

Por todo eso sí la recomiendo, y probablemente vaya y la compre en Blu-ray, aunque que a veces me pregunto cuánto durarán los Blu-ray y se moverá todo a la nube.

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L.A. Noire

Hace como ocho meses que no escribo acerca de mis platinos, así que supongo es hora de que vuelva a hacerlo. Digo, saco pocos platinos al año, pero si escribo acerca de ellos a un ritmo aún menor entonces nunca voy a acabar.

Después de obtener mi platino en WipEout HD, el siguiente que obtuve fue el de L.A. Noire.

L.A Noire

L.A Noire

No me acuerdo dónde compré mi copia de L.A. Noire; todavía se ve como nueva. Recuerdo que tuve que comprar el season pass para poder jugar los DLC, así que no debió ser una copia nueva. Probablemente lo compré en el gabacho, pero ya no me acuerdo.

Como sea; lo compré porque todo mundo decía que era un muy buen juego, y porque es un juego de RockStar (R), los desarrolladores de Gran Theft Auto, Red Dead Redemption y similares.

Y es un muy buen juego; de hecho me parece que se ve mejor que Gran Theft Auto V (al menos en el PS3), las animaciones faciales son de las mejores que existen en la séptima generación, toda la estética de los 40s gringos es muy padre (los trajes de los agentes están súper chidos), los carros son bellísimos y ciertamente es interesante jugar un juego open world donde no se puede estar matando gente ni atropellando peatones así nada más.

El único problema es que no es un muy buen juego para mí.

Uno juega (la mayor parte de la historia) como el agente Cole Phelps, un veterano de la campaña del Pacífico gringo en la Segunda Guerra que se mete de detective en Los Angeles en 1947. Uno tiene que atender casos que van desde ladronzuelos hasta asesinos seriales, y la mecánica es buscar evidencia en la escena del crimen, interrogar testigos y/o sospechosos e ir y atrapar al sospechoso principal. En medio a veces hay persecusiones (a pie o en automóvil) y peleas a puñetazos o balazos.

Investigar las escenas de los crímenes me gustó, especialmente por el sistema de que el DS3 vibra cuando uno está cerca de una pista. Se sentía como las aventuras gráficas de los noventas modernizadas al siglo XXI. Las partes de acción son entretenidas, y ciertamente un cambio novedoso de GTA o RDR donde uno básicamente le dispara a todo lo que se mueve.

Interrogar a testigos y/o sospechoso lo odié con la intensidad de diez mil soles. Uno debe hacer preguntas al interrogado y a partir de lo que dicen y de sus expresiones faciales determinar si están mintiendo o diciendo la verdad. Lo cual hace que el juego sea básicamente estarse comunicando con otras personas… justamente juego videojuegos para no comunicarme con otras personas.

Para agravar el asunto, el juego es inclemente con las interrogaciones; las partes de persecusiones o disparos son sencillas y si uno las falla un par de veces el juego pregunta, amablemente, si mejor las saltamos. En cambio las interrogaciones no tienen perdón y el capitán te regaña como niño chiquito cuando vas y la cagas al decidir quién es el culpable.

Como sea también es muy fácil de pasar con una guía en línea porque el árbol de decisiones en las interrogaciones es fijo, pero entonces pierde todo el chiste.

Me gustó la historia del juego y ciertamente es bellísimo de mirar. La ciudad de Los Angeles que muestra en su esplendor de los años 40s es increíble (y se ve que reutilizaron mucho después para GTAV), pero no hay mucho qué hacer fuera de los casos. Uno no puede ir a tomarse una malteada o ver un show de cabaret. Y bueno, en los casos hay que estar hablando con gente, al parecer.

De todas formas no solamente saqué el platino (que se vuelve medio trivial siguiendo guías en línea, si uno es como yo que tiene problemas para leer expresiones faciales de gente falsa en la computadora), sino que saqué el cien por ciento de los trofeos. Me entretuvo, si bien sí acabó desesperándome el tratar de descifrar cuándo mentían o no los testigos, y decididamente es el juego de R que menos me ha gustado. Aún así, desde el punto de vista técnico es extraordinario.

Pero si llegan a sacar una secuela (la han intuido desde hace años), la verdad no sé si la compraria. Aunque a quién engaño; claro que lo voy a hacer.

Es un juego de R.

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Spider-Man: De Regreso a Casa

Hace unas seis semanas fui a ver Spider-Man: Homecoming, porque por supuesto que eso hice: no me he perdido una sola película de Spider-Man en el cine. Digo, en este siglo.

Se aplican las de siempre.

Spider-Man: Homecoming

Spider-Man: Homecoming

Esta película es, después de Spider-Man 2 (de Sam Raimi), mi película favorita de Spider-Man. No es mi Spider-Man; yo crecí leyendo los cómics clásicos de Spidey, y el de esta película es realmente el del universo Ultimate, que he oído es muy bueno, pero que realmente nunca leí.

Pero es muy buena película, además de hilarante en muchas partes. Lástima que la tengamos trece años después de Spider-Man 2.

Como sea, lo que me gustó: hot Aunt May, ¿quién podría haber dicho que esa idea iba a funcionar? Marisa Tomei es extraordinaria como una joven y definitivamente sexy tía May, además de mucho más divertida que la original.

La bola de chavitos compañeros de Peter son fabulosos y mucho más interesantes que los equivalentes de los cómics que yo leí; en particular Ned es espectacular como the man in the chair. Pero las muchachas también son muy buenas, y que hicieran a Liz la hija de Toomes fue excelente idea, además de completamente inesperada.

Que hablando de Toomes; Michael Keaton es extraordinario como una versión modernizada y excelentemente actualizada de Adrian Toomes, con una historia perfectamente razonable de por qué decidió convertirse en un súper villano.

Y bueno, Tony Stark siempre es excelente; pero me encantó ver de nuevo a Favreau como Happy, y todavía más (y completamente inesperado) a la bellísima Gwyneth Paltrow como Pepper Potts. Después de la decepción que fue Iron-Man 3, fue de hecho muy satisfactorio volver a verlos en esta entrega.

Pero si tuviera que elegir mi parte favorita de la película, es sin duda el traje que Tony le da y la relación que se forma entre Peter y la inteligencia arficial del mismo, interpretada de forma magistral (y súper sexy) por Jennifer Connelly, que en la vida real es por supuesto la esposa de Paul Bettany, quien interpretaba la voz original del traje de Tony antes de ser promovido a Vision.

Karen: This is your chance. Kiss her.

Ahora, debe ser obvio que me encantó la película, y ciertamente me encantó. Es divertida, emocionante en partes, tiene romance adolescente y dos bellezas maduras (no sé si sentirme orgulloso o deprimido de que me gustaron más Marisa Tomei y Gwyneth Paltrow que las pibetas compañeritas de Peter) y un traje que se roba la película.

Pero debo admitir que no es perfecta, y ciertamente deja algo qué desear comparada con otras películas de súper héroes que hemos tenido en los últimos años.

De cualquier forma a mí me encantó y espero que la frágil alianza entre Disney y Sony continúe para que sigan haciendo películas de Spidey en el universo cinematogŕafico de Marvel.

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Windows to Go

Yo no uso Windows. Tiene años que no utilizo Windows de forma cotidiana, y mi uso del sistema operativo de Microsoft ha caído a tal grado que si inicié mi computadora de escritorio en mi casa (que es la única que tiene Windows) más de diez veces, yo creo que son muchas. Y la mayor parte debieron ser porque quería escanear algún documento: el escáner de mi oficina funciona perfecto en Linux, pero el que tengo en mi casa (que es como cinco veces más barato y veinte veces más chafa) no, así que cuando necesitaba escanear algo reinciaba a Windows.

Ahora ya ni por eso lo hago, porque aprendí a redirigir el tráfico USB en Qemu y entonces puedo usar una máquina virtual con Windows en mi sistema operativo Linux para poder hacer escaneos sin necesidad de reiniciar mi computadora. Si algún día tengo tiempo planeo monitorear el tráfico para poder escribir el soporte en SANE para mi escáner en Linux, pero eso es plan a futuro.

Como sea: Windows, casi no lo uso. Tengo en mi casa una computadora y tarjeta de video bastante poderosas, junto con algunos juegos de Steam (hace años que no tengo ningún software pirateado; hasta me siento extraño), pero cuando juego suele ser limitado a mi PlayStation 3 o 4. ¿Para qué otra cosa usaría Windows?

La respuesta me surgió estas vacaciones; me compré una capturadora de video elgato HD60, porque después de jugar un poco con la capturadora de video de mi PS4, decidí que quería comenzar a grabar los platinos que me voy ganando en mis videojuegos. Nada más por puro gusto.

La capturadora funciona perfecto; el único problema que tiene es que sólo está soportada en Windows, y como comenté arriba únicamente mi máquina de escritorio tiene Windows. No tengo Windows en mi laptop (una Dell XPS 13 9350); no por fundamentalista, tiene únicamente 250 GB de disco duro y preferí no particionarlo para un sistema operativo que nunca utilizo.

Podría haber instalado Windows en mi laptop de nuevo, pero de verdad no quiero sacrificiar mi de por sí limitado disco duro. Así que hice otra cosa más interesante, y menos complicada que mover mi máquina de escritorio a mi sala, o mover mi PlayStation a mi escritorio.

Resulta que Windows 10 (al que tengo acceso gratis en su versión educativa en inglés y en español por ser profesor de la UNAM) puede instalarse en un disco duro externo en una modalidad conocida como Windows to Go, así que lo instalé en un disco duro externo de 1 TB que tenía sin utilizar. El proceso es un poco más complicado que instalar Windows 10 normalmente, pero no es nada del otro mundo.

Así que ahora, si quiero capturar el momento en que consigo un platino, lo único que debo hacer es poner el disco duro externo en mi laptop, reiniciar a Windows 10 con ella, y capturar el video. Jala algo lento, pero nada que no sea soportable.

Ahora, como mi promedio de platinos desde que comencé a jugar videojuegos en PlayStation es más o menos de 5 al año, no creo que mi uso de Windows aumente demasiado; pero al menos cuando lo haga será marginalmente más interesante.

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Mujer Maravilla

El día de su estreno fui a ver Wonder Woman, porque por supuesto que eso hice. No había escrito nada al respecto porque mi vida es complicada.

Se aplican las advertencias de spoilers habituales.

Wonder Woman

Wonder Woman

Probablemente ya todo mundo vio esta película, así que me ahorraré cualquier intento de hacer una sinopsis; más bien me concentraré en explicar por qué adoré esta película.

La primera razón es, por supuesto, Gal Gadot. La Mujer Maravilla que a mí me tocó como lector de cómics es la de Dick Giordano, que fue una modernización de la historia clásica del pervertido William Moulton Marston, donde Marvila es creada de arcilla y le es dada vida por deseo de los dioses. En la versión que Gal Gadot interpreta, Diana es realmente hija de Zeus, lo que la hace una diosa.

No tengo ningún problema con aceptar que Gal Gadot es una diosa.

Además de su innegable belleza y simpatía, la Gadot es además cálida; de verdad proyecta elegancia, cariño y fortaleza, todo al mismo tiempo. Es, por mucho, lo mejor de una película que tiene un montón de cosas buenas.

La segunda razón es, sorprendentemente, Chris Pine. El Capitán Kirk es excelente como Steve Trevor; y más importante que eso, es un buen compañero de la amazona, a pesar de ser un simple mortal. Que es la tercera cosa que me encantó de la película; es indiscutiblemente feminista, pero no de manera proselitista.

La historia está bien (aunque no entiendo la necesidad de irse a la Primera Guerra Mundial), los efectos son lo que uno esperaría, y tiene una música excelente, que complementa muy bien al que sea probablemente el mejor tema musical asociado a un superhéroe en toda la historia del mundo mundial. De verdad, cada vez que comienza ese guitarrazo dan ganas de entrarle a los madrazos con la princesa de Temiscira.

Y cómo da de madrazos la piernuda.

¿Es Wonder Woman la mejor película de superhéroes que se haya hecho? No estoy seguro; pero si no lo es, es por muy poco. Es extraordinaria.

Estoy más emocionado de lo que de por sí estaba por ver de nuevo a Marvila en la película de la Liga de la Justicia.

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El quinquenio

Los últimos días que la UNAM permanece abierta antes de vacaciones suelen ser medio caóticos, en particular por los pagos. Se paga la última quincena, la que cae dentro del periodo vacacional y además la prima vacacional. Se suelen pegar cartelitos en la Facultad donde explican qué días se van a pagar qué cosas y de qué manera, y como nunca los leo siempre termino haciéndolo mal.

Como sea, esta última vez fui a cobrar y en mi segundo cheque (el que cae dentro del periodo vacacional) vi que mi antigüedad había aumentado de 9 a 10 años.

En unas semanas cumpliré 19 años de que empecé a dar clases en la UNAM como ayudante de laboratorio; después me volví ayudante de clase y años después profesor de asignatura, para que hace un par de años me convirtiera en profesor de tiempo completo. Mi antigüedad efectiva es de 10 años porque no di clases de manera ininterrumpida; varios semestres (18 de los 38 que han transcurrido, al parecer) no di ninguna clase.

Por supuesto es padre descubrir que tengo 10 años de antigüedad; además eventualmente me darán una medalla, creo (en la UAM dan relojes). Si sí me la dan, no es nada especial; se la dan a todo el mundo que cumple diez años. Pero además de que me sube el sueldo un poco (cada año, de hecho), cada cinco años (a partir de los diez) se da el quinquenio, que es una lana extra nada más por celebrar el acontecimiento.

Tampoco es nada del otro mundo, pero cae muy bien, obviamente.

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¡Huye!

Hace mes y medio fui a ver Get Out, porque leí cosas maravillosas de ella.

No me arrepentí; se aplican las advertencias de spoilers de siempre.

Get Out

Get Out

Aunque al inicio esta película podría parecer una versión moderna de Guess Who’s Coming to Dinner, es realmente una extraordinaria película de terror donde no existe un único elemento supernatural (aunque sí algo de ciencia ficción).

La película funciona en gran medida por el elenco, encabezado por Daniel Kaluuya que da una actuación espectacular como el tranquilo, ligeramente friqueado y demoledoramente atractivo novio de la niña blanca interpretada por Allison Williams. Catherine Keener y Bradley Whitford son entrañables como los papás “liberales” de la niña blanca que lleva a su novio negro a un fin de semana; y Caleb Landry Jones es excelente como el pavoroso hermano. Además, Lil Rel Howery es extraordinario como el mejor alivio cómico que he visto en mucho tiempo; completamente natural, nada forzado, y sin ser ridículo o molesto en ningún momento.

Get Out es la primera película de terror que veo en años que no tenga elementos supernaturales o copiosas cantidades de sangre lanzadas a la pantalla con el objetivo de nausear a los espectadores. El terror viene de comprender el objetivo de los villanos, sus razones y la perversa sensación de que un plan de ese estilo podría totalmente funcionar.

La película está magistralmente dirigida por Jordan Peele, un negro (por supuesto) cuya fama viene de ser un comediante del cual yo únicamente había oído tangencialmente. Y aunque obviamente las tensiones raciales gringas juegan un papel importante en la película, no son lo más importante. Eso me gustó mucho en la misma; los gringos continúan pagando el haber nacido como nación con el imperdonable pecado de permitir e incluso fomentar (institucionalmente) la esclavitud basada en la idea de que los negros no son seres humanos o que son “menos” humanos (y lo continuarán pagando, mientras no lo resuelvan realmente); y en ese sentido fue hilarante como muchas reseñas que leí de la película mencionaban lo “sorprendente” de que los villanos no fueran racistas.

Y yo sólo podía botarme de la risa de la miopía de estos críticos que no pudieron entender que Peele por supuesto que pone a los villanos como racistas; nada más no racistas que odian o temen a los negros como los neonazis o el Ku-Klux-Klan, sino como gente blanca que se autodenomina liberal y que sinceramente se considera aliada de los negros “en su lucha”, pero que aún así son racistas. Es de hecho lo más fuerte que tiene la película, me parece.

La película es maravillosa, y no puedo recomendarla lo suficiente; dentro de poco estará disponible en VOD y yo expero que la vean, porque además me parece que Peele continuará haciendo cosas muy interesantes como director, y no me molestaría en lo más mínimo ver más películas con Kaluuya como protagonista.

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La fibra óptica

Hace unos tres años (meses más, meses menos), Telmex me llamó y de pura chiripa me encontró en mi departamento. Que si quería me podían poner fibra óptica, dijeron. OK, dije yo.

La serie de eventos que siguió es ligeramente bizarra y de las cosas que me ha tocado ver que ocurren en empresas como Telmex.

Primero no fueron a poner la fibra óptica cuando dijeron que irían. Luego de unos meses me volvieron a llamar, fueron, y resultó que no se podía poner fibra óptica porque el edificio de departamentos donde vivo no tiene fibra óptica… a lo cual yo hubiera sugerido que la pusieran como habían ofrecido, pero bueno. Esto se repitió un par de veces; me llamaban, decían que irían, iban, y decían que no podían poner la fibra óptica porque no había fibra óptica.

Debo aclarar que siempre que me llamaban para acordar la cita, yo les recordaba que ya habían intentado n veces y que no se podía poner porque no había, que me sigue pareciendo sumamente bizarro, pero bueno.

Total que una vez vino un chavo, estuvo dándose vueltas por todo el edificio, me dijo que tenía que volar el cable con la fibra óptica por el techo, a lo cual yo resignada y pacientemente dije OK. El chavo procedió a salir del departamento, del edificio y de mi vida, porque jamás volví a oír hablar de él.

Luego se volvió a repetir el primer procedimiento, donde vinieron a poner la fibra óptica y se fueron porque no había fibra óptica. Para este punto yo ya estaba seguro de que Telmex de alguna manera encontraba todo esto sumamente divertido.

Total que hace dos meses (literalmente años después de que me ofrecieran la fibra óptica), vino un chavo que de nuevo se estuvo dando de vueltas por todo el edificio, pero éste sí volvió y de hecho ya con el cable de fibra óptica. Después de hacer que el cable diera de vueltas por no sé qué tantos lados, ya sólo faltaba meterlo a mi departamento, para lo cual procedió a hacer un hoyo en mi pared con su taladro.

Y entonces comenzó a salir agua del hoyo, porque por supuesto le atinó (con precisión casi milimétrica) a la tubería principal del agua de mi departamento. Es en momentos de este estilo en mi vida que pienso que sí puede haber un dios, y que disfruta mucho gastando bromas pesadas.

Podría haber hecho que Telmex me pagara la compostura, supongo, pero preferí hacerme cargo yo para que quedara ese mismo día. El muchacho de Telmex terminó de poner la fibra óptica y yo fui por un plomero (que es de las ventajas de vivir cerca del metro Portales). El portero primero abrió tantito la pared para ver cómo estaba el daño (no sabíamos si el taladro había atravesado por completo el tubo).

El hoyo

El hoyo

Estas fotos me gustaron, porque muestran como el taladro le atinó al tubo mero en el centro, como si le hubiera apuntado.

El hoyo centrado

El hoyo centrado
Acercamiento del hoyo centrado

Acercamiento del hoyo centrado

El plomero estuvo unos cuarenta minutos tratando de hacer que el tubo se vaciara de agua, para poder soldarle un parche al mismo; pero fue sencillamente imposible. Al parecer está en un ángulo tal que el agua volvía siempre al punto donde quería soldar. Así que me informó que tenía que quitar todo un tramo del tubo para poder vaciar el mismo y hacer una soldadura más mejor.

Lo cual por supuesto resultó en que rompiera todavía más de mi pared.

Mi pared rota

Mi pared rota

Debo aquí hacer una pausa para recordar que tengo un doctorado en Ciencias de la Computación, lo cual me proporciona con exactamente cero de los conocimientos de albañilería necesarios para poder reparar ese hoyote; sin embargo me dije que no podía ser tan difícil, así que fui a una tienda de pintura cerca de mi casa y compré un kilo de cemento blanco. Con una tabla (protegida con una bolsa de basura) contuve el cemento, y usé algunas de mis pesas para mantenerla en su lugar.

La tabla contenedora

La tabla contenedora

Al final el peso del cemento empujo algo la tabla, como supuse pasaría, pero no quedó tan mal.

El resultado en crudo

El resultado en crudo

Medio raspé un poco el excedente de cemento:

Cemento raspado

Cemento raspado

Y al final nada más llené lo que faltaba y medio le di forma. La verdad, estoy bastante contento de cómo quedó; no es perfectamente plana, pero tampoco es como si hubiera quedado un escalón.

El resultado final

El resultado final

Aprovechando que me sobró cemento (tuve que comprar otro kilo porque el primero no alcanzó), me puse a resanar todos los pequeños agujeros y grietas que hay por todo el departamento, la mayor parte causada por clavos y taquetes que se han ido poniendo y quitando de sus paredes. También estoy bastante contento de cómo quedó; a menos que se lo haga notar a alguien, ni siquiera se nota.

Ahora debería pintar mi departamento, pero eso lo haré luego.

Ah, y la fibra óptica jala chido. No como para justificar el medio destruir una de mis paredes, pero bueno.

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